Los cristianos dedicarán el dinero de los árboles y los adornos a los orfanatos y hospitales

La Iglesia pide una Navidad sin luces en Irak, en solidaridad con los manifestantes muertos

La Iglesia pide una Navidad sin luces en Irak, en solidaridad con los manifestantes muertos
Las protestas son las más grandes y sangrientas desde la caída de Saddam Hussein en 2003. EP

Después de 430 manifestantes muertos, 20.000 heridos y dos meses de protestas, «no está el ambiente para festejos». Por eso, el patriarca caldeo de Irak, el cardenal Louis Raphael Sako, ha pedido a las parroquias y a todos los cristianos que este año prescindan de adornar los edificios y las calles con árboles, luces y adornos navideños. La medida es una muestra de respeto a la crisis que vive el país y a todas las personas que han perdido la vida o han sufrido diversos daños dentro de la oleada de manifestaciones contra el Gobierno.

La Navidad «no es solo para los cristianos, sino para todo el pueblo»; porque Jesús viene «para todos» y «esta verdad debemos afirmarla» sobre todo mostrando cercanía «a los suníes, a los chiíes, a la gente muerta: no podemos ser indiferentes», ha aseverado el purpurado iraquí.

Es deber de los cristianos –ha afirmado su principal líder en el país– «leer los signos de los tiempos» para «vivir en el contexto de nuestra gente». Y, en esta lectura, han visto la necesidad de relanzar el compromiso con «la fraternidad, la colaboración, la paz y la vida, sin miedo, como tantas veces nos exhortó Jesús». El Patriarcado caldeo ha sido el primero en dar ejemplo, al cancelar las habituales recepciones a dignatarios políticos y religiosos que acoge su sede en los días de Navidad.

Al tiempo, el cardenal Sako ha pedido que el dinero donado para financiar estos adornos y las fiestas en torno a la Navidad se destine a sostener los orfanatos y los hospitales donde se atiende a los heridos. «Con este gesto –ha explicado– queremos testimoniar nuestro sufrimiento, nuestra tristeza».

La apuesta de la Iglesia por la sobriedad en el marco de un movimiento de protesta en el que también participan muchos cristianos «ha sido acogida favorablemente por los iraquíes –ha asegurado el patriarca caldeo–. Muchos nos han escrito, también desde las plazas [donde están acampados, ndr.], para agradecer nuestra cercanía».

Las distintas Iglesias cristianas del país han sido claras en su apoyo a los manifestantes. Una implicación que también han llevado a la comunidad internacional. El martes 3 de diciembre de 2019, por ejemplo, el arzobispo caldeo de Erbil, Bashar Warda, ha hablado sobre esta cuestión en una reunión del Consejo de Seguridad de la ONU sobre la misión de esta entidad en Irak.

En su discurso, Warda ha subrayado que las manifestaciones «demuestran el rechazo de la mayoría del pueblo hacia la estructura y el gobierno del país posterior a 2003». En especial, a una Constitución basada en la identidad religiosa, que «ha dividido Irak y ha evitado que se convierta en un país unificado y que funciona», además de favorecer la corrupción y el desánimo.

El arzobispo de Erbil ha elogiado la actitud pacífica de los manifestantes, «a pesar de que ha habido casos diarios de violencia extrema contra ellos por parte de milicias». Ha explicado además que los cristianos y otras minorías han sido bien acogidos en el movimiento de protesta, en un gesto que «demuestra la verdadera riqueza» de la historia del país; una «apertura de reconciliación» que alimenta «una esperanza real de cambios positivos» y de que el nuevo Gobierno, cuando se forme, tenga una actitud «mucho más positiva hacia un Irak genuinamente multirreligioso con una ciudadanía plena para todos y que ponga fin a la enfermedad sectaria».

Si esto no ocurre, Irak correrá el riesgo de «convertirse en una región permanentemente sin ley, abierta a guerras por poderes», en las que distintos países se enfrenten unos a otros en suelo iraquí por medio de agentes interpuestos. Como consecuencia –ha advertido el prelado caldeo–, millones de iraquíes, sobre todo «muchos cristianos y yazidíes», huirían; no ya al Kurdistán iraquí, como tras la irrupción del Estado Islámico en 2014, sino fuera del país.

La comunidad internacional –ha apuntado Warda— no debe permanecer indiferente a esta encrucijada. Tampoco puede «quedarse satisfecha con falsos cambios de liderazgo» que no impliquen una modificación real de la estructura política del país, ha dicho, aludiendo indirectamente a la dimisión del primer ministro Adel Abdel Mahdi.

Para ello, se debe promover la celebración de nuevas elecciones lo antes posible, unos comicios que estén «completamente monitorizados por Naciones Unidas» y por todos los grandes partidos del país. Otra condición indispensable es que termine el bloqueo informativo para que los medios tanto iraquíes como internacionales puedan informar con libertad.

Las protestas continúan en Bagdad y otras ciudades del país. Y nada indica que un cambio de gobierno vaya a bastar para aplacarlas.

El detonante de las protestas fue la remoción, a finales de septiembre, del popular jefe de las fuerzas antiterroristas del país, el general Abdul Wahab al Saadi.

La decisión encendió las redes sociales, pues para muchos iraquíes el héroe nacional perdió su trabajo debido a sus esfuerzos para luchar contra la corrupción y la clase política.

Este hecho derivó en llamamientos a manifestarse el 1 de octubre en contra de la corrupción, el desempleo, los malos servicios públicos y la intervención extranjera en Irak.

Ese día, cuando los manifestantes que se congregaron en la céntrica plaza de Bagdad que se conoce como Tahrir intentaron atravesar el puente que lleva a la llamada «zona verde» (que alberga a las instituciones de gobierno), las fuerzas de seguridad abrieron fuego. La respuesta de las autoridades atizó el descontento popular y las protestas se extendieron por las provincias del centro y sur del país.

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