Las pruebas enviadas por Francisco desde Roma, decisivas para el fallo

Cadena perpetua para los asesinos del obispo Angelelli

Menéndez y Estrella, condenados por terrorismo de Estado y enviados a una cárcel común

Uno de los documentos es una carta de Angelelli al entonces nuncio apostólico Pío Laghi en la que advertía estar amenazado, y otra con el relato detallado del asesinato, el 18 de julio de 1976, de Gabriel Longueville y Carlos Murias

La Justicia condenó ayer a prisión perpetua en cárcel común a Luciano Benjamín Menéndez, ex jefe del III Cuerpo de Ejército, y a Luis Fernando Estrella, ex subjefe de la base aérea de Chamical, por el homicidio de monseñor Enrique Angelelli, el llamado «obispo de los pobres», perpetrado el 4 de agosto de 1976.

Antes de la lectura del veredicto, tanto Menéndez como Estrella insistieron en que la muerte de Angelelli fue «un accidente fortuito», aseguraron que la causa estaba «armada» y sostuvieron que no hubo pruebas en su contra.

«Yo no tuve nada que ver con la muerte de Angelelli. Soy inocente», dijo Menéndez, ya condenado anteriormente siete veces por crímenes de lesa humanidad.

Durante años la muerte de Angelelli se entendió como un accidente de ruta, aunque siempre hubo sospechas por las amenazas que había sufrido el obispo de La Rioja.

Cuando se reanudaron las investigaciones por los crímenes de lesa humanidad, la pesquisa judicial llegó al punto de hacer exhumar el cadáver del prelado y se estableció que había elementos para pensar en un homicidio.

Al leer el veredicto, el Tribunal Oral Federal de La Rioja afirmó que «los hechos acontecidos el 4 de agosto de 1976 fueron consecuencia de la acción premeditada, provocada y ejecutada en el marco del terrorismo de Estado, y que constituyen delitos de lesa humanidad».

Fue así que, en un voto dividido, Menéndez y Estrella fueron considerados responsables de asociación ilícita y autores mediatos del homicidio del obispo y la tentativa de homicidio de su compañero en aquella jornada fatídica, el ex sacerdote Arturo Pinto. El tribunal también les revocó la prisión domiciliaria y los envió a una cárcel común.

El presidente del tribunal, José Quiroga Uriburu, leyó el veredicto en una sala colmada de público, en la que se encontraban presentes el secretario de Derechos Humanos de la Nación, Martín Fresneda; el obispo de La Rioja, Marcelo Colombo, y los vicegobernadores bonaerense, Gabriel Mariotto, y riojano Sergio Casas, entre otros. Fuera del edificio, una multitud esperó el veredicto.

Los fundamentos se conocerán el 12 de septiembre, pero el tribunal rechazó los planteos de las defensas, incluso los pedidos de procesamiento por falso testimonio de víctimas y testigos, pero ordenó investigar por encubrimiento a dos militares, el coronel José María de Casas y el general Jorge María Apa.

La investigación judicial recibió hace pocas semanas un imprevisto impulso del Vaticano, cuando el Papa Francisco envió dos documentos secretos que resultaron un significativo aporte a la causa. Uno de los documentos es una carta de Angelelli al entonces nuncio apostólico Pío Laghi en la que advertía estar amenazado, y otra con el relato detallado del asesinato, el 18 de julio de 1976, de dos curas muy próximos al obispo: Gabriel Longueville y Carlos Murias.

La primera misiva, firmada de puño y letra por Angelelli un mes antes de su asesinato, dejó muy comprometido al cuestionado nuncio apostólico y fue recibida e incorporada al archivo oficial de la Iglesia Católica.

Accidente que no fue. Angelelli murió el 4 de agosto de 1976 luego de que la camioneta que conducía volcara a la altura de Punta de los Llanos, sobre la ruta 38.

El religioso regresaba de Chamical, dónde había asistido a una misa de homenaje a los curas Longueville y Murias y un catequista asesinados semanas antes.

El sacerdote Arturo Pinto, quien acompañaba a Angelelli, quedó inconsciente por el golpe, y luego relató que el vehículo fue cruzado por otros dos automóviles hasta que lograron hacerlo volcar.

Angelelli sobrevivió al vuelco y su cuerpo quedó tendido en el pavimento, pero un rato después murió. Algunas versiones dan cuenta de que fue sacado del habitáculo de la camioneta y arrastrado unos 25 metros, donde habría sido rematado a golpes en la cabeza.

Reacciones. Luego de conocida la sentencia, Marilé Angelelli, sobrina de monseñor, dijo que sentía «mucha emoción» y que «faltan los civiles, pero ya está».

«Se hizo justicia, esta es la verdad. El Pelado (por Angelelli) me dijo «hay que seguir andando», y ese es el desafío», dijo Pinto, presente en la sala.

El obispo riojano, Marcelo Colombo, expresó que le dio «gran serenidad espiritual» la actuación de los jueces. «Con la hora de la verdad llega también la hora de la justicia, y entonces podremos caminar tranquilos hacia el futuro«, reflexionó.

(RD/Agencias)

 

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Autor

Jesús Bastante

Escritor, periodista y maratoniano. Es subdirector de Religión Digital.

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