"No se oye su voz magisterial ante hechos como la corrupción o la mentira"

Eduardo Arens: «Buena parte de la Iglesia oficial en Perú está ausente en el pensamiento socio-político»

"Si somos francos, tenemos que admitir que la nuestra es una Iglesia que ya no atrae"

Eduardo Arens: "Buena parte de la Iglesia oficial en Perú está ausente en el pensamiento socio-político"
Eduardo Arens

Estamos cosechando los frutos del hecho que hemos confundido evangelización con indoctrinación, que más hemos hablado de iglesia que de Jesús de Nazaret. En muchos lares se cultiva un cristianismo pre-moderno

(Eduardo Arens, teólogo).- Me preguntan qué iglesia encontrará el Papa cuando nos visite. Pecando de simplista, diría que encontrará dos iglesias en paralelo -en algunos lugares incluso contrapuestas. Las calificaría como una iglesia clerical y una iglesia laical.

Califico como clerical aquella iglesia ostensible ya en las vestimentas (sotanas, hábitos) y en las poses que marcan distancia, con ínfulas de superioridad, muy dueños de «la verdad». Es la iglesia religiosamente correcta, la «oficial», preocupada de su imagen, que gusta de los primeros puestos y busca quedar bien con las esferas de poder, es así que se acomoda y no incomoda -por lo mismo, carente de personalidad.

Se hace sonora en los medios de comunicación para afirmar su presencia y supuesta autoridad. Ve el cristianismo como una ideología que hay que propagar, por eso su prioridad es su «verdad», y asume el papel de fiscal.

Es en esa iglesia que encontramos movimientos fundamentalistas que son proselitistas y enamoran a los poderosos, alimentando una sociedad de «rich and famous», haciéndole el juego al oportunismo político de «derechas» –muchos afines a Fujimori. Es la iglesia que defiende «los valores tradicionales» y cuya religión es «la de siempre» -¡basta oír los sermones!

Alineada con el neoliberalismo, los pobres y la justicia son solo tema de conversación y lamentos. De hecho, en Perú nacieron movimientos ultraconservadores sumamente acaudalados y proselitistas como el Sodalicio y Pro Ecclesia Sancta, que ven comunismo y herejías por doquier, y denigran sin disimulos todo lo que les suene a «progre» (vea ACI prensa, sede en Lima).

La mayoría del clero de esta iglesia se ha moldeado a espaldas del «Perú profundo» y del pensamiento moderno; su teología es acríticamente apologética. Cultiva el clericalismo al estilo colonial -ese que, con toda razón, el Papa ha criticado reiteradas veces. Los laicos son simplemente clientes (¡ni hablemos de las mujeres!). Esta iglesia no asumió Puebla, ni luego Aparecida -que asocian a la «teología de la liberación», que califican como «marxista»-, e ignoró olímpicamente la encíclica del Papa Francisco sobre la ecología, y la exhortación sobre la familia la acomodó a su moral, además de ignorar otros mensajes papales.

Es la iglesia visible que el Papa Francisco encontrará a su llegada a Lima donde, paradójicamente, ha estado ausente… hasta que se confirmó que vendría a visitarnos.

La otra iglesia, que califico como «laical», en cambio, es de a pie, humana y cercana; es la iglesia «no oficial» que está en y con el pueblo sencillo. En manga de camisa. Su jerarquía acompaña y palpita con el pueblo, se incultura, no teme ensuciarse los zapatos y no marca distingos ni excluye.

Es una iglesia horizontal, sinodal -lo he admirado últimamente en Puerto Maldonado y en Jaén. A esta iglesia pertenecen muchos de los obispos en la sierra y en la selva, lejos de los centros de poder; son verdaderos pastores que encarnan el evangelio de Jesucristo donde están. Es la iglesia «de salida», de la compasión, con rostro humano, la del Buen Samaritano. Es la iglesia que el Papa encontrará en Puerto Maldonado.

La iglesia clerical en Perú se concentra en las grandes ciudades. Algunas diócesis son como guetos en los que solo tienen cabida los sujetos al pensamiento único impuesto por el obispo local (como es el patético caso del Callao que es un feudo neocatecumenal).

En cambio, en la sierra y selva, y también en los «pueblos jóvenes» (barriadas, villas miseria, favelas), la iglesia clerical está prácticamente ausente, pero encontramos allí la iglesia laical, curas, monjas y agentes pastorales de admirable dedicación a pueblos ignorados por los centros de poder, en las alturas andinas o en las profundidades selváticas, donde conviven con el pueblo codo a codo. Verdaderos «mártires» (testigos) del Evangelio.

Es una iglesia que no hace bulla, pero festeja como comunidad. No pontifica, sino que acompaña. Al visitar esas iglesias, a menudo me ha impactado su talante: es alegre, positiva y acogedora, natural como la naturaleza misma. Es la iglesia que siento palpitar en la CONFER y en centros como el Bartolomé de las Casas. Como expresó alguna vez el Papa, «¡cómo quisiera ver una iglesia pobre y para los pobres!». Es la iglesia de Aparecida.

Aparte de esas dimensiones eclesiales, en contraste con la iglesia de los años 60 y 70, buena parte de la iglesia oficial en Perú hoy está prácticamente ausente en el pensamiento socio-político, como si no le incumbiese. ¡Parece vivir en otro planeta! No se oye su voz magisterial ante hechos graves en Perú, como la corrupción, la mentira, la ausencia de justicia, la pérdida de credibilidad de las instituciones, la violencia familiar y la trata, etc., es decir la ausencia de valores morales y éticos.

Nada extraña que, aparte de algunos círculos intelectuales y comprometidos con el país, y en algunas diócesis «de avanzada», el importante documento-guía de Aparecida «nunca apareció» -me consta que se veía con malos ojos citarlo. Fue ignorado olímpicamente. Como resultado, en buena parte del Perú, la iglesia ha dejado de ser levadura, sal, luz, en la sociedad. Pero,… nuestros nuevos obispos, de perfil más pastoral que burocrático, están cambiando notoriamente la imagen de la iglesia en sus diócesis, insuflando aires juveniles. Está resucitando…

El Papa vendrá de visita a una iglesia que en nuestra sociedad se ha ido desprestigiando, sea por la imagen negativa que proyectan algunos obispos, sea por la sensación de que se encubren casos de pedofilia (caso Sodalicio), sea por mantener e imponer un cristianismo de talante medieval. Las críticas a la iglesia en Perú son cada vez más osadas y desenfadadas -en contraste con la creciente admiración por el Papa Francisco.

El Papa vendrá a un Perú cada vez más poscristiano, posteísta, donde la religión como tal interesa cada vez menos -doy fe de ello por lo observado en el curso de mis casi 40 años de cura en una parroquia en Lima, en mis visitas a zonas marginales, y en nuestras escuelas.

En el Perú de hoy predomina la cristiandad como cultura -sacramentos como eventos sociales, tradiciones y símbolos cristianos- y va desinflándose el cristianismo como vivencia del Evangelio (basta recurrir a las encuestas para constatar el declive). Estamos cosechando los frutos del hecho que hemos confundido evangelización con indoctrinación, que más hemos hablado de iglesia que de Jesús de Nazaret. En muchos lares se cultiva un cristianismo pre-moderno.

Allí donde el cristianismo todavía está latente, frecuentemente lo está en la dimensión netamente devocional, poco o nada comprometida en las dimensiones socio-políticas, eso si no las sataniza, pero sí obsesionada con temas de sexualidad.

Es una iglesia pasiva y sumisa, que cacarea los mismos clichés de siempre, como ausente del presente, carente de parresía y creatividad. Su teología es largamente obsoleta, desfasada. Su voz es ahora una más en el coro de opiniones (evidente en el Congreso); ya no es líder de opinión. Compite con la cada vez más sonora voz de los «ateos» y de las iglesias evangélicas y pentecostales que, con sus celebraciones vivaces y prédicas desafiantes -que contrastan con nuestras liturgias y sermones irrelevantes-, son vistas como alternativas válidas, razón por la que crecen y aglutinan a los jóvenes. Si somos francos, tenemos que admitir que la nuestra es una iglesia que ya no atrae…

Una última observación: la venidera visita del Papa a Perú se está propalando como si se tratara de una suerte de «show mediático» que ver (concentración en el tema de la Misa), más que como la visita del padre que viene a escuchar y orientarnos hacia el camino a seguir, a encender luces….

No oigo referencias al magisterio del Papa Francisco. Ni uno de sus últimos mensajes. Eso es lo que se está viendo aquí. No extraña que la última encuesta revelara que un tercio de personas en Lima no se interesan por la visita papal, ni extraña que la asistencia a la gran Misa en Lima hoy por hoy no cubra las expectativas. Debería hacernos pensar, y ser más humildes y menos triunfalistas.

Vale preguntar, pues, si la atención está orientada a lo que se verá (que dónde será la Misa, cómo será, quién irá) más que a lo que se oirá, y por ende al final nos quedemos en aquello de «vi al Papa» (¿un selfie?) en lugar de «escuché al Papa».

Quiero apostar a que, al menos un creciente segmento de la iglesia, le escuchará -no solo oirá- y tomará nota para traducirlo en realidad…. y que el Perú y su iglesia en algo cambiará gracias a la visita del Papa Francisco.

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Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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