El presidente de Ecuador ejerció de perfecto anfitrión durante la visita al Palacio Carondolet

Correa y Francisco escenifican su alianza para la construcción de una nueva Latinoamérica

Ambos líderes rieron, se hicieron confidencias y demostraron que exite una gran sintonía

El Pontífice entregó un obsequio al presidente que tuvo un toque personal: una reproducción de una imagen de la Virgen y el Niño

(Jesús Bastante).- Una bienvenida propia de una estrella del rock. El presidente de Ecuador, Rafael Correa, recibió esta noche (madrugada en España) al Papa Francisco en el palacio Carondelet, sede presidencial de Quito. Flores, guirnaldas, una banda de música (cuyo estribillo canturreó el mandatario una y otra vez), y una expresión multitudinaria de cariño popular.

Correa ejerció, como en la bienvenida del aeropuerto, como un magnífico anfitrión. Y Francisco sonrió y le dejó hacer. «Bienvenido, todos somos bendecidos, Ecuador entero te recibe, con su canto de amor«. La Plaza Grande, a la que sólo se podía acudir con invitación previa, estaba de bote en bote. «Francisco, Francisco, bendice al Ecuador«, se podía escuchar desde los altavoces, como un mantra repetido por la muchedumbre.

Y el Palacio presidencial, junto a la bellísima catedral quiteña, engalanado como en las mejores ocasiones, con hasta 120.000 rosas ecuatorianas formando un impresionante alfombra de flores. «Queremos religión, queremos religión» gritaban los miles de fieles presentes, que minutos antes de la llegada de Bergoglio habían soportado estoicamente un aguacero.

«Que salga al balcón, que salga al balcón», gritó la muchedumbre tras media hora de encuentro privado entre Correa y el Papa. Así lo hizo Francisco, antes de continuar recorriendo junto al presidente el palacio abrazándose a los invitados. Políticos, diplomáticos, monjas y familiares, todos querían abrazar, tocar y besar al Papa. «Creía que usted me iba a querer sacar a bailar», bromeó Bergoglio con la mamá del presidente.

 

 

A lo largo de todo el camino, Correa y Francisco hicieron gala de una sintonía especialmente cordial, dedicándose bromas y riéndose abiertamente. No cabe duda de que Bergoglio ha encontrado en el presidente de Ecuador un aliado en el complejo marco de las relaciones políticas latinoamericanas. Ni que Correa ha sabido utilizar todo su magnetismo para que dicha sintonía con el Santo Padre se vea reflejada en cada gesto, en cada imagen, en cada minuto.

 

«Santo Padre, gracias por venir, qué felicidad«, espetó al Papa uno de los músicos de la banda, saltándose el protocolo y yendo a abrazar al Pontífice con el tambor en la mano, para mayor susto de Doménico Giani y su servicio de seguridad. Antes de dirigirse a la catedral de Quito, el Papa quiso volver a saludar desde el balcón a la multitud.

 

 

 

El Pontífice entregó un obsequio al presidente que tuvo un toque personal: una reproducción de una imagen de la Virgen y el Niño.

El mosaico bizantino original data del siglo XIII y se encuentra en la basílica romana donde el 22 de agosto de 1541, San Ignacio de Loyola y sus cofrades profesaron sus votos religiosos.

Su orden religiosa se convirtió en la de los jesuitas, a la que pertenece Francisco y que tuvo un papel fundamental en la historia y el desarrollo de América Latina.

Especialistas vaticanos en mosaicos hicieron la réplica de la imagen usando la misma fórmula del pegamento utilizado hace siglos para adherir los mosaicos en el interior de la Basílica de San Pedro.

 

 

 

Autor

Jesús Bastante

Escritor, periodista y maratoniano. Es subdirector de Religión Digital.

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído