Duro mensaje papal a los líderes de la VII Cumbre de las Américas

Francisco: «No es suficiente con que los pobres recojan las migajas que caen de la mesa de los ricos»

Denuncia las "diferencias escandalosas" entre ciudadanos de los mismos pueblos

El gran reto de nuestro mundo es la globalización de la solidaridad y la fraternidad, en lugar de la globalización de la discriminación e indiferencia

El Papa Francisco ha lanzado este viernes un mensaje contra la desigualdad a los 35 presidentes y jefes de Estado y Gobierno reunidos en Panamá, durante el acto inaugural de la VII Cumbre de las Américas. «No es suficiente con que los pobres recojan las migajas que caen de la mesa de los ricos», ha señalado el Pontífice, a través de un mensaje que ha sido leído por el secretario de Estado del Vaticano, cardenal Pietro Parolin.

El enviado especial de Francisco en esta importante cita regional ha leído, en un perfecto español, la carta del Papa, quien advierte de que «hay bienes básicos como la tierra, el trabajo y la casa, además de servicios públicos como salud, educación, seguridad o medio ambiente, de los que ningún ser humano debería quedar excluido».

«Este deseo que todos compartimos, desgraciadamente está lejos de la realidad», añade la nota, en la que el Santo Padre insiste en que «mientras no se logre una distribución equitativa de la riqueza, no se lograrán resolver los males de la humanidad». «El gran reto de nuestro mundo es la globalización de la solidaridad y la fraternidad, en lugar de la globalización de la discriminación e indiferencia«, ha apostillado.

En este sentido, Bergoglio denuncia la «brecha» entre los ricos y pobres, que –según añade– se ha «abierto aún más» en aquellas economías emergentes que han experimentado un gran éxito económico durante los últimos años, donde la población «no se ha beneficiado» de estos avances. «Son necesarias acciones directas para los más desfavorecidos, cuya atención (…) debería ser prioritaria para los gobernantes», asevera.

Por ello, Francisco –a través de las palabras de Parolin– ha solicitado a los mandatarios americanos que hagan frente a estos problemas con «realismo» y advierte de que «no basta con salvaguardar la ley de los derechos básicos de las personas», ya que, en ocasiones, «dentro de cada país se dan diferencias escandalosas, sobre todo en las zonas indígenas, rurales y suburbios de las grandes ciudades».

 

 

Asimismo, en la misiva, afirma que «los esfuerzos por tender puentes y canales de comunicación, buscar el entendimiento, nunca son en vano» y destaca la situación geográfica de Panamá –en el centro del continente americano– como «punto de encuentro entre el norte y el sur», para que este encuentro sirva de llamada a generar «un nuevo orden de paz y justicia», así como para «promover la solidaridad y cooperación, respetando la justa autonomía de cada nación».

 

Este es el texto de la carta:

 

Al Excelentisimo Señor
Juan Carlos Varela Rodríguez
Presidente de Panamá
Como anfitrión de la VII Cumbre de las Américas, deseo hacerle llegar mi saludo cordial y, a través de Usted, a todos los Jefes de Estado y de Gobierno, así como a las delegaciones participantes. Al mismo tienpo, me gustaría manifestarles mi cercanía y aliento para que el diálogo sincero logre esa mutua colaboración que suma esfuerzos y supera diferencias en el camino hacia el bien común. Pido a Dios que, compartiendo valores comunes, lleguen a compromisos de colaboración en el ámbito nacional o regional que afronten con realismo los problemas y trasmitan esperanza.
Me siento en sintonía con el tema elegido para esta Cumbre: «Prosperidad con equidad: el desafío de la cooperación en las Américas». Estoy convencido – y así lo expresé en la Exhortacion Apostolica Evangelii gaudium – de que la inequidad, la injusta distribución de las riquezas y de los recursos, es fuente de conflictos y de violencia entre los pueblos, porque supone que el progreso de unos se construye sobre el necesario sacrificio de otros y que, para poder vivir dignamente, hay que luchar contra los demás (cf. 52, 54). El bienestar así logrado es injusto en su raíz y atenta contra la dignidad de las personas. Hay «bienes básicos», como la tierra, el trabajo y la casa, y «servicios públicos», como la salud, la educación, la seguridad, el medio ambiente …, de los que ningún ser humano debería quedar excluído.
Este deseo – que todos compartimos -, desgraciadamente aún esta lejos de la realidad. Todavía hoy siguen habiendo injustas desigualdades, que ofenden a la dignidad de las personas.
El gran reto de nuestro mundo es la globalización de la solidaridad y la fraternidad en lugar de la globalización de la discriminación y la indiferencia y, mientras no se logre una distribución equitativa de la riqueza, no se resolverán los males de nuestra sociedad (cf. Evangelii gaudium 202).
No podemos negar que muchos países han experimentado un fuerte desarrollo económico en los últimos años, pero no es menos cierto que otros siguen postrados en la pobreza. Además, en las economías emergentes, gran parte de la población no se ha beneficiado del progreso económico general, sino que frecuentemente se ha abierto una brecha mayor entre ricos y pobres. La teoria del «goteo» o «derrame» (cf. Evangelii gaudium 54) se ha revelado falaz: no es suficiente esperar que los pobres recojan las migajas que caen de la mesa de los ricos. Son necesarias acciones directas en pro de los más desfavorecidos, cuya atención, como la de los más pequeños en el seno de una familia, debería ser prioritaria para los gobernantes. La Iglesia siempre ha defendido la «promoción de las personas concretas» («Centesimus annus, 46), atendiendo sus necesidades y ofreciéndoles posibilidades de desarrollo.
Me gustaría también llamar su atención sobre el problema de la inmigración. La inmensa disparidad de oportunidades entre unos países y otros hace que muchas personas se vean obligadas a abandonar su tierra y su familia, convirtiéndose en fácil presa del tráfico de personas y del trabajo esclavo, sin derechos, ni acceso a la justicia … En ocasiones, la falta de cooperación entre los Estados deja a muchas personas fuera de la legalidad y sin posibilidad de hacer valer sus derechos, obligándoles a situarse entre los que se aprovechan de los demás o a resignarse a ser victima de los abusos.
Son situaciones en las que no basta salvaguardar la ley para defender los derechos básicos de la persona, en las que la norma, sin piedad y misericordia, no responde a la justicia.
A veces, incluso dentro de cada país, se dan diferencias escandalosas y ofensivas, especialmente en las poblaciones indígenas, en las zonas rurales o en los suburbios de las grandes ciudades. Sin una auténtica defensa de estas personas contra el racismo, la xenofobia y la intolerancia, el Estado de derecho perdería su legitimidad.
Señor Presidente, los esfuerzos por tender puentes, canales de comunicación, tejer relaciones, buscar el entendimiento nunca son vanos. La situación geográfica de Panamá, en el centro del continente Americano, que la convierte en un punto de encuentro del norte y el sur, de los Océanos Pacifico y Atlántico, es seguramente una llamada, pro mundi beneficio, a generar un nuevo orden de paz y de justicia y a promover la solidaridad y la colaboración respetando la justa autonomía de cada nación.
Con el deseo de que la Iglesia sea también instrumento de paz y reconciliacion entre los pueblos, reciba mi mas atento y cordial saludo.
Vaticano, 10 de abril de 2015
Francisco

 

(RD/Ep)

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Autor

Jesús Bastante

Escritor, periodista y maratoniano. Es subdirector de Religión Digital.

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