Sin discursos oficiales tras un viaje "cansador no, aburrido" hacia Chile

El viento, Bachelet y decenas de miles de chilenos reciben al Papa en Santiago

Francisco se da su primer baño de masas tras rezar ante la tumba de Alvear Urrutia

El viento, Bachelet y decenas de miles de chilenos reciben al Papa en Santiago
Francisco saluda a los alcaldes que rompieron el protocolo RD

"¡Gracias por las flores, bien hallados!", dijo el Papa a los cuatro niños que corrieron a abrazarse a las rodillas de Francisco tras su breve y un tanto frío saludo con Bachellet

(Jesús Bastante).- Francisco ya está en Chile. Con casi una hora de adelanto sobre el horario previsto, el vuelo papal aterrizó en el aeropuerto internacional de Santiago, tras un viaje «cansador no, aburrido«. Al pie de la escalerilla le esperaba la presidenta saliente, Michelle Bachelet. Esta parece ser la primera de las polémicas de un viaje que no parece nada fácil, pues el presidente electo, Sebastián Piñera, no parece tener lugar en el programa de las autoridades chilenas.

Una larguísima alfombra roja marcaba el camino del sexto viaje de Bergoglio a Latinoamérica. Una brigada de carabineros escoltó los primeros pasos del Papa en Chile, pasando revista. Bergoglio bajó de la escalerilla con problemas, llevado por una fuerte ventolera que arrastraba sus faldones y por momentos le impedía la visión.

«¡Gracias por las flores, bien hallados!«, dijo el Papa a los cuatro niños que corrieron a abrazarse a las rodillas de Francisco tras su breve y un tanto frío saludo con Bachellet. No hubo discursos oficiales en esta ocasión, probablemente porque después de 15 horas de vuelo, y un acusado jet lag, lo más adecuado era un sencillo protocolo.

 

 

El Papa se mostró mucho más efusivo con una representación de los alcaldes del país, que le aclamaron y se saltaron el protocolo para estrecharle la mano. Bergoglio también salió de la alfombra roja para saludar a los voluntarios, que han dejado muchas horas de esfuerzo y cariño para contribuir al éxito de esta visita.

Francisco y Bachellet escucharon cómo una niña entonaba el himno de Chile. «Francisco, lo queremos», repetían una y otra vez quienes daban la bienvenida al Papa. Falta le va a hacer este cariño. «Nos vemos mañana», le dijo la presidenta al Papa cuando éste se subió al auto, un Hyundai azul. Francisco quiso ir de copiloto, colocándose el cinturón y con la ventana abierta.

 

 

Justo después de despedirse del aeropuerto, Francisco llegó a la parroquia de San Luis Beltrán, acompañado por el cardenal Ezzati, donde tuvo un instante de oración ante la tumba de monseñor Enrique Alvear Urrutia, el ‘obispo de los pobres’, y después llegar hasta la Alameda con Brasil, donde se subió al Papamóvil para dirigirse a la Nunciatura Apostólica. Un lugar que hace apenas dos días fue ‘ocupado’ por una plataforma anti-desahucios en protesta por el coste de la visita.

 

 

 

 

En el camino, Bergoglio se dio su primer baño de masas. Pese a las dificultades, son decenas de miles los chilenos que esperan a este Papa de la paz. «Mi paz les doy», reza el mensaje papal. Una paz que hoy, más que nunca, necesita Chile.

Al llegar a Nunciatura, la apoteosis: Francisco volvió a saltarse el protocolo para abrazar, besar, bendecir niños, recoger regalos y cartas, intercambiarse solideos y sonreir a los miles de personas que se agolpaban en la que será su casa en los próximos días. No querían que se fuera: él tampoco parecía querer acostarse.

 

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Autor

Jesús Bastante

Escritor, periodista y maratoniano. Es subdirector de Religión Digital.

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