Miembro del G9, confiesa que "da gusto trabajar con el Papa"

Cardenal Maradiaga: «El Papa Francisco toma la merienda conversando con nosotros»

"No es que Francisco se baje de su seriedad; es que nos trata como su familia"

Cardenal Maradiaga: "El Papa Francisco toma la merienda conversando con nosotros"
Francisco y el cardenal Maradiaga

La mujer ya no es la prisionera de su casa que sólo podía salir al mercado o a la fuente de agua

(Luis M. Modino, enviado especial a Honduras).- El Cardenal Oscar Andrés Rodríguez Maradiaga es arzobispo de Tegucigalpa, capital de Honduras, y uno de los eclesiásticos más próximos al Papa Francisco, pues no en vano forma parte del famoso G9, el grupo de cardenales que cada dos meses se reúnen con el propósito de asesorar al obispo de Roma y traerle información de primera mano sobre la realidad eclesial y social en los diferentes puntos del planeta.

En esta entrevista, realizada con motivo del Encuentro Continental de Sacerdotes de la OCSHA (Obra de Cooperación Sacerdotal para Hispano América), que ha tenido lugar en San Pedro Sula, Honduras, el prelado hondureño nos habla sobre la realidad eclesial latinoamericana y su relación con el Papa Francisco, dándonos a conocer algunos aspectos sobre la forma en que el Pontífice está conduciendo la Iglesia.

¿Cuáles son los valores de la Iglesia Latinoamericana?

En primer lugar el sentido de familia porque hay en nuestra población un sentido muy fuerte de unidad familiar. De hecho, en muchos lugares, todavía es familia casi clan, donde están tíos, sobrinos, abuelos, abuelas, y esto dentro de la comunidad eclesial encuentra un clima favorable. No es difícil que en las comunidades se sientan a gusto, y a veces es el único lugar donde pueden reunirse.

Aquí ha evolucionado muchísimo la promoción de la mujer, que antiguamente estaba como prisionera de su casa y sólo podía salir al mercado o a la fuente de agua. En la Iglesia se empezaron a organizar comunidades para alfabetización, programas de salud, programas que todos llamamos de promoción de la mujer, lo que ha hecho que se puedan consolidar muchas comunidades eclesiales de base.

¿Podríamos decir que el Papa Francisco está latinoamericanizando la Iglesia?

En cierto sentido sí. Hay algunos valores como por ejemplo esa bondad natural, esa ternura, esa cercanía, ese abrazo o el beso a un niño, esa sonrisa, hasta incluso un sentido de humor… El otro día le preguntaron, ¿santidad le esperamos en México?, ante lo que él se volteó y respondió, ¿con tequila o sin tequila? Una cosa que cualquiera puede decir que el Papa se está bajando de su seriedad, pero no, pues para él es ese sentido familiar tan bello que a la gente les seduce.

¿Eso, en cierta medida, molesta en Roma, en Europa?

Claro que sí, a aquellos que están acostumbrados a considerar al Papa casi como un semi-Dios no les gusta, pero a la mayoría de la gente sí. Y esto no es que el Papa finja o use quien sabe cualquier tipo de metodología, él es así y es natural. Es un Papa naturalmente Papa.

Después de los valores, ¿cuáles serían las principales enfermedades de América Latina?

Tal vez la primera es la formación de varias familias. A veces hay hombres que sienten que tienen que tener hijos con varias mujeres y ese es un desafío grande, no está inculturada la fidelidad en las comunidades. Junto a esto existe el problema de la violencia, pues el respeto a la vida no podemos decir que sea una cosa asumida por la gente.

¿La Iglesia sabe dar respuesta a estos desafíos?

En muchos lugares no se ha podido por la ausencia de ministros, aunque siempre han realizado un gran trabajo los laicos, como los delegados de la Palabra de Dios en las comunidades eclesiales de base.

Pero no podemos hablar unívocamente de América Latina, pues existen varias, la una es del campesinado, otra puede identificarse con la problemática de otros continentes o de los Estados Unidos, como son las grandes ciudades. Hay distintas realidades.

¿Cómo miembro del famoso G9, se siente mal visto, envidiado por la Curia?

No diría, porque hay de todo, pero yo sé que algunos no están de acuerdo que yo esté ahí. Yo he sentido lo que decían del Señor Jesús, ¿de Nazaret puede salir algo bueno? Decían, ¿dónde queda Honduras y qué es lo que tiene Honduras para que éste esté ahí? A veces uno siente eso, pero en general yo me siento muy tranquilo, me siento muy en paz. El estilo de relación que tenemos entre nosotros y con el Papa es muy bello, es de mucha confianza, de sencillez, de gran comunicación y esto es una gran fortaleza.

La Curia siempre se acostumbró a gobernar a la Iglesia, ¿pero se acepta fácilmente que gente de fuera venga a hacerlo?

Claro que no. De todas maneras nosotros no estamos gobernando, pero sugerimos al Santo Padre algunas cosas y eso sí, no es aceptado. Me recuerdo que hasta tuvimos dificultades para que el Consejo de los Cardenales apareciera en el Anuario Pontificio. Al principio no lo querían poner, hasta que el Papa tuvo que hacer un motu proprio para esto, para la creación del Consejo y que hoy sea un organismo que aparece en el Anuario Pontificio.

Formando parte de ese grupo, ¿cómo es el Papa Francisco en las distancias cortas, en esas pequeñas reuniones?

Es enormemente fraterno, incluso hasta toma la merienda con nosotros cuando hay un intervalo, y conversa y bromea. Es verdaderamente una persona muy cercana y da gusto trabajar con él. Por otro lado una persona profunda de oración, él todos los días se levanta a las cuatro y media y después de su aseo personal, él empieza un largo periodo de oración que culmina con la celebración eucarística a las siete de la mañana. Luego empieza una jornada de audiencias, de trabajos, de reuniones, y a las siete de la noche interrumpe y tiene una hora entera de oración y de contemplación. De tal manera que es una persona que vive sumergida en Dios y que, por consiguiente, no se le ve perder la paz, a pesar de los enormes problemas que afronta la Iglesia.

Desde esa proximidad, ¿cuáles han sido los principales cambios que el Papa Francisco ha provocado desde su punto de vista?

Lo primero es la cercanía del Pontífice como obispo de Roma al pueblo fiel, es muy cercano, él no tiene dificultades para recibir a las personas y más bien, a veces, hasta rompe el protocolo. Antiguamente era casi imposible ver al Papa, tenías que pedir una audiencia. Si eras obispo, y tenías suerte, te iban a dar una audiencia de veinte minutos. Ahora te lo encuentras en el comedor en la Casa Santa Marta, te lo encuentras en el ascensor, en la capilla o paseando por ahí. Es de una gran cercanía.

¿En que puede cambiar a la Iglesia el Año de la Misericordia?

Yo diría que sobre todo en el perdón. Cada vez nos damos más cuenta de que hay mucha gente herida, incluso dentro de las mismas familias, divididas, confrontadas por cantidad de cosas y la cultura del perdón y de la misericordia es como un gran camino de conversión que afrontamos en este tiempo.

A partir de este Año de la Misericordia, ¿cómo pasar de una Iglesia aduana a una Iglesia hospital de campaña?

Creo que lo primero es cuando nosotros mismos los pastores sabemos que tenemos necesidad del perdón y de la misericordia. Si nos damos cuenta de esto, ya no es difícil acercarse al que sufre y al pobre.

Desde su condición de asesor del Papa, ¿cuáles son los desafíos que la Iglesia Católica debe enfrentar hoy en día?

Para mí que el mensaje del Señor Jesús llegue a la mayoría y llegue de una manera sencilla, sin pretender convertir a las personas, pero sí compartir la riqueza que tenemos, que es nuestra fe.

Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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