"Lo importante es que la ayuda llegue"

«No se me van de la cabeza las miradas de los niños»

José Miguel de Haro, presidente de la ONG Acoger y Compartir

Todos estos días tengo fijados los cantos y sobre todo las miradas de los niños llenas de gratitud y de alegría por la inauguración

«Lo que ha ocurrido en Haití no es un desastre natural sino la expresión de la injusticia y el olvido al que ha estado sometido un pueblo que vive sólo a una hora de Miami». La afirmación de José Miguel de Haro, presidente de la ONG Acoger y compartir, puede resultar dura para quien hasta el terremoto nunca había pensado en el drama de la vida en este país. Pero en el misionero no hay resentimiento: por el tono en el que las pronuncia, estas palabras son sólo una forma de sacudir las conciencias para poner freno a la tragedia, según cuenta Belén Rico en Granada Hoy.

Él lleva años trabajando para que el día a día de Haití fuera un poco más fácil. Estaba fuera del país cuando la tierra se retorció formando olas mortales pero el seísmo podía haberle pillado allí, como a los casi 300 niños que murieron sepultados en la escuela que había estado inaugurando hacía sólo un mes.

En concreto, el día 13 de diciembre el sacerdote veía hecho realidad un proyecto por el que llevaba mucho tiempo luchando: la ONG que preside inauguraba la escuela parroquial San Gerardo que permitía escolarizar a 1.200 menores de la capital del país centroamericano. Y, esa misma tarde, una casa de acogida para niños sin familia que sería el hogar de 34 pequeños de Leogán, a sólo 50 kilómetros.

Entonces, cuando todo era felicidad, nadie podía imaginarse que un mes después la escuela sería la tumba de las 300 personas que se encontraban en ese momento en el edificio -De Haro cree que sólo ocho de ellos eran profesores nativos, el resto menores de una edad aún sin precisar- y al menos un niño de la casa de acogida, aunque las noticias que llegan de Leogán son todavía muy escasas.

«No se me van de la cabeza. Todos estos días tengo fijados los cantos y sobre todo las miradas de los niños llenas de gratitud y de alegría por la inauguración«. Reconoce De Haro, quien cierra la puerta rápidamente al sentimentalismo para pensar en la ayuda inmediata y en la reconstrucción a largo plazo. «Hay que hacer enlaces a través de Cruz Roja o de Iberia para que a nuestra gente allí le llegue comida. Ahora es fundamental la ayuda de emergencia: alimentos, agua, medicinas… Pero también hay que pensar más allá. En reconstruir la escuela y la casa de acogida para que un grupo de familias tengan trabajo durante un tiempo y para los niños que han quedado vivos».

Tan sensibilizado ha estado siempre José Miguel de Haro con la pobreza de los haitianos que en una pasada reunión de la congregación internacional de los hermanos redentoristas se emocionó hasta la lágrima, según comentaba ayer Miguel Fernández, otro padre de la orden que ahora se encuentra en la Parroquia del Perpetuo Socorro en Granada -donde también pasó sus días José Miguel de Haro en la etapa en la que fundó Acoger y Compartir-. Y eso que De Haro, como Miguel Fernández y otros muchos misioneros curtidos como los médicos por años de dramas humanos, suelen mantener una distancia o una fortaleza imprescindible para que poder hacer su duro trabajo.

Pero los más jóvenes, los estudiantes que estaban en los edificios dedicados a la formación de nuevos redentoristas, serán evacuados en cuanto se pueda para evitar lo que De Haro denomina «fijación del trauma«. «Hay que sacarlos de ahí lo antes posible porque han visto mucha desolación».

Y, además, ellos mismos han visto la muerte demasiado cerca. «Tres iban a entrar en la escuela parroquial para hacer las fichas de los alumnos cuando se dieron cuenta de que no les funcionaba la cámara y se volvieron a por las pilas. Como toda la gente que se ha salvado, tienen una historia muy especial aunque no se puede hablar de un ángel de la guarda, porque quedarían sin explicación las otras muertes. Es sólo la autonomía de las leyes de la naturaleza», reflexiona.

Sin lugar para las dudas, lo importante es conseguir la ayuda para los supervivientes, recaudar fondos, atender a los medios de comunicación para explicar la situación en Puerto Príncipe… Una situación que pide que no se vincule a la violencia. «Nosotros, como otras ONG, seguro que podemos distribuir la ayuda a los grupos con los que hemos estado en contacto. Lo importante es que la ayuda llegue».

 

Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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