Son los sacerdotes que trabajan en más de 900 barrios de viviendas y servicios precarios

Los «curas villeros» piden saldar la deuda social en Buenos Aires

Desde la crisis de 2001, la población aumentó en las otrora llamadas "villas miseria"

Los "curas villeros" piden saldar la deuda social en Buenos Aires
Misa en la Capilla Cristo Obrero, de Retiro, Buenos Aires.

Los sacerdotes de la Ciudad de Buenos Aires que trabajan en villas de emergencia, donde argentinos e inmigrantes de países vecinos conviven en casas precarias, en `gran parte sin los servicios básicos, pidieron una celebraciòn distinta del bicentenario. Se alejan así del sentido triunfalista que el gobierno del matrimonio Kirchner le ha impuesto a la recordación.
Distribuyeron a la prensa un documento luego de la misa celebrada en la capilla Cristo Obrero, de la Villa de Retiro, que alberga a unas 30.000 personas en un predio de 200 hectáreas dentro de la zona más lujosa de Buenos Aires.
Lo que sigue es la nota escrita por Silvina Premat para eldiario La Nación, de Buenos aires.

Para celebrar el Bicentenario, los curas que viven en las villas de emergencia porteñas proponen dedicar los próximos seis años a un trabajo de integración de esas barriadas al resto de la ciudad de Buenos Aires.

En un documento, el tercero de ese equipo en los últimos tres años, que dieron a conocer ayer en la villa 31 de Retiro, antes de celebrar una misa por los 36 años del asesinato del padre Carlos Mugica, los sacerdotes del Equipo para las Villas de Emergencia afirman que el Bicentenario es una «gran oportunidad» para «pagar la deuda social» en los barrios más pobres de la ciudad de Buenos Aires.

En sintonía con lo propuesto por el Episcopado hace dos años, los curas de las villas conciben que la celebración de la independencia del país se extiende hasta 2016. «[Este tiempo] nos da la posibilidad de escucharnos y, a través del diálogo, buscar consensos que nos permitan realizar acciones concretas, que ayuden a integrar las villas a la ciudad de Buenos Aires», afirman.

El padre José María «Pepe» Di Paola, párroco de la Virgen de los Milagros de Caacupé, de la villa 21-24 de Barracas y vicario episcopal para las Villas de Emergencia, presentó a la prensa el documento «Celebrar el bicentenario en la ciudad de Buenos Aires (2010-2016)» junto con los sacerdotes Gustavo Carrara, de la villa 1-11-14, del Bajo Flores, y Guillermo Torre, de la 31, de Retiro. Después de la misa -que concelebraron con otros 16 sacerdotes de villas porteñas y bonaerenses- se presentaron las murgas del Bajo Flores y de Barracas, en un festival que ya es tradicional para recordar a Carlos Mugica.

«Humildemente queremos seguir tus pasos como lo hicieron ustedes, en grupo», dijo Di Paola en una oración que dirigió al padre Mugica y a los demás curas que vivieron y trabajaron en las villas en los años 60 y dieron «una especie de puntapié inicial» de la presencia de la Iglesia allí. Como ellos, «no somos un sacerdote desperdigado en una villa, sino que somos un grupo, una comunidad de sacerdotes», dijo Di Paola.

Del diálogo entre la veintena de curas que integran ese grupo surgió el documento sobre el bicentenario, que es, según el padre Pepe, «una mirada que se suma a la de tantos argentinos que quieren tomar esta fecha de una manera especial» y que «ojalá pueda enriquecer la reflexión de la vida espiritual de todos los argentinos».

¿Qué tipo de festejo es el que proponen los sacerdotes? «Levantar una losa entre los vecinos es festivo porque esa familia vivirá mejor. Se puede celebrar trabajando», responde Carrara.

En el texto -que puede consultarse completo en www.aica.org – los sacerdotes piden que se escuche a los villeros a la «hora de trazar políticas de Estado en estos barrios» porque esos vecinos «no sólo dan que pensar, sino que piensan; no sólo despiertan sentimientos, sino que sienten». Esa «escucha ciertamente ayudará a bajar los niveles de enojo y de violencia que a veces vemos en los barrios», afirman los sacerdotes.

Invitan a «caminar» esos barrios reconociendo a sus habitantes como «sujetos de derecho» y sin prejuzgarlos porque «no pagan impuestos ni todos los servicios», privilegiando «el potencial lucrativo de la tierra por sobre el derecho a la vivienda de los más pobres».

Afirman también que «son necesarios más allá de las diferencias políticas, el diálogo, el consenso y las acciones comunes entre el gobierno nacional y el gobierno de la ciudad de Buenos Aires sobre temas que hacen a la promoción y al cuidado de los más pobres que viven en las villas de la ciudad».

Al referirse a los sucesos de 1800, los curas buscaron «traer a la memoria las cosas ocultas, descuidadas y dispersas». Entre estos hechos que no se han perdido sino que están ocultos sugieren que no se centre la atención en una «minoría ilustrada» que deja «afuera el grueso de la población que en aquella época se llamaba el bajo pueblo».

Ese mismo nombre, plantean, puede ser asignado hoy a las periferias de la ciudad.

«Y nosotros creemos firmemente que está llamado a tener un rol protagónico en la celebración del Bicentenario», afirmaron.

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