El poeta argentino fue íntimo amigo de J. L. Borges y de Pablo Neruda

Roberto Alifano: «El Papa Francisco tiene la sabiduría de Borges»

Lamenta que "en el mundo de hoy escasean los genios"

Diez días después de la muerte de Neruda me metieron preso, por el mero hecho de haber hablado en su entierro

(Jesús Bastante)- Roberto Alifano es poeta, periodista y escritor argentino. Conoce al Papa Francisco, fue discípulo, amigo, y en cierto modo continuador de Jorge Luis Borges, y mantuvo también una relación muy cercana con Pablo Neruda.

Cuenta que Neruda murió «porque, cuando se produjo el golpe militar de Pinochet, le interrumpieron el tratamiento contra el cáncer de próstata que tenía», y recuerda que, diez días después de la muerte del poeta, «me metieron preso, por el mero hecho de haber hablado en su entierro».

Considera que su relación con Borges «es un don que le debo a la vida», y opina que el Papa Bergoglio tiene la sabiduría del escritor argentino.

Tras narrarnos otros episodios junto a personajes como Fellini o Buñuel, confiesa que haber conocido a Borges es para él «como haber conocido a Dante, a Petrarca, a Shakespeare o a Quevedo». Y lamenta que en el mundo de hoy «escasean genios como ésos».

¿Hasta qué punto viviste cerca de estas dos celebridades?

Me tocó hablar en un momento muy dramático, que fue cuando falleció Pablo Neruda, después del golpe militar de Pinochet. Yo era corresponsal del diario La Opinión, de Buenos Aires, y tenía mucho contacto con Neruda. Lo iba a visitar todos los fines de semana. Murió en circunstancias terribles, pobre Neruda…

Circunstancias que no conocen del todo públicamente

Ya exhumaron sus restos, pero no está del todo claro. Yo creo que la muerte de Neruda se produjo porque le interrumpieron su tratamiento, un tratamiento médico severo que tomaba porque tenía un cáncer de próstata con alguna metástasis. En esa época no existía la quimioterapia, pero tal vez podría haber vivido tres o cuatro años más. Ya le habían operado en París, y le aplicaban rayos, que era el tratamiento que existía en ese momento. Pero cuando se produjo el golpe militar, le interrumpieron el tratamiento, y eso hizo que se agravara su enfermedad y se acelerara el proceso del cáncer que tenía. Tuvieron que llevarle a Santiago, y murió a los dos días. Eso que dicen de que le pusieron una inyección no es cierto, porque Neruda estaba ya sentenciado a muerte.

Ya hace 40 años del golpe militar…

Sí, cuánto tiempo, caramba… Yo vi sacar el cadáver de Allende de La Moneda.

¿Estuviste preso?

Sí. Lo pasé bastante mal. El hecho de ser argentino, español o mexicano ya era bastante sospechoso para la gente de Pinochet. Yo no tenía nada que ver ni con el Partido Comunista ni con el socialismo. Era un simple periodista. Pero diez días después de la muerte de Neruda me metieron preso. Por el mero hecho de haber hablado en el entierro de Neruda.

¿Qué dijiste en el entierro?

No recuerdo exactamente. Fue una despedida en nombre de los poetas y escritores hispanoamericanos. Me lo pidieron Matilde (su esposa) y el director de la Academia de las Letras de Chile. Fueron unas palabras más, como las de otras tres o cuatro personas más que hablaron. Pero eso salió en la tapa del Mercurio, y al día siguiente casi me fusilan. Salvé milagrosamente mi vida. Soy un superviviente.

 

 

¿Y Borges? ¿Era un personaje complejo?

No, para nada. Borges era una persona encantadora: un gran conversador, un hombre divertido, que no tenía lugares comunes, con un gran sentido del humor… Yo tengo un libro que se llama «El humor de Borges» en el que cuento todas nuestras anécdotas cómicas. Mi relación con Borges es un don que le debo a la vida. Borges era formidable. Siempre le daba un giro a las palabras, utilizando un poco la técnica de Oscar Wilde, ese humor inglés, esa ironía.
Una vez nos invitaron a almorzar y, al ir a lavarnos las manos, no salía agua del grifo, tan sólo gotas. Entonces le pregunté: «¿Qué pasa, Borges, no sale agua?». Y al girarse me contestó: «Sí, pero con escrúpulos».

Otro día, estando aquí en Madrid, teníamos que ir a un lugar y nos perdimos. Se suponía que yo era «el guía», así que me dijo de pronto: «Lo felicito, Alifano: usted tiene un perfecto sentido de la desorientación».

Borges fue un genio literario. No tengo dudas en afirmar que fue el escritor más importante del siglo XX. Y el escritor más literario, quizá, de toda la historia de la literatura. El único escritor en el que se justifica la obra completa. Porque si tú agarras la obra completa de un escritor, vas a encontrar que tiene altibajos, historias mejores y otras de menos calidad… En cambio, en Borges está todo escrito en un mismo registro.

En realidad no es un escritor complejo para nada, lo que pasa que él jugaba con esa erudición. Y ante todo es un gran humorista. En sus milongas, por ejemplo, el humor se da de manera rasante.

Tú que también conoces a Bergoglio, ¿crees que tiene algo de «borgiano»?

Creo que tiene la sabiduría de Borges. Él ha confesado que es un devoto lector de Borges, y como profesor de Literatura, siempre ha mandado leer a Borges en sus clases. A Bergoglio le gusta mucho la poesía, él mismo también ha escrito poesía, y además es un devoto del tango. Pronto le van a ir a visitar unos amigos míos del Instituto Gardeliano, y le van a llevar la colección completa de las obras de Gardel.

 

 

¿Crees que es un Papa querido?

Por supuesto, y además creo que es una gran revolución para la Iglesia.

¿Realmente es lo que parece?

Es cierto que mientras fue arzobispo de Buenos Aires la imagen que daba era más adusta, y que ahora parece más alegre e incluso más joven. El amigo que le va a ir a ver ahora (el director del Instituto Gardeliano), es muy buen escritor y mejor persona. Él hacía un programa en el canal del episcopado, un programa muy lindo e interesante que salía dos veces por semana. Él no tenía amistad con Bergoglio, pero un día se lo encontró en el metro. Bergoglio iba leyendo, y mi amigo se acercó a saludarlo. Bergoglio levantó la cabeza, le reconoció, le saludó y siguió leyendo, y mi amigo se quedó muy dolido porque siguiera nomás con su lectura.

Más tarde se volvieron a encontrar, en una fiesta de fin de año del canal del episcopado, y le dijo que se había quedado muy dolido por el encuentro del subte. Entonces Bergoglio le explicó que él aprovechaba esos minutos para leer las cosas que le gustan y que realmente necesita leer, porque una vez que llegaba su despacho ya le volvían loco con cosas que hacer. Y es que Bergoglio viajaba en el metro precisamente para poder estar tranquilo 15 o 20 minutos, y tener ese tiempo para leer. A veces, incluso intencionalmente se pasaba de la estación para seguir leyendo.

¿Puedes imaginarte a cualquier cardenal europeo viajando en metro?

Para nada. En cambio, Bergoglio sigue viviendo en Santa Marta. Y su departamento en Buenos Aires lo compartía con otro sacerdote.
Es una persona extraordinaria en todos los sentidos. Y además es un hombre que conoce la vida, que tiene mucha experiencia.

¿Es el Papa que necesita la Iglesia hoy?

Sin duda. Estoy definitivamente convencido. E incluso creo que podría haber sido Papa antes. Pero él no quiso.
Hay una filmación de la televisión italiana en la que se ve cómo Ratzinger le dijo «la próxima vez vas a tener que aceptar, porque tú eres un soldado mío» (por aquello de que los jesuitas son «soldados» del Papa.

¿Eres creyente?

Soy creyente, pero un poco agnóstico. Sigo un poco el camino de Borges, Pío Baroja y otros muchos. Pero al agnóstico no le está impedido creer en Dios. Simplemente los agnósticos consideran que el hombre no está capacitado para resolver el problema del Absoluto. Yo sigo teniendo mis dudas, como todos. Creo que Henry Miller decía «si hay un club de los dudosos, yo sería el presidente».

El nombramiento de un pontífice viene revestido por lo sobrenatural, porque se supone que los cardenales no eligen únicamente como hombres, sino que hay un soplo del Espíritu, etc. Pero coincide que en este último nombramiento parece más sobrenatural aún el despegue que ha dado la Iglesia en muy poco tiempo, cuando venía de estar envuelta en drama

Yo creo que sí. Estas cosas se dan de una manera muy misteriosa, y el Vaticano es un Estado muy particular. Yo estuve estudiando el tema de la corrupción en el IOR, y llegué a conocer a todos los personajes involucrados. R. Calvi, por ejemplo, me pareció una especie de mecenas. Él viajaba mucho a Hispanoamérica, y estuvo a punto de llevar una exposición de Caravaggio al Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires. El director del Museo era muy amigo mío (yo lo ayudaba a veces en la parte de prensa), y Calvi le prometió que llevaría la exposición al Museo. Pero era de esa gente mafiosa que es tan encantadora como terrible.

¿Encantadores de serpientes?

Sí. Todos los personajes peligrosos son especiales. La genialidad y el mal tienen una afinidad, una especie de atractivo.

Después de toda una vida dedicada al periodismo, ¿últimamente te estás decantando más por la literatura?

Sí, estoy empezando a hacer balance, a escribir mis cosas… Aunque no he abandonado del todo PROA, la revista que fundó Borges, de la que han salido casi 100 números ya. Ahora la va a digitalizar la Biblioteca Miguel de Cervantes, que ya está trabajando en ello.

También has tenido conversaciones y vivencias con personajes como Perón o Fellini…

Sí, algunas de esas conversaciones están publicadas en el libro «La entrevista», pero he tenido la suerte también de conocerles de cerca, de tener una relación de amistad con muchos de ellos. Por ejemplo, con Fellini y su mujer tuve una relación muy íntima, al igual que con Buñuel, con quien estuve a punto de trabajar en México. Buñuel es un personaje extraordinario. Él se entrevistó con Franco acá, aunque esto no se sabe porque durante mucho tiempo se ha tratado de ocultar. Estuvieron una hora conversando, el gallego y el aragonés, y cuando Buñuel se iba, parece que Franco abrió una puerta y le dijo a Carmen que preparara una tortilla para que Buñuel se quedara a comer con ellos.
También me contó Buñuel que el final de Viridiana se lo sugirió Franco. De hecho, fue una película que no censuraron.

¿Qué proyectos de futuro tienes?

Seguir escribiendo. Es lo que hago todos los días.

Has dejado muchos años de tu vida y tu investigación en un proyecto sobre Dante…

Sí, ha sido un trabajo largo y continuado (estuve alrededor de 15 años investigando su vida). Para mí, haber conocido a Borges es como haber conocido a Dante, a Petrarca, a Shakespeare o a Quevedo. Son equivalentes.

¿Ya no quedan genios de esa altura?

Creo que escasean un poco. Pero quizás los hay, y lo que pasa es que los desconocemos. Suele suceder eso.

TITULARES:

-Neruda murió porque, cuando se produjo el golpe militar de Pinochet, le interrumpieron el tratamiento contra el cáncer de próstata que tenía

-Diez días después de la muerte de Neruda me metieron preso, por el mero hecho de haber hablado en su entierro

-Mi relación con Borges es un don que le debo a la vida

-Creo que Bergoglio tiene la sabiduría de Borges

-Haber conocido a Borges es como haber conocido a Dante, a Petrarca, a Shakespeare o a Quevedo

-En el mundo de hoy escasean los genios

 


Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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