Se trata del tercer caso que se conoce en los últimos meses en la diócesis de Orense

El obispo aparta a un cura investigado por abusos pero defiende su ‘buena fama’

El obispo aparta a un cura investigado por abusos pero defiende su 'buena fama'
El obispo de Orense, Leonardo Lemos. EP

Un nuevo caso de pederastia en el seno de la Iglesia. Por tercera vez desde marzo de 2019, el Obispado de Orense ha tenido que apartar del ejercicio sacerdotal a un sacerdote tras ser denunciado por abusos a un menor. Así lo ha comunicado la institución un día después de que la prensa local hiciese público que el Juzgado de Ribadavia quiere sentar en el banquillo a un cura con destino en varias parroquias del municipio de Avión, por considerar que existen indicios de que pudo incurrir en un delito de abusos sexual hacia un niño de 10 años al que formaba para recibir la primera comunión.

En el comunicado de la diócesis se indica que en el año 2017, cuando se interpuso la denuncia, se apartó «cautelarmente del ejercicio público del ministerio pastoral a este sacerdote y se inició el proceso de investigación canónica». El Obispado explica que ese proceso concluyó «sin que apareciesen indicios sólidos en su contra», por lo que teniendo en cuenta además, «el apoyo y la solicitud de los fieles por el sacerdote», se le reintegró de nuevo a su labor pastoral, si bien «con ciertas restricciones y continuando la colaboración con la acción de la justicia respecto al procedimiento judicial».

A la vista de que el resultado de las instrucción judicial ha sido otro –el auto del juzgado de Ribadavia considera que sí pudo haber delito de abusos sexuales y pide que la causa penal en su contra continúe– el obispo de Orense, Leonardo Lemos, se habría puesto en contacto otra vez con el investigado, «acordando de nuevo apartarlo de forma cautelar del ejercicio». Lo hace, señala, «con el fin de evitar el escándalo, defender la libertad de los testigos y garantizar el curso de la justicia mientras el procedimiento no concluya».

Deja claro, eso sí, que en su opinión «esta investigación no debe poner en peligro la buena fama de este sacerdote» y reitera el derecho que le asiste «a la presunción de inocencia», lamentando «el posible daño causado a la víctima y a su familia».

Los hechos por los que se investiga al cura, de 47 años, ocurrieron supuestamente en el verano del año 2006, cuando se le encomendó formar a un niño de diez años para recibir el sacramento. El sacerdote habría excluido al menor del grupo de chicos en su misma situación y le habría dado clases en su casa, donde lo habría sometido a «tocamientos en el muslo, diciéndole que tenía una pierna bonita, o de forma también lasciva en los hombros, […] o llegando a recibirlo en ropa interior, acariciándolo primero en la pierna y luego en los genitales». El menor nunca contó lo ocurrido hasta diez años después, cuando se sinceró con sus tíos y se puso la denuncia. El cura ha recurrido el auto de apertura de juicio oral.

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