Francisco lamenta el ascenso del populismo y el cierre de fronteras

El Papa coloca al presidente Donald Trump a la altura del malvado rey Herodes

El Papa coloca al presidente Donald Trump a la altura del malvado rey Herodes
El papa Francisco recibe a Donald Trump en el Vaticano. EP

El papa Francisco ha enviado un mensaje directo al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y lo ha colocado a la altura del rey Herodes. Herodes El Grande aparece en el Nuevo Testamento como el gobernante de Judea que ordenó la matanza de niños inocentes en la época del nacimiento de Jesús. En el relato, Herodes es el arquetipo de quienes no dudan en sacrificar a los indefensos a costa de sus intereses.

«Debo reconocer que ciertas narrativas sobre las fronteras que escucho en Europa me escandalizan. El populismo está tomando fuerza. Por otra parte, hay muros que separan incluso a los hijos de sus padres. Me viene a la mente Herodes», dijo el Pontífice argentino durante un encuentro con jesuitas en su reciente viaje a Tailandia y cuya transcripción publica la revista de la Compañía de Jesús, La Civiltà Cattolica (La Civilización Católica). Y sobre este tema añadió que «para la droga, en cambio, no hay muros que resistan».

No es muy difícil reconocer la referencia, porque sólo hay un líder que aparezca de continuo en los medios de comunicación como el responsable de una política de control de fronteras «que separa a los hijos de los padres». Es, por lo demás, una de las personales ‘bestias negras’ de Bergoglio, de quien dijo en su día que no era cristiano: Donald Trump, presidente de Estados Unidos.

Por supuesto, es una caricatura de las muchas que venden los grandes medios, no tanto porque la política de deportaciones de Trump no produzca casos de separación de padres e hijos cuanto porque es en este resultado idéntica a la de su antecesor, Barak Obama, a quien nadie –empezando por el papa Francisco— acusa de semejante ‘crimen’.

El Pontífice argentino no es solo Vicario de Cristo, sino también jefe de un Estado reconocido en el concierto internacional. En este sentido, comparar al mandatario del país más poderoso del mundo con el ‘malvado’ por excelencia del relato navideño parece de una torpeza insólita.

Es un juicio espantoso para venir de un Papa, comparar con el rey que quiso matar a Jesús, y en el proceso masacró a la población infantil de Belén, al líder democráticamente electo de un país con abundancia de católicos que aportan, dicho sea de paso, desproporcionadamente a los gastos del Vaticano.

Y, sobre todo, un juicio moral tan inusitadamente duro hacia Trump contrasta con la resuelta negativa a condenar regímenes y líderes bastante más opresivos, arbitrarios y represivos que el americano, como el chino, el venezolano, el cubano o el nicaragüense, por no hablar de los fundamentalismos islámicos de los que nunca ha dicho una mala palabra.

Tras despacharse agusto contra el presidente de Estados Unidos, Francisco siguió reflexionando sobre que «siempre ha habido refugiados en el mundo», pero señaló que «hoy en día el fenómeno es más conocido debido a las diferencias sociales, al hambre, a las tensiones sociales y, sobre todo, a la guerra y por este motivo, los movimientos migratorios se intensifican».

Sin inmutarse, el Papa denunció que la respuesta que da el mundo a ello sea «la política del descarte». «Los refugiados son material de descarte. El Mediterráneo se ha transformado en un cementerio. La impresionante crueldad de algunos centros de detención en Libia me toca el corazón», aseveró.

El Pontífice argentino también criticó que exista una «filosofía de la defensa, que hace creer que solamente con el miedo y reforzando las fronteras es posible defenderse».

«Recordemos la importancia de dar acogida al extranjero, como nos enseña el Antiguo Testamento. Pero también tantas pequeñas costumbres populares de acogida, como la de dejar una silla vacía en un día de fiesta por si golpea la puerta un huésped inesperado», apuntó.

Respondiendo a una pregunta sobre la crisis climática, Bergoglio valoró los esfuerzos de la Cumbre del Clima, pero lamentó que «después empezaron los conflictos, los compromisos entre lo planteado en París y el bolsillo de algunos países. Y así, algunos se fueron retirando».

Aunque consideró que «hoy la gente es mucho más consciente que antes respecto del cuidado de la casa común y de la importancia que esto tiene» y entre ellos citó a los jóvenes.

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