El Sínodo extraordinario, momento para "propuestas valientes"

El Papa Francisco, a la escucha de los pobres e indígenas de la Amazonia

"Una sorpresa que va a cambiar decisivamente la presencia de la Iglesia en la zona"

El Papa Francisco, a la escucha de los pobres e indígenas de la Amazonia
El Papa convoca un Sínodo extraordinario de la Amazonia Agencias

Afirmo explícitamente que como Iglesia no nos hacemos lo suficientemente presentes en las comunidades indígenas, sobre todo en las más distantes, en medio de aquellos que viven en las periferias del mundo

(Luis Miguel Modino, corresponsal en Brasil).- El Papa Francisco nos ha sorprendido, una vez más, con una decisión que va a cambiar la forma de ver la Amazonia y la presencia de la Iglesia en un «pulmón de importancia capital para nuestro planeta». Por eso ha decidido «convocar una Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos para la Región Pan-Amazónica que tendrá lugar en Roma en el mes de octubre de 2019».

Podemos afirmar que Francisco pretende abordar dos de los aspectos centrales de su pontificado, «nuevos caminos para la evangelización de aquella porción del Pueblo de Dios», que nos va a llevar a reflexionar sobre la misión y la Iglesia en salida, y «los indígenas, a menudo olvidados y sin perspectiva de un futuro sereno», es decir, no puede dejar de acordarse de los más pobres, de aquellos que la sociedad descarta.

Sobre la evangelización de la Amazonia, el Obispo de Roma es consciente que no puede ser llevada a cabo sólo por ministros ordenados. Por eso, habla de nuevos caminos, pues es necesario un mayor reconocimiento por parte de la Iglesia del trabajo que llevan a cabo los laicos y emprender procesos serios de formación que les den instrumentos para realizar su misión, casi siempre decisiva para que muchas comunidades todavía mantengan su fe, pero a menudo poco reconocida y enfrentada por el clericalismo.

Uno de los temas que sin duda tienen que ser abordados es el de la celebración eucarística sin la presidencia de un ministro ordenado. Uno de los primeros en hablar abiertamente de esa problemática después de la llegada del Papa Francisco fue Monseñor Erwin Kräutler, entonces obispo y hoy emérito, de la Prelatura del Xingú, la mayor circunscripción eclesiástica de Brasil, con trescientos once mil kilómetros cuadrados de extensión, que en aquella época contaba con 800 comunidades y 27 sacerdotes, donde el 70% de esas comunidades sólo tenían celebración eucarística una o dos veces por año, como ocurre en gran parte de la Amazonia.

En una entrevista concedida poco después de encontrarse con el Papa, en abril de 2014, señalaba que le había dicho que la eucaristía era un derecho y no un privilegio y que no estaba de acuerdo con que la celebración eucarística sea dependiente de un sacerdote célibe. Ante estas palabras, la respuesta fue «los obispos, las conferencias episcopales regionales deben hacer propuestas valientes».

Estos temas han sido abordados en diferentes reuniones de obispos, pero la postura oficial de las diferentes conferencias episcopales no ha cambiado y podemos decir que hasta ahora son poco valientes, aunque ya aparecen obispos en la región amazónica, como Monseñor Pedro Conti, obispo de Macapá, o Monseñor José Ionilton Lisboa de Oliveira, que en julio de este año asumió el pastoreo de la Prelatura de Itacoatiara, que piden y están dispuestos a emprender esos nuevos caminos para la evangelización que el Papa Francisco ha colocado como uno de los objetivos del Sínodo para la Pan Amazonia.

Esta búsqueda de nuevos caminos, quiere el Papa Francisco que incida de manera especial en todo lo que hace referencia a los pueblos indígenas, «a menudo olvidados y sin perspectiva de un futuro sereno», de quienes en su último viaje a Colombia, el mes de septiembre pasado reconocía su «arcana sabiduría» y sobre quienes se preguntaba «si somos aún capaces de aprender de ellos la sacralidad de la vida, el respeto por la naturaleza, la conciencia de que no solamente la razón instrumental es suficiente para colmar la vida del hombre y responder a sus más inquietantes interrogantes», mostrando que no sólo quiere defenderles, sino aprender con ellos, novedad en una Iglesia empeñada secularmente en sólo enseñar.

Como ya he hecho en otras ocasiones, afirmo explícitamente que como Iglesia no nos hacemos lo suficientemente presentes en las comunidades indígenas, sobre todo en las más distantes, en medio de aquellos que viven en las periferias del mundo. En general vamos poco y con mucha prisa, dedicamos pocos medios para llegar hasta esas gentes. Es algo sobre lo que reclamo constantemente al obispo de la diócesis en que trabajo, con una población indígena superior al 90%, para quien creo que ésta es una prioridad teórica, pero sin concretarlo con una práctica pastoral en la que se inviertan más medios económicos y humanos para poder hacerse presente como Iglesia particular en esos lugares.

Francisco quiere cambiar las cosas, pero no lo quiere hacer sólo, y como alguien que cree en la colegialidad quiere entrar con este sínodo en un proceso de diálogo que nos permita reflexionar, pues como decía a los obispos colombianos el mes pasado, «la Amazonia es para todos nosotros una prueba decisiva para verificar si nuestra sociedad, casi siempre reducida al materialismo y pragmatismo, está en grado de custodiar lo que ha recibido gratuitamente, no para desvalijarlo, sino para hacerlo fecundo».

Nos esperan dos años de intensa preparación, de grandes reflexiones. El Papa Francisco quiere escuchar las voces de la Amazonia. No dejemos pasar esta oportunidad que la historia y el Obispo de Roma nos brindan, pues puede ser un momento decisivo para encontrar nuevos caminos para la Iglesia católica y para el Planeta Tierra, nuestra Casa Común.

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Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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