"Vamos a ver si el Papa nos deja hacer algo", propone el obispo de Macapá

Pedro Conti: «El sacerdote debería cuidar de la formación. Otros podrían cuidar de otras cosas, como la Eucaristía»

"Es necesario estudiar todos los aspectos, pero no es imposible. Por lo menos hay que intentarlo"

Pedro Conti: "El sacerdote debería cuidar de la formación. Otros podrían cuidar de otras cosas, como la Eucaristía"
Dom Pedro Conti, obispo de Macapá ArqRio

Es interesante la sensibilidad del Papa sobre la Amazonía, sus palabras sencillas y fuertes. Lo bueno de él es su sensibilidad con los pequeños, los pobres, las periferias existenciales

(Luis Miguel Modino, corresponsal en Brasil).- Evangelizar la Amazonia necesita métodos y actitudes nuevos, que vistos desde otras latitudes resultan escandalosos, pero que conociendo la realidad a muchos nos parecen el único camino a seguir. Es una forma de pensar de la que participan muchos obispos de la región, aunque no todos se atreven a exponer públicamente su postura.

Uno de los obispos que ve la necesidad de nuevos caminos es Monseñor Pedro Conti, quien defiende abiertamente que en su diócesis sea permitido llevar a cabo experiencias que hagan posible que hombres casados puedan presidir la Eucaristía o perdonar los pecados, pues para él no es justo que muchas comunidades sólo puedan tener misa una o dos veces por año.

Monseñor Pedro José Conti fue ordenado en la diócesis de Brescia (Italia) y llegó a Brasil como misionero fidei donum en noviembre de 1983, comenzando a trabajar en la diócesis de Bragança, estado de Pará, en plena Amazonia brasileña. Durante once años fue párroco de la ciudad de Paragominas, región donde la gente vivía de la madera, lo que le hizo ver como poco a poco la floresta amazónica iba desapareciendo.

En 1995 fue elegido obispo de la diócesis de Conceição do Araguaia, una región dominada por las grandes haciendas de cría de ganado y donde los conflictos por tierra están presentes desde hace mucho tiempo. En la diócesis de la región sur del Estado de Pará permaneció durante nueve años, para después ser nombrado obispo de Macapá, donde desempeña su misión episcopal desde hace trece años.

Amapá, con el que coincide la diócesis de Macapá, es el estado mejor conservado dentro de la Amazonia brasileña, pero poco a poco el cultivo de soja está invadiendo una región donde la corrupción campa a sus anchas.

En este ambiente, la Iglesia que pastorea Monseñor Conti, quiere ayudar a la gente a vivir su fe en comunidad, a partir de la Palabra de Dios, dando gran importancia al papel y formación de los laicos, que debe ser reconocido explícitamente por la propia Iglesia, pues muchas veces se ven sometidos a la voluntad de los sacerdotes.

¿Qué es lo que uno descubre cuando llega a la Amazonia, cuáles son sus encantos?

Es más fácil hablar de los desencantos, pero los encantos se hacen presentes en un pueblo que lucha por sobrevivir, que consigue una convivencia pacífica, que tiene pocas posibilidades de estudio y de comunicación, que en muchos lugares vive aislado. Sirva como ejemplo una parroquia que está formada por islas diseminadas a lo largo del Río Amazonas.

Estamos en una región donde el abandono del poder público lleva a tener un sentimiento de rebeldía, aunque eso no puede ser motivo de desespero. En ese sentido, podemos decir que el nativo se conforma, aunque eso no debe ser entendido en el sentido de no hacer nada, pues hace lo que puede y de la forma que puede.

La gente de las comunidades del interior consigue sobrevivir con los productos que ellos mismos producen. Es gente que lucha por la sobrevivencia, teniendo una calidad de vida que no es la ideal, que no corresponde con lo que uno ve en las telenovelas, pero que consigue sobrevivir con dignidad.

La mayoría son católicos, gente que cree en el valor de la comunidad, a pesar de los grupos evangélicos que desde la teología de la prosperidad intentan atraer, prometiendo cosas que nunca se realizan. El mayor encanto es que en todo lugar vi mucho sufrimiento, pero al mismo tiempo mucha esperanza y ganas de cambiar las cosas, a pesar de que sé que no es fácil.

¿Cuáles son los desafíos que presenta la región?

Hay lugares, sobre todo en las periferias de las ciudades, en que hay una pobreza extrema, pues en la Amazonia los lugares de mayor sufrimiento son las periferias de las ciudades, donde la organización del tráfico de drogas, de las bebidas, de las fiestas, crea grupos de personas que viven de eso, pudiendo decir que viven aprovechándose del vicio de los otros, pues se explota la prostitución, el uso de drogas, inclusive del alcohol, pues en las fiestas actualmente está presente tanto el alcohol como las drogas.

A pesar de todo, veo que hay jóvenes esperanzados, que pueden estudiar más, lo que es un aspecto positivo, pues desde hace algunos años tienen más acceso a la universidad. La bolsa familiar, que debería ayudar, en parte ayudó, y eso hay que reconocerlo, a mejorar la dignidad de las personas, pero en parte también frenó las iniciativas personales, pues mucha gente dejó de plantar, prefiriendo comer el pollo congelado que venden en el supermercado antes que ir a pescar. Pero de otro lado cada vez hay menos pescado, pues la contaminación deteriora las condiciones.
Lo que quiero decir con todo esto es que la lucha por la vida es grande en este sentido, teniendo que reconocer el esfuerzo, la buena voluntad, la solidaridad, de un pueblo que es bueno y que a pesar de todo sobrevive y lo hace con la cabeza levantada, inclusive en la Iglesia, lo que es importante.

 

¿Cómo llevar a cabo el trabajo evangelizador ante estos desafíos?

En los 34 años que vivo en la Amazonia ya pasamos por diferentes experiencias y simplemente digo que no existe un modelo que se pueda aplicar en todo el mundo, pero lo que siempre estamos proponiendo y que todavía intentamos defender, en el sentido positivo de la palabra, es el modelo de las comunidades eclesiales de base, que a veces llamo simplemente comunidades, porque en algunas ocasiones la etiqueta genera rechazo.

Pero nosotros trabajamos mucho eso, pues la comunidad es fundamental. El problema es que es más fácil formar comunidad en el interior, debido a la proximidad de las personas, aunque en algunos lugares como las islas las personas viven lejos. Pero con sus barquitos, con sus pequeños motores, ellos se encuentran.

Lo más difícil es hacer comunidades en la ciudad, pues en las periferias hay más posibilidades de tener otros grupos, como movimientos, que también juntan a la gente. Cuando el movimiento piensa que es posible colaborar, eso se lleva a cabo, y se trabaja bien, pero otras veces se crean grupitos y la tentación de hacer cosas diferentes de los otros, de ser mejores que los otros, es siempre muy grande para todos.

Algo que pienso que es muy interesante y que me acompañó en estos años es el trabajo con la Palabra de Dios. En Bragança eran grupos de calle, en Conceição do Araguaia hicimos un trabajo de formación con los laicos, aquí en Macapá estamos haciendo un proyecto de Lectura Orante de la Biblia, que en diez años debería llevarnos a leer toda la Biblia. Ya hicimos el Antiguo Testamento y ahora estamos con el Nuevo Testamento, a través de círculos bíblicos con la modalidad de Lectura Orante de la Biblia.

Fuimos ayudados con el proyecto «un millón de biblias» y es algo interesante, pero no está siendo un gran éxito, vamos a decir la verdad, pues hoy en día la gente tiene dificultad de salir de noche, porque tiene miedo y eso nos encierra dentro de casa. Pero debe ser en ese sentido, pues cuando hablo de comunidad, hablo de Palabra de Dios y de formación.

En estos años hemos tenido una gran ayuda de la Archidiócesis de Belo Horizonte, con un proyecto que tienen de Teología Viva y Misión, lo que nos permitió formar o preparar un poco más un buen grupo de líderes. Después trabajamos con las catequistas, con el proyecto de Iniciación a la Vida Cristiana.

Por eso, podemos decir que en conjunto no es que tengamos proyectos extraordinarios, pero es algo que nos ayuda a realizar una propuesta que ayude en una formación básica para todos, con posteriores especializaciones para la liturgia, la catequesis, incidiendo en la iniciación a la vida cristiana, y también en la parte social, con encuentros y reflexiones, Cáritas.

Esta es la variedad de las posibilidades, pero todo a partir de los círculos bíblicos y la Lectura Orante de la Biblia. Decir todos es un sueño, pues muchos no hacen eso, pero donde funciona y los párrocos entienden esa necesidad, a la gente le gusta, pues la Palabra de Dios une a las personas.

Hoy sufrimos por la dificultad del envejecimiento de los líderes, por lo que estamos intentando formar un nuevo grupo de líderes que esperamos que puedan asumir este servicio, sabiendo que son nuevas generaciones, que no tienen la experiencia de las luchas de los más antiguos y que tienen el pensamiento de la sociedad de hoy, que es Internet, televisión, teléfono móvil, lo que es la juventud de hoy. En compensación, la juventud de hoy ha estudiado más, por lo que podemos contar con personas con mayor formación. Tenemos la experiencia interesante del diaconado permanente nativo, con más de 25.

Cambiar la sociedad, tal y como está hoy, eso no es tan fácil ni sencillo, pero el secreto creo que es la comunidad, donde las personas se confrontan, pues lo bonito de la comunidad es ser diferentes, pues si sólo hago una comunidad con aquel que piensa como yo, no voy a aprender nada nuevo. Por eso tengo que hacer comunidad con quien piensa diferente, por lo que si alguien es de otro movimiento no nos debe importar, sino que tenemos que convivir y ahí voy a aprender algo de su espiritualidad, de su forma de leer la Biblia.

Pero él también tiene que estar dispuesto a aprender y yo tengo que tener algo para ofrecerle, porque sino no vamos a avanzar en los desafíos, pues cuando los grupos son todos iguales y todos piensan de la misma forma eso lleva a la auto contemplación y la auto suficiencia que nos dice el Papa Francisco.

¿La llegada del Papa Francisco ha cambiado la mirada de la Iglesia sobre la Amazonia?

Creo que sí. Nosotros no tenemos ninguna dificultad, pues el Papa Francisco tiene éxito en cualquier lugar. Es interesante su sensibilidad, sus palabras sencillas y fuertes. Creo que la Evangelii Gaudium nos ayudó a cambiar y ahora la Amoris Laetitia, que nos está sirviendo para reestructurar la Pastoral Familiar, como por ejemplo los cursos de novios, que si no cambiamos el esquema no vamos a llegar muy lejos, como también los encuentros de matrimonios, los casos más difíciles que se presentan en el Tribunal Eclesiástico, etcétera, etcétera.

Pienso que lo bueno del Papa Francisco es su sensibilidad con los pequeños, los pobres, las periferias existenciales, como él dice. Eso es también muy importante y de hecho nosotros también somos esas periferias, no formamos parte de las grandes metrópolis, somos la periferia de Brasil, que forma parte de aquello que el gobierno federal quiere implantar en la Amazonia.

Todas las ciudades tienen presupuestos que vienen del gobierno federal, pero eso no siempre funciona. Por ejemplo, la erradicación del trabajo infantil, tiene su oficina, pero no sabemos si realmente funciona. En ese sentido, la educación es algo fundamental, pero las cosas se hacen porque llega dinero y no porque interesen las mejoras, por ejemplo que los niños tengan más tiempo de actividades en el colegio.

Últimamente se habla de la posibilidad de un Sínodo de la Amazonia, ¿en qué puede ayudar en el trabajo evangelizador?

Esta idea del Sínodo de la Amazonia es algo que ya hablamos y discutimos en el último encuentro de los obispos de la Amazonia. Ahora Don Claudio Hummes inventó la Amazonia Legal, pero siempre hubo Amazonia, antes también, cuando eran los dos Regionales de la Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil, Norte 1 y Norte 2, siempre hicimos eso, en una historia que es bonita, pero que tal vez él no sabía, pues él es más viejo en edad, pero yo soy más viejo en la Amazonia. Después vino el Norte 3, que es Tocantins, pero antes vino el Noroeste, que es Rondonia y Acre.

Por ejemplo, en 2012 hicimos los 40 años de la famosa reunión de Santarem, donde fueron escogidas las grandes prioridades de la pastoral en la Amazonia, que era la Biblia, la Palabra de Dios, y la llamada en aquel tiempo comunidad cristiana de base. No había muchas alternativas, pero a partir de aquello todos los obispos de la Amazonia construyeron de hecho sus pastorales y su formación, lo que representa cuarenta años de trabajo. En 2012 volvimos a Santarem para recordar todo eso. Por eso la REPAM no es una idea totalmente nueva, pues hay algo que ya estaba caminando durante muchos años a partir del Concilio Vaticano II.

En mi opinión, el desafío es retomar la iniciación a la vida cristiana de una forma nueva. No se trata de una nueva metodología, pues se puede salir de un esquema, que es la sacramentalización y entrar en otro diferente. La cuestión es tener la paciencia para introducir a los niños, adolescentes y jóvenes en la experiencia de la fe.

Por eso es necesario comenzar por los adultos, los padres son quienes deben hacer la experiencia de la convivencia con la fe y con la comunidad, pues si no después no van a comunicar nada a sus hijos, porque ellos no van a la comunidad y no se sienten implicados. Para mí este es el desafío y, al mismo tiempo, la novedad que tenemos que implantar.

En todos los lugares el trabajo de los laicos en la evangelización es muy importante, ¿qué es lo que supone ese trabajo para la Iglesia de la Amazonia?

Formo parte de la comisión del laicado de la Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil y puedo decir que ¿qué sería de la Amazonia sin laicos? ¿Quiénes son los animadores de la comunidad? ¿Quién está presente allí todo el año, toda la vida, con lluvia y con sol? Son los laicos. La novedad es que ahora, al otro lado del río, existe una comunidad evangélica y allí tienen un pastor, en cuanto nuestros líderes dependen mucho de los padres.

Tenemos que preparar líderes que sean reconocidos, que tengan una posibilidad de presencia y de actuación como Iglesia, que es el gran desafío hoy en la Amazonia, pues los padres no se están multiplicando como nos gustaría. Pero tampoco debemos esperar que si aumentase el número de padres volvamos a pensar en una Iglesia clerical, donde el padre va para realizar sacramentos.

De hecho, el sacerdote debería cuidar más de la formación y otros podrían cuidar muy bien de otras cosas, inclusive de la eucaristía. Por eso, toda esa historia de ordenar padres casados y todo lo demás. Vamos a ver si el Papa Francisco nos deja hacer algunas experiencia. Creo que algunos diáconos permanentes que ya están en las comunidades y tienen un liderazgo bueno y significativo con las familias, creo que también podrían celebrar la eucaristía, por ejemplo.

Pero está claro que continúa la necesidad de tener padres celibatorios con mayor libertad para moverse más, tener más tiempo y condiciones de acompañar las comunidades. Pienso que es interesante que la Amazonia haga esta experiencia, pues de lo contrario nos encontramos con un montón de pastores, mal preparados evidentemente, pero que están allí, siempre presentes en las comunidades. A veces nuestros católicos van un domingo a la celebración de la comunidad y otro a la Iglesia evangélica con el pastor, pues para ellos Dios es el mismo, lo que no es verdad, pero es lo que escuchan.

¿Usted se atrevería a iniciar esa experiencia a partir de su diócesis?

Nosotros estamos esperando una señal positiva. No es algo imposible, creo que podríamos hacer una experiencia, pues las cuestiones son varias, no es sólo eso, es la manutención, lo que no es fácil. Pero si invertimos en personas que ya tienen una profesión y no exigimos dedicación exclusiva, dejando de lado por ejemplo la parte administrativa, que representa un gran peso para un párroco, que gasta mucho tiempo en la fila del banco, en el registro civil… Si pudiésemos librarnos de este tipo de actividades.

En el interior podría ser un profesor, por poner un ejemplo, o alguien que tenga una renta, con una formación básica y sobre todo con un liderazgo, pues hay personas que tienen grandes estudios, pero son personas buenas, que ayudan a unirse, pues la gran misión del sacerdote hoy es unir a las personas, ya que uno puede ser un organizador maravilloso pero divide a las personas, otro organiza menos pero a la gente le gusta encontrarse con él, que es lo que nos dice el Evangelio en último término.

Jesús no organizó, pero junto al pueblo y éste creyó en la comunión. Estas personas podrían celebrar la Eucaristía, y perdonar los pecados también, que son los sacramentos que el presbítero realiza. Podría ser, estamos esperando una señal verde para hacer una experiencia que sería interesante y que creo que se puede hacer. Cuando y como es algo que depende del Papa Francisco.

El sacerdote que está en la parroquia de las islas, que tiene cien comunidades, acaba celebrando dos misas por año en las comunidades, pues las circunstancias le impiden hacer más. Por eso, ¿qué va a hacer una comunidad que tiene una misa en el primer semestre y otra en el segundo semestre? No es justo. La comunidad se siente aislada.

Está claro que es necesaria una formación y estudiar bien todos los aspectos, pero no es imposible. Por lo menos hay que intentarlo. Creo que en las periferias de las ciudades no es muy diferente, pues ¿qué va a hacer un párroco o dos con una parroquia de cincuenta mil habitantes? ¿Cuántas veces va a visitar las familias, cuánto está con los niños? La juventud está en una situación difícil, pues no siempre el sacerdote tiene facilidad con los jóvenes, pero también si está con los jóvenes no está con las familias, si está con las familias no está con los niños, con los ancianos, con la pastoral social. No tiene como hacer milagros.

Ahí está la importancia del laicado, que tiene que ser cualificado y darle espacio, pues tenemos personas maravillosas, preparadas, inclusive mejor que nosotros, algunos teológicamente preparados, aunque es verdad que debemos ponernos de acuerdo en lo que decimos. Pero vale la pena trabajar y por eso nosotros estamos comprometidos con eso, queremos que después de nueve años de formación con la escuela de Teología Viva de Belo Horizonte vamos a hacer eso con nuestras propias fuerzas.

¿Qué está suponiendo la REPAM para la Iglesia y la sociedad de la Amazonia?

Nosotros hicimos el seminario a nuestro modo, pues lo que ellos pedían era algo que no era posible organizar. Nosotros optamos por implicar a la juventud y a los universitarios y llamamos también personas con opiniones diferentes. Hubo quien habló a favor de la soja y quien habló en contra. Eso para ayudar a la juventud a pensar.

También dimos espacio para algunos líderes sindicales, para el Secretario de Medio Ambiente del Estado, intentando hacer un debate abierto para percibir que también es posible hacer cosas alternativas por parte del gobierno, pues de lo contrario es rehén de los grandes proyectos. No vale de nada que los diferentes gobiernos hablen de agricultura familiar y después no abrir los caminos o abrirlos para que junto con la agricultura familiar, pero en una mayor escala, entre la soja. Ahí los pequeños agricultores acaban vendiendo sus tierras o entregándolas porque está llegando la soja.

Otro problema abordado fue el del agua, pues la Amazonia tiene el agua, pero como todos dicen que está disminuyendo y si disminuye el agua en la Amazonia imaginemos en otros lugares. Llueve menos y pequeños ríos que daban pescado para comer y eran navegables todo el año, no lo son más. La gente constata que se están secando.

Por eso hay un conjunto de cuestiones que los propios gobernantes deben pensar, porque existe el lado social, que se concreta en el hecho de venir a vivir en las periferias de las ciudades, pues si en el interior hubiese buenas escuelas y posibilidad de transporte con carreteras mejores, que funcionen todo el año y no sólo los seis meses del verano, sería posible convivir la agricultura familiar con algunas plantaciones industrializadas, dentro de unos ciertos límites, pues cuando se echa el veneno a la soja desde las avionetas todos lo respiran y se esparce con la lluvia. No pensar en esto va a llevar a la gente a vivir en las periferias de las ciudades, desempleados, aumentando la violencia, pues no pueden quedarse en el interior, donde sería mucho más saludable y pacífica la convivencia.

La REPAM puede debatir, pero nosotros no esperamos grandes soluciones, pues infelizmente quien decide hoy sobre los problemas no somos nosotros y estamos siendo víctimas junto con el pueblo de las grandes decisiones. Si los bancos dan millones para los «sojeros» y no dan nada para el pequeño agricultor, que está con miedo de endeudarse porque después no tiene como pagar si no vende todos sus productos, todo se convierten en una cuestión de ventajas políticas.

Junto con esto también discutimos sobre los grandes proyectos, pues aquí no hicieron grandes embalses, pero sí dos bastante significativos que están acabando con el medio ambiente.

Pero esperamos que el debate continúe, pues nosotros envolvimos al ministerio fiscal, a las universidades, a la Secretaría de Medio Ambiente. Por eso, nos gustaría que la REPAM también fuese un ambiente de diálogo, o por los menos de intercambio de opiniones, y no de embate, porque sino vamos a quedarnos sólo en criticar. Pero al final, ¿qué vamos a hacer?, es necesario soluciones, la gente quiere sobrevivir y para eso va a tener que emigrar para el sur.

Uno de los grandes problemas de la Amazonia es la trata de personas, ¿cómo está siendo enfrentado este problema en su diócesis?

Reflexionamos mucho sobre eso durante la Campaña de la Fraternidad de 2014, creando algunos grupos al respecto. Pero infelizmente nos sentimos muy pequeños, pues yo tengo la impresión de que ésta es una fuente de lucro y la explotación de personas es la misma cosa que explotar la tierra o los minerales en la Amazonia, donde también se explota a las personas, se las usa y se las descarta, como algo que surge del conjunto del sistema.

No puedo decir que los responsables estén de acuerdo con eso, pero cuando se crea un grupo de combate, abre, cierra, cambia al responsable, mostrando que a veces las autoridades, en mi opinión, no trabajan con aquella fuerza y valentía que podrían tener. También puede ser que el problema sea tan grande que sea difícil combatirlo, pero ahí me surge la pregunta, ¿por qué no unir las fuerzas?, pues la Iglesia siempre colaboró con eso.

Nosotros tenemos aquí una historia interesante, pues el estado de Amapá contó con la presencia de un famoso laico italiano, que está en camino de la santidad, que es Marcelo Cândia. Vendió su industria farmacéutica que tenía en Italia e invirtió aquí en un hospital, después fue creado un hospital para personas con deficiencia, ahora ha sido creada una casa para niñas y jóvenes, una escuela agrícola para los niños.

La Iglesia siempre hizo obras sociales para eso y estamos en camino de la «Fazenda da Esperança», para recuperar dependientes químicos, si Dios quiere. En la educación también la Iglesia hizo una labor de suplencia de lo que debería hacer el gobierno. Pero actualmente el problema es tan grande que la Iglesia sola no tiene como hacer mucha cosa.

Si hubiese alguna señal de colaboración, pero a veces no tiene y muchas veces la Iglesia es dificultada, pues en vez de abrir las puertas a la colaboración e investigar las denuncias y defender a quien denuncia, pues tenemos el ejemplo de la hermana Henriqueta Cavalcante que fue procesada por daños morales. A veces la justicia absuelve a una persona que se sabe que por detrás está realizando actividades ilegales.

Por eso hay cosas que son muy difíciles de cambiar. Sin embargo, no vamos a desistir a pesar de que a veces uno se siente muy pequeño, muy incapaz, hasta sin preparación ante tan grandes problemas sociales. Pero uniendo las fuerzas, podemos conseguir la recuperación de personas, la acogida, pero necesitamos de recursos, que ya no llegan más de fuera, por lo que es necesario que los gobiernos locales perciban que o ellos invierten o sino no pueden reclamar que la Iglesia no hace nada. Ese creo que es el camino.

 

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Podría ser, estamos esperando una señal verde para hacer una experiencia [ordenar varones casados] que sería interesante y que creo que se puede hacer

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[La trata] es una fuente de lucro y la explotación de personas es la misma cosa que explotar la tierra o los minerales en la Amazonia… algo que surge del conjunto del sistema

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Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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