Tras la campaña electoral, que motivo la cancelación del viaje a Argentina

Macri busca crear un canal fluido de comunicación con el Papa Francisco

Roma ve en el Gobierno una intención de bajar el nivel de tensión política en el país

Macri busca crear un canal fluido de comunicación con el Papa Francisco
El Papa y el presidente Macri

El tiempo dirá si esta nueva etapa en el vínculo entre Macri y el Papa no sólo destrabará el viaje del pontífice a su país, sino si sobre todo alumbrará un esfuerzo mancomunado para bien del país

Tras las recientes elecciones está comenzando una nueva etapa en las tan mentadas relaciones entre el Papa Francisco y el presidente Mauricio Macri, mucho más fluida y, sobre todo, cooperativa. No es una mera especulación.

En el Vaticano empiezan a ver señales de la Casa Rosada en favor de una conjunción de criterios y esfuerzos con el fin de tratar de bajar el nivel de tensión política en el país. O sea, de procurar comenzar a cerrar la tristemente famosa grieta que no sólo daña la convivencia, sino que perjudica el ambiente en el que -como parece querer el oficialismo con la convocatoria de este lunes- los distintos sectores, encabezados por el Gobierno, deben afrontar los grandes desafíos de la Argentina.

El paso de Esteban Bullrich por el Vaticano y su contacto con Francisco a las pocas horas de su triunfo electoral fue visto en Roma como un gesto en ese sentido. La excusa fue un nuevo encuentro de la fundación educativa Scholas Occurrentes que auspicia Jorge Bergoglio, un foro en el que el flamante senador electo tiene asistencia perfecta. Pero nadie cree que Bullrich -pese a ser uno de los macristas de mejor vínculo con el pontífice- cruzó el Atlántico sin el visto bueno del presidente. Más aún: habría sido portador de un mensaje presidencial de disposición a trabajar por la concordia nacional y la búsqueda de grandes acuerdos.

La declaración de Bullrich tras estar con Francisco dejó en claro las intenciones del Gobierno: «Vine a fortalecer el vínculo«, dijo. En tanto que una fuente vaticana le señaló a Clarín que «es evidente que el Gobierno quiere tener una relación más estrecha con el Papa». La lectura eclesiástica no es irrelevante: cuando Macri se impuso en las presidenciales el Vaticano creyó percibir que el macrismo -al menos varias de sus principales espadas- prefería ver lejos al pontífice del discurrir de su patria. El argumento de la Casa Rosada que encubría esa intención era, según Roma, optar por «una relación institucional«.

 

 

Siempre según la interpretación de la curia romana, con ese libreto, el Gobierno pidió una visita de Estado del presidente al Vaticano, que implica un férreo protocolo -que establece que la reunión con el Papa debe durar entre 20 minutos y media hora-, y que derivó a fines de febrero del año pasado en aquel famoso encuentro tan recordado por el gesto adusto de Francisco en la foto con Macri. Fuentes eclesiásticas coinciden en que lo que Jorge Bergoglio hubiese preferido es una reunión menos formal en la residencia de Santa Marta, tal como la hizo la entonces presidenta Cristina Kirchner luego de que el arzobispo de Buenos Aires llegó al papado.

Desde entonces, el clima fue mejorando. Macri estuvo otra vez con el Papa pocos meses después para la canonización del cura Brochero. A comienzos de este año, medio gabinete nacional y la gobernadora María Eugenia Vidal también lo visitaron dando lugar a charlas muy cordiales. Pero la polarización de la campaña profundizó la grieta que, a juicio del Vaticano, demora la visita del Papa a la Argentina. Porque consideran que no es el mejor marco que Francisco vaya ante los ánimos caldeados de quienes lo sindican como kirchnerista por su actitud indulgente hacia Cristina y la probabilidad de una explotación política de su visita.

Después de las elecciones legislativas las circunstancias políticas y las intenciones del oficialismo abrieron la posibilidad de avanzar en el cierre de la grieta y en la búsqueda de grandes acuerdos -más allá de que sean puntuales, no una suerte de Moncloa criolla- que tienen como principales objetivos la lucha contra la pobreza y el combate al narcotráfico. No parece causal que Bullrich haya sido sentado este jueves junto al Papa en momentos en que Francisco se comunicaba por videoconferencia con jóvenes de la villa 31 de Retiro, donde Scholas lleva adelante programas de promoción social y lucha contra las adicciones.

Se sabe: Francisco es hombre de palabras, pero sobre todo de gestos. El tiempo dirá si esta nueva etapa en el vínculo entre Macri y el Papa no sólo destrabará el viaje del pontífice a su país, sino si sobre todo alumbrará un esfuerzo mancomunado para bien del país.

(VR/Clarín)

 

Autor

Jesús Bastante

Escritor, periodista y maratoniano. Es subdirector de Religión Digital.

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