Según fuentes romanas, la fiel de origen oriental exhortó al papa por los perseguidos de la Iglesia china

El Papa Francisco tiene que pedir perdón por golpear a la mujer que le agarró bruscamente

El Papa Francisco tiene que pedir perdón por golpear a la mujer que le agarró bruscamente
El papa Francisco con cara de enfado. EP

El papa Francisco se ha disculpado este miércoles –1 de enero de 2020– antes de la tradicional oración del Ángelus por haber «perdido la paciencia» el día anterior cuando una fiel lo forzó a darle la mano y él le dio dos manotazos y se alejó con rostro claramente malhumorado. «Tantas veces perdemos la paciencia. A mí también me ocurre. Me disculpo por el mal ejemplo dado ayer», ha dicho el pontífice argentino desde una ventana del palacio apostólico de la plaza de San Pedro del Vaticano. El incidente ocurrió cuando el Papa, visiblemente molesto, reprendió a una mujer que lo agarró bruscamente del brazo y lo atrajo hacia sí mientras él saludaba a los fieles en su visita a la plaza de San Pedro tras oficiar la última misa del año.

La mujer, de rasgos asiáticos, se encontraba junto al resto de fieles tras las barreras de seguridad de la plaza y cuando Francisco pasó a su lado, le agarró la mano y lo atrajo repentinamente hacia ella. El Papa trató inmediatamente de zafarse de la mujer y, tras lograrlo, le golpeó la mano en señal de reprimenda, visiblemente irritado, mientras sus agentes de seguridad se acercaban para ayudarle, aunque no tuvieron que intervenir. Cuando se produjo el incidente, Bergoglio acababa de llegar a la plaza de San Pedro del Vaticano para visitar el árbol y el Portal de Belén instalados durante el periodo navideño. El vídeo del incidente ha dado la vuelta al mundo.

Según los expertos en protocolo, los chinos rehúyen el contacto físico. En las escuelas de negocios internacionales también se enseña que las culturas tienen sus propios códigos en lo que se refiere a la ‘invasión del espacio personal’, y así se advierte que los mediterráneos se aproximan más a sus interlocutores, tocándoles con frecuencia, mientras que otros pueblos guardan distancia física y evitan cuidadosamente el contacto. Quizás la más ‘despegada’ en este sentido sea la cultura oriental.

Por eso resulta doblemente curioso que la mujer no solo acaparara con algo cercano a la violencia el brazo papal, sino que fuera evidentemente oriental, donde esa actitud es especialmente inusual y reprochable.

Según rumores que corren por Roma, la mujer sería, en efecto, china, y la causa de su vehemencia sería suplicar al pontífice argentino que ayudara al clero y a los fieles chinos perseguidos por el gobierno comunista de Xi Jinping.

Pero el papa Francisco, empeñado en un acuerdo con Pekín que permitiría a la Santa Sede mantener relaciones diplomáticas, concretado en un pacto secreto, ha demostrado –la última vez, en la rueda de prensa en vuelo, cuando le preguntaron por la represión de las marchas en Hong Kong– su férrea voluntad de no indisponerse con el régimen chino, a pesar de que este no ha hecho otra cosa que aumentar la persecución y el acoso contra los fieles de la ‘Iglesia de las catacumbas’.

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