El novio de la muerte, un tema que muchos creen erróneamente que es el himno de la Legión, tiene su origen en un cuplé de los años 20, inspirado en un militar fallecido en combate en la Guerra del Rif (Marruecos) al que apodaban ‘el poeta’, el cabo Baltasar Queija de la Vega.
Y este Jueves Santo, como todos los años, se abrieron las puertas de Santo Domingo, en Málaga, y las escuadras de gastadores de La Legión comenzaron el tradicional traslado del Santísimo Cristo de la Buena Muerte a los sones de su himno, ‘El Novio de la Muerte’.
Este es el estremecedor momento.
Un gran número de personas se congregó en el puerto de Málaga y en las vías adyacentes para presenciar el desembarco de la Legión del buque anfibio Galicia a las 10 de la mañana.
Con un paso firme y marcial, los legionarios formaron y comenzaron a cantar El novio de la muerte, un himno que, aunque no es oficial, resuena con fuerza en momentos como este.
Al llegar a la plaza Fray Alonso de Santo Tomás, aguardaban la llegada del Cristo de la Buena Muerte y Ánimas, conocido como Cristo de Mena, para llevarlo a hombros desde la iglesia de Santo Domingo hasta la casa hermandad.
Esta emotiva escena se repite cada Jueves Santo desde 1930. Aproximadamente 200 legionarios, acompañados por una compañía de honores, banda de guerra, unidad musical, escuadras de gastadores y guiones, escoltan al crucificado, obra del escultor Francisco Palma Burgos. En esta ocasión, la compañía mixta provenía de la Brigada Rey Alfonso XIII II de la Legión, con base en Viator (Almería) y bajo el mando del capitán Pedro Juárez Montoya. Esta unidad incluye miembros de la Bandera del Cuartel General, Zapadores, Grupo de Artillería y Logístico. Los tambores resonaban con fuerza mientras repetían su marcha una y otra vez.
El himno El novio de la muerte surgió como un cuplé en 1921, lejos de ser un himno legionario. Fue compuesto por Fidel Prado, con letra de Juan Costa, inspirado en la figura del cabo andaluz Baltasar Queija de la Vega, conocido como el poeta. Tras perder a su novia, él anhelaba morir en combate para reunirse con ella. Cayó el 7 de enero de 1921 cerca de Tetuán (Marruecos) durante la Guerra del Rif. En su bolsillo encontraron versos conmovedores que han sido inmortalizados en esta canción.
Su estreno tuvo lugar en el teatro Vital Aza de Málaga en julio de 1921, interpretado por Lola Montes (Mercedes Fernández). Entre los asistentes se encontraba la duquesa de la Victoria, sobrina del general Espartero, quien animó a Lola a llevarlo a Melilla. Allí se presentó los días 30 y 31 del mismo mes, poco después del Desastre de Annual. Fue entonces cuando José Millán-Astray, fundador de la Legión, escuchó esta melodía y solicitó su adaptación como marcha militar. En 1952, se convirtió en procesional gracias a la banda del Tercio para ser parte integral de la Semana Santa malagueña.
La expectación entre el público es palpable. Miles se agrupan, cantando junto a los legionarios y brindando aplausos fervientes. Se ha convertido en un clásico que entrelaza devoción y tradición militar. La Congregación de Mena lo ha adoptado como emblema distintivo para su titular.
Algunas curiosidades sobre esta historia son dignas de mención:
- Es común pensar que El novio de la muerte es el himno oficial de la Legión, pero el verdadero himno es El legionario, creado por Juan Costa Casals en 1921.
- La artista Lola Montes actuó en Melilla solo cinco días después del desembarco legionario tras el Annual, cuando todo era incertidumbre.
- Los versos que dejó escrito Queija rezaban: «Nadie en el Tercio se llame / mi nombre en su compañía; / que mi nombre se lo lleve / el viento de esta llanura».
- La creación de la Legión, impulsada por Millán-Astray en 1920, comenzó como Tercio de Extranjeros para combatir en tierras marroquíes.
- Este año, el traslado comenzó a las 12:00 horas, con un relevo ceremonial ante los guiones que representan todos los tercios históricos.
La aportación más significativa proviene precisamente de la Brigada Rey Alfonso XIII, que reúne efectivos como Bandera del Cuartel General II y los tercios Don Juan de Austria (3º) y Alejandro Farnesio (4º), además de grupos dedicados a caballería, artillería y logística. Todo ello contribuye a crear un momento verdaderamente emocionante que estremece a todos los presentes en las calles malagueñas.
La unión entre fe y legado legionario sigue impactando año tras año en las calles andaluzas.