"Una condena sin futuro no es una condena humana: es una tortura"

El Papa invita a las mujeres encarceladas a no abandonar el «sueño de la reinserción»

"Interceda para que el sistema modifique las condenas para las condenadas menores de edad"

El Papa invita a las mujeres encarceladas a no abandonar el "sueño de la reinserción"
El Papa saluda a una interna

Toda pena tiene que tener horizonte de reinsertarse de nuevo. Exíganlo. A ustedes mismas y a la sociedad

(José M. Vidal).- «Soy un ave atrapada con un dolor escondido, y con mis alas quebradas te recibo, Papa amigo». Así comienza la canción que compusieron al Papa Francisco las presas de la cárcel de San Joaquín, a las que Bergoglio visitó hoy, para recordarles que son personas, que no pueden perder su dignidad y que no deben abandonar su «sueño de la reinserción». Porque «una condena sin futuro no es una condena humana; es una tortura».

En el centro viven 600 internas. La mayoría condenadas por tráfico de drogas a pequeña escala y, sobre todo, por pequeños hurtos.

El Papa, en su pequeño utilitario (rodeado de los potentes todoterreno Hyundai de la policía), recorre las calles de Santiago, flanqueado por cientos de personas, que lo aclaman a su paso, con gritos y flamear de banderas de Chile y del Vaticano. Hay policías casi cada dos metros.

A su llegada, le reciben dos internas, con sus hijitos en brazos.El Papa bendice a los bebés y habla con las internas y le pregunta el nombre de sus pequeños. También bendice el vientre de una mujer embarazada.

En un hangar le esperan las internas, cantando y llorando de alegría. Algunas le entregan papales y le hacen llegar sus reivindicaciones.

En el penal, le está esperando la presidenta Bachelet. El Papa se sube al estrado y le saluda el comandante de la cárcel y, después, una de las hermanas que cuidan a las internas.

El comandante dice: «Lo hemos soñado durante muchos meses esta visita».

El recinto está decorado con cintas de papel con frases dichas por el Papa en los distintos penales que visitó.

Algunas palabras de la Hermana Nelly León.

«Gracias por venir a visitar la hermosa tierra de Chile y por estar aquí junto a las peronas más olvidadas del país»

La hermana habla del servicio de la Pastoral penitenciaria.

«Somo sun poco más de 400 mujeres»

«Lamentablemente, Santo Padre, en Chile se encarcela la pobreza»

«Reconocemos en usted un hombre de bien, de paz y de justicia»

«La vida triunfa sobre la muerte, el bien sobre el mal»

«Dios está de nuestra parte, de parte de los pobres y marginados de esta tierra»

«Gracias por acompañarnos y por bendecirnos»

Una interna, Janet Zurita, habla, en nombre de todas las presas

«Gracias por visitarnos»

«Este lugar es muy ingrato»

«Dios no nos juzga, sino que nos levanta»

«Se sufre por estar lejos de nuestros hijos»

«Nada ni nadie reemplaza a una madre»

«Se vuelven hijos del hierro…les obligamos a cometer los mismos errores»

«Día y noche encomendamos a nuestros hijos y familia»

«Pedimos perdón a los que hemos herido con nuestro delito»

«Pedimos que nos perdenon»

«Ore por nuestros hijos y por nosotras»

«Misericordia para las madres, para soportar tanto dolor»

«Petición sentida: Interceda para que el sistema modifique las condenas para las condenadas menores de edad»

«Que podamos pagar nuestra deuda, sin abandonar a nuestros hijos»

A continuación, las mujeres le cantan el himno al Papa

Saludo de H.na Nelly León, Congregación Buen Pastor, Encargada de la Pastoral Carcelaria

Bienvenido querido Papa Francisco, Padre amigo de los pobres y de la Justicia. Gracias por venir a visitar esta hermosa tierra de Chile y por estar hoy aquí junto a las personas más olvidadas de nuestro país.

Le dirijo estas palabras en nombre de toda la Pastoral Carcelaria de nuestra Iglesia. Esta Pastoral es un hermoso servicio eclesial que involucra miles de internos e internas encarcelados en las prisiones de Chile; un servicio realizado por cientos de agentes pastorales que comparten su vida con las personas privadas de libertad, con gendarmes que con cariño viven su fe junto a nosotros y nos apoyan en el día a día con su nobleza y generosidad; un servicio coordenado por los Capellanes enviados por sus Obispos a acompañar los recintos carcelarios.

Querido Papa Francisco, en este gimnasio somos un poco más de 600 mujeres; pero hoy estas mujeres representan aquí, junto a usted, los casi 50 mil hombres y mujeres privados de libertad en Chile. Todos y todas hemos querido estar aquí para darle la bienvenida y agradecerle su presencia. Como usted verá, en las paredes de este lugar hay cientos de rostros, imágenes y palabras que provienen desde las varias cárceles de Chile; desde las cárceles de Arica hasta la de Porvenir. Todos y todas estamos aquí, católicos, evangélicos y de muchas otras religiones; hombres y mujeres; todos con gran sentido de vida; hemos querido estar aquí porque reconocemos en usted un hombre de bien, de paz y de justicia.

Santo Padre, desde esta cárcel, tal como lo celebramos cada domingo en nuestra capilla Buen Pastor, testimoniamos la certeza que la vida triunfa sobre la muerte, el bien sobre el mal, la rectitud del corazón a la aridez del egoísmo. Dios está de nuestra parte, de parte de los pobres y marginados de esta tierra; y por eso su presencia; Santo Padre, nos viene a confirmar el camino que hacemos desde la cárcel a la libertad, desde el dolor hacia la alegría.

Gracias por acompañarnos; gracias por bendecir nuestros Espacios Mandela y Fundación Mujer Levántate. Son nuestros espacios de dignidad y resurrección para cientos de internos. Gracias Papa querido. Todos y todas le pedimos su bendición.

Testimonio de Janeth Zurita, Interna

Querido Papa Francisco: Deseo darle la bienvenida en nombre de todos los hombres y mujeres privados de libertad en Chile, en particular de nosotras que estamos hoy en este lugar; lugar de privación de libertad, pero no de sueños y esperanzas.

Quiero agradecerle por haber pensado en las mujeres privadas de libertad, porque cuando lo hizo sé que también pensó en nuestros hijos e hijas. Papa amigo, nuestros hijos son los que más sufren por nuestros errores. Con nuestra privación de libertad sus sueños se les truncan y este es un profundo dolor para nosotras.

Papa Francisco, muchas de nosotras conocimos aquí la ternura y misericordia de Dios a través de los capellanes, agentes de pastoral y voluntarias. Todos ellos que, sin esperar nada a cambio, llegan semana a semana a compartir la fe y la gracia de Jesús que nos levanta de la tristeza.

Padre Francisco, la pastoral ha creado los Espacios Mandela donde vivimos con mayor dignidad; y además nos capacitan en un oficio que nos da las herramientas para enfrentar la vida cuando recuperemos la libertad. Además está la Fundación Mujer Levántate que nos ayuda a ponernos de pie con acompañamientos y a vincularnos nuevamente con nuestras familias.

Papa Francisco, Papa amigo de los pobres y descartados, le pido en nombre de todos y todas las privadas de libertad que de hoy en adelante tenga presente en sus oraciones a nuestros hijos y a nosotras; y le pido que le diga a Dios que tenga misericordia de nuestros niños y niñas ya que ellos también cumplen una condena siendo inocentes.

Que Diosito tenga misericordia también de nosotras y que nos dé su amor y gracia para soportar tanto dolor y para que nunca se nos apague la fe.

Nuevamente gracias por estar aquí. Su presencia bendice a los encarcelados de nuestra patria. Nos hemos equivocado, hemos hecho daño y hoy públicamente y ante usted, Papa Francisco, pedimos perdón a todos los que herimos con nuestro delito. Sabemos que Dios nos perdona, pero pedimos que la sociedad también nos perdone.

Que el Señor le dé vida y salud para seguir siendo el Padre y Pastor que nosotros, los pobres, necesitamos. Que Dios lo bendiga. Muchas gracias.

Tras el himno, las palabras del Papa

«Gracias, gracias, gracias por lo que hicieron y por la oportunidad que me dan de visitarlas»

«Para estar cerca de tantos hrmanos privados de libertad»

«Gracias, Janet, por ese valiente pedido de perdón»

«Todos tenemos que pedir perdón. Yo el primero. Eso nos humaniza».

«El que no tenga pecado que tire la primera piedra»

«TOdos tenemos pecados. ¿Acá hay laguno que no tenga pecado? Que levante la mano. Nadie»

«Cuando entraba, me esperaban unas madres con sus hijos, que me dieron la bienvenida»

«Muchas de ustedes son madres y saben qué significa gestar la vida»

«La maternidad es un don, uno d elos regalos más maravillosos que puedne tener»

«Se trata de gestar vida: que gesten el futuro, que lo hagan crecer»

«Quisiera hoy apelar a su capacidad de gestar futuro»

«Ninguno de nosotros es cosa. Todos somos personas y como personas tenemso la dimensión de esperanza. No sóis un número. No os dejéis cosificar. Soy fulanita de tal que gesta esperanza, porque quiere parir esperanza»

«Estar en la cácel no quiere decir dejar de soñar»

«Privados de libertad no es lo mismo que privarse de la dignidad. La dingidad no se toca a nadie. Se custodia, se acaricia»

«Nadie puede ser privada de la dignidad»

«No todo da lo mismo»

«Mirar hacia la reinserción»

«Una condena sin futuro no es una condena humana: es una tortura»

«Toda pena tiene que tener horizonte de reinsertarse de nuevo. Exíganlo. A ustedes mismas y a la sociedad»

«Jesús no da ninguna batalla por perdida»

«Ser signos de la mano tendida que levanta»

«YO te lo pido: Levántate»

«El sueño de ustedes tiene que ser la reinserción»


«La sociedad tiene la obligación de reinsertarlas a todas»

«Métánselo en la cabeza y exíganlo»

«La seguridad pública hay que edificarla con medidas de prevención, trabajo, educación y mayor comunidad»

«Saludo a los funcionarios y a sus familias»

«Rezo por ustedes»

«La dingidad se contagia más que la gripe y genera dignidad»

«Les pido que recen por mí, porque lo necesito. Gracias»

TRas las palabras del Papa, las internas cantan de nuevo otra canción, mientras le regaln cosas al Santo Padre, hechas por ellas mismas.

El Papa le regala al centro una imagen de la Virgen en mármol. Y se despide, saludando de nuevo a las internas.

Texto íntegro de las palabras del Papa

Queridas hermanas y hermanos:
Gracias por la oportunidad que me dan de poder visitarlas. Para mí es importante compartir este tiempo con ustedes y poder estar más cerca de tantos hermanos nuestros que hoy están privados de libertad. Gracias, Hna. Nelly, por sus palabras y especialmente por testimoniar que la vida triunfa siempre sobre la muerte.

Gracias, Janeth, por animarte a compartir con todos nosotros tus dolores y ese valiente pedido de perdón. ¡Cuánto tenemos que aprender de esa actitud tuya llena de coraje y humildad! Te cito: «Pedimos perdón a todos los que herimos con nuestros delitos». Gracias por recordarnos esa actitud sin la cual nos deshumanizamos, perdemos la conciencia de que nos equivocamos y que cada día estamos invitados a volver a empezar.

También ahora me viene al corazón la frase de Jesús: «El que no tenga pecado, que arroje la primera piedra» (Jn 8,7). Él nos invita a dejar la lógica simplista de dividir la realidad en buenos y malos, para ingresar en esa otra dinámica capaz de asumir la fragilidad, los límites e incluso el pecado, para ayudarnos a salir adelante.
Cuando ingresaba, me esperaban dos madres con sus hijos y unas flores. Ellos fueron los que me dieron la bienvenida, que bien se puede expresar en tres palabras: madre, hijos y flores.


Madre: muchas de ustedes son madres y saben qué significa gestar la vida. Han sabido «cargar» en su seno una vida y la gestaron. La maternidad nunca es ni será un problema, es un don, uno de los regalos más maravillosos que puedan tener. Hoy tienen un desafío muy parecido: se trata también de gestar vida. Hoy se les pide que gesten el futuro. Que lo hagan crecer, que lo ayuden a desarrollarse. No solamente por ustedes, sino por sus hijos y por la sociedad toda. Ustedes, las mujeres, tienen una capacidad increíble de poder adaptarse a las situaciones y salir adelante. Quisiera hoy apelar a esa capacidad de gestar futuro que vive en cada una de ustedes. Esa capacidad que les permite luchar contra los tantos determinismos «cosificadores» que terminan matando la esperanza.

Estar privadas de libertad, -como bien nos decías, Janeth-, no es sinónimo de pérdida de sueños y de esperanzas. Ser privado de libertad no es lo mismo que estar privado de dignidad. De ahí que es necesario luchar contra todo tipo de corsé, de etiqueta que diga que no se puede cambiar, o que no vale la pena, o que todo da lo mismo. Queridas hermanas, ¡no! Todo no da lo mismo. Cada esfuerzo que se haga por luchar por un mañana mejor -aunque muchas veces pareciera que cae en saco roto- siempre dará fruto y se verá recompensado.

La segunda palabra es hijos: ellos son fuerza, son esperanza, son estímulo. Son el recuerdo vivo de que la vida se construye para delante y no hacia atrás. Hoy estás privada de libertad, pero eso no significa que esta situación sea el fin. De ninguna manera. Siempre mirar el horizonte, hacia adelante, hacia la reinserción en la vida corriente de la sociedad. Por ello, celebro e invito a intensificar todos los esfuerzos posibles para que los proyectos como el Espacio Mandela y la Fundación Mujer Levántate puedan crecer y robustecerse.


El nombre de la Fundación me hace recordar ese pasaje evangélico donde muchos se burlaban de Jesús por decir que la hija del jefe de la sinagoga no estaba muerta, sino dormida. Frente a la burla, la actitud de Jesús es paradigmática; entrando donde ella estaba, la tomó de la mano y le dijo: «¡Niña, yo te lo ordeno, levántate!» (Mc 5,41). Este tipo de iniciativas son signo vivo de ese Jesús que entra en la vida de cada uno de nosotros, que va más allá de toda burla, que no da ninguna batalla por perdida con tal de tomarnos las manos e invitarnos a levantarnos. Qué bueno que haya cristianos y personas de buena voluntad que sigan las huellas de Jesús y se animen a entrar y a ser signo de esa mano tendida que levanta.

Todos sabemos que muchas veces, lamentablemente, la pena de la cárcel se reduce sobre todo a un castigo, sin ofrecer medios adecuados para generar procesos. Y eso está mal. En cambio, estos espacios que promueven programas de capacitación laboral y acompañamiento para recomponer vínculos son signo de esperanza y de futuro. Ayudemos a que crezcan. La seguridad pública no hay que reducirla sólo a medidas de mayor control sino, y sobre todo, edificarla con medidas de prevención, con trabajo, educación y mayor comunidad.

Y, por último, flores: Creo que así es como la vida florece, como la vida logra ofrecernos su mayor belleza; cuando logramos trabajar mancomunadamente los unos con los otros buscando que la vida gane, que siempre pueda más. Con este sentimiento quiero bendecir y saludar a todos los agentes de pastoral, voluntarios, profesionales y, de manera especial, a los funcionarios de Gendarmería y sus familias. Rezo por ustedes. Ustedes tienen una tarea delicada y compleja, y por eso invito a las autoridades a que puedan también darles las condiciones necesarias para desarrollar su trabajo con dignidad. Dignidad que genera dignidad.

A María, ella que es Madre y para la cual somos hijos -ustedes son sus hijas-, le pedimos que interceda por ustedes, por cada uno de sus hijos, por las personas que tienen en el corazón, y los cubra con su manto. Y, por favor, les pido que no se olviden de rezar por mí.

Y estas flores que me regalaron se las llevaré a la Virgen en nombre de todas ustedes, nuevamente gracias.


Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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