Bachelet: "Chile, nuestro hogar, está abierto para nuestro amigo el Papa"

El Papa manifiesta su «dolor y su vergüenza» por los abusos sexuales del clero chileno

Asegura que "la sabiduría de los pueblos orgininarios puede ser un gran aporte"

El Papa manifiesta su "dolor y su vergüenza" por los abusos sexuales del clero chileno
El Papa, en la Moneda

Es preciso escuchar: a los parados, a los pueblos originarios, frecuentemente olvidados...a los migrantes...a los jóvenes en su afán de tener más oportunidades...a los ancianos...a los niños...

(José M. Vidal).- Hace 31 años, Pinochet, engañando a Juan Pablo II, se fotografió en le balcón de la Moneda junto al Papa Wojtyla. El Papa Francisco ha vuelto hoy al palacio presidencial chileno, sin «balconazo», de la mano de Michelle Bachelet, que lo recibió como un amigo y le abrió las puertas del país. Francisco quiso dejar bien claro, desde su primer discurso, el «dolor y la vergüenza» por los abusos del clero chileno, al tiempo que reivindicaba la diversidad y la sabiduría de los puevlos originarios.

El Papa llega a la Plaza de la Constitución, en su pequeño Hyundai de color azul con la matrícula SCV1. Mucha policía en las calles por donde pasa el auto papal. Por detrás de la comitiva papal, una ambulancia medicalizada, preparada para cualquier eventualidad.

Mucha gente a lo largo del recorrido, con vivas a Francisco a su paso: «Francisco, amigo, Chile está contigo».

Al comienzo de una larga alfombra roja, le espera Michelle Bachelet y un pelotón militar le rinde honores, mientras suenan los himnos del Vaticano y de Chile, que la presidenta canta al lado de Francisco.

Se interpretan las versiones largas de ambos himnos y el Papa aguanta, estoicamente, de pie, al lado de la presidenta, en la alfombra roja.

El Papa y la presidenta se dirigen al patio de los cañones, ante la guardia de honor.

El Papa saluda a las autoridades, entre ellos Sebastián Piñera y, al lado de Michelle Bachelet, sube al estrado.

Algunas frases de la presidenta Bachelet

«Bienvenido, Papa Francisco»

«le abrimos las puertas de Chile a un amigo»

«Usted conoce Chile. Sabe que es un país hermos y privilegiado por su naturaleza y por sus habitantes»

«Somos un país con fuerte sentido de nación»

«Estamos orgullosos de lo que hemos construido juntos»

«Somos una sociedad madura,q ue valora su democracia»

«Tu visita nos hace bien, para deternernos y reflexionar»

«Los rcibimos con muhco ánimo y esperanza»


«Hace 30 años nos vositaba Juan Pablo II, en un país herido»

«Hoy Chile es otro, por encima de nuestras diferencias»

«El desarrollo y el crecimiento no son fines en sí mismos»

«Hemos pasado del dolro a la esperanza y del temor a la confianza»

«Aunque hay que reconocer que los chilenos somos desconfiados»

«Tenemos que fortalecer nuestra cultura de la solidaridad y acoger mejor nuestras diversidades»

«Empezar a saldar la deuda con le pueblo mapuche»

«Es un privilegio tenerlo entre nosotros»

«No olvidamos la mediación papal, que evitó una guerra…ni a los clérigos chilenos que comprometieron su vida para proteger a los más perseguidos»

«Bienvenido, Papa Francisco. Chile, nuestro hogar, está abierto para nuestro amigo»


Algunas frases del discurso del Papa

«Es una alegría poder estar nuevamente en suelo latinoamericano»

«UN tiempo de gratitud por tanto bien recibido

«Una tierra preñada de futuro»

«Quiero abrazar al pueblo chileno»

«Saludo al presidente electo Sebastián Piñera»

«Chile se ha destacado en las últimas décadas por el desarrollo de una democracia»

«Supieron consolidar y robustecer el sueño de su padre fundador»

«NO es posible conformarse con lo conseguido en el pasado e instalarse»

«Tienen un reto grande y apasionante»

«Que el sueño de sus mayores sea de verdad lugar de encuentro para todos»

«Convocados a construir casa, camino y nación»

«UNa nación es un misión a cumplir»

«Su pluralidad étnica, cultural e histórica exige ser custodiada»

«Sana apertura el bien común»

«Es preciso escuchar: a los parados, a los pueblos originarios, frecuentemente olvidados…a los migrantes…a los jóvenes en su afán de tener más oportunidades…a los ancianos…a los niños…»

«No puedo dejar de manifestar el dolor y la vergüenza ante el daño irreparable causado a los niños por parte de los ministros de la Iglesia» (Aplauso prolongado)

«Es justo pedir perdón y apoyar con todas las fuerzas a las víctimas»

«También tenemos que escuchar a nuestra casa común»

«Resistencia ante el avance del paradigma tecnocrático»

«La sabiduría de los pueblos orgininarios puede ser un gran aporte»

«El alma de la Chilenía (la presidente dijo que es desconfiada), es vocación a ser esa terca voluntad de existir»

Termina el acto y el Papa y la presidenta se retiran por la puerta que da al patio de los naranjos, para recorrer el palacio. Bachelet le comenta las diversas estancias.

Texto completo del discurso del Papa

Señora Presidenta, miembros del Gobierno de la República y del Cuerpo Diplomático, representantes de la sociedad civil, distinguidas autoridades, señoras y señores: Es para mí una alegría poder estar nuevamente en suelo latinoamericano y comenzar esta visita por esta querida tierra chilena que ha sabido hospedarme y formarme en mi juventud; quisiera que este tiempo con ustedes fuera también un tiempo de gratitud por tanto bien recibido. Me viene a la memoria esa estrofa de vuestro himno nacional:

«Puro, Chile, es tu cielo azulado, / puras brisas te cruzan también, / y tu campo de flores bordado/ es la copia feliz del Edén», un verdadero canto de alabanza por la tierra que habitan, llena de promesas y desafíos; pero especialmente preñada de futuro. Gracias señora Presidenta por las palabras de bienvenida que me ha dirigido. En usted quiero saludar y abrazar al pueblo chileno desde el extremo norte de la región de Arica y Parinacota hasta el archipiélago sur «y a su desenfreno de penínsulas y canales».[1]

La diversidad y riqueza geográfica que poseen nos permite vislumbrar la riqueza de esa polifonía cultural que los caracteriza. Agradezco la presencia de los miembros del gobierno; los Presidentes del Senado, de la Cámara de Diputados y de la Corte Suprema, así como las demás autoridades del Estado y sus colaboradores.

Saludo al Presidente electo aquí presente, señor Sebastián Piñera Echenique, que ha recibido recientemente el mandato del pueblo chileno de gobernar los destinos del País los próximos cuatro años. Chile se ha destacado en las últimas décadas por el desarrollo de una democracia que le ha permitido un sostenido progreso. Las recientes elecciones políticas fueron una manifestación de la solidez y madurez cívica que han alcanzado, lo cual adquiere un relieve particular este año en el que se conmemoran los 200 años de la declaración de la independencia. Momento particularmente importante, ya que marcó su destino como pueblo, fundamentado en la libertad y en el derecho, que ha debido también enfrentar diversos períodos turbulentos pero que logró -no sin dolor- superar. De esta forma supieron ustedes consolidar y robustecer el sueño de sus padres fundadores.


En este sentido, recuerdo las emblemáticas palabras del Card. Silva Henríquez cuando en un Te Deum afirmaba: «Nosotros -todos- somos constructores de la obra más bella: la patria. La patria terrena que prefigura y prepara la patria sin fronteras. Esa patria no comienza hoy, con nosotros; pero no puede crecer y fructificar sin nosotros. Por eso la recibimos con respeto, con gratitud, como una tarea que hace muchos años comenzaba, como un legado que nos enorgullece y compromete a la vez».[2]

Cada generación ha de hacer suyas las luchas y los logros de las generaciones pasadas y llevarlas a metas más altas aún. El bien, como también el amor, la justicia y la solidaridad, no se alcanzan de una vez para siempre; han de ser conquistados cada día. No es posible conformarse con lo que ya se ha conseguido en el pasado e instalarse, y disfrutarlo como si esa situación nos llevara a desconocer que todavía muchos hermanos nuestros sufren situaciones de injusticia que nos reclaman a todos. Tienen ustedes, por tanto, un reto grande y apasionante: seguir trabajando para que la democracia y el sueño de sus mayores, más allá de sus aspectos formales, sea de verdad lugar de encuentro para todos.

Que sea un lugar en el que todos, sin excepción, se sientan convocados a construir casa, familia y nación. Un lugar, una casa, una familia, llamada Chile: generoso, acogedor, que ama su historia, que trabaja por su presente de convivencia y mira con esperanza al futuro. Nos hace bien recordar aquí las palabras de san Alberto Hurtado: «Una Nación, más que por sus fronteras, más que su tierra, sus cordilleras, sus mares, más que su lengua o sus tradiciones, es una misión a cumplir».[3] Es futuro. Y ese futuro se juega, en gran parte, en la capacidad de escuchar que tengan su pueblo y sus autoridades. Tal capacidad de escucha adquiere gran valor en esta nación donde su pluralidad étnica, cultural e histórica exige ser custodiada de todo intento de parcialización o supremacía y que pone en juego la capacidad que tengamos para deponer dogmatismos exclusivistas en una sana apertura al bien común -que si no tiene un carácter comunitario nunca será un bien-.


Es preciso escuchar: escuchar a los parados, que no pueden sustentar el presente y menos el futuro de sus familias; a los pueblos originarios, frecuentemente olvidados y cuyos derechos necesitan ser atendidos y su cultura cuidada, para que no se pierda parte de la identidad y riqueza de esta nación. Escuchar a los migrantes, que llaman a las puertas de este país en busca de mejora y, a su vez, con la fuerza y la esperanza de querer construir un futuro mejor para todos. Escuchar a los jóvenes, en su afán de tener más oportunidades, especialmente en el plano educativo y, así, sentirse protagonistas del Chile que sueñan, protegiéndolos activamente del flagelo de la droga que les cobra lo mejor de sus vidas. Escuchar a los ancianos, con su sabiduría tan necesaria y su fragilidad a cuestas. No los podemos abandonar. Escuchar a los niños, que se asoman al mundo con sus ojos llenos de asombro e inocencia y esperan de nosotros respuestas reales para un futuro de dignidad. Y aquí no puedo dejar de manifestar el dolor y la vergüenza que siento ante el daño irreparable causado a niños por parte de ministros de la Iglesia.

Me quiero unir a mis hermanos en el episcopado, ya que es justo pedir perdón y apoyar con todas las fuerzas a las víctimas, al mismo tiempo que hemos de empeñarnos para que no se vuelva a repetir. Con esta capacidad de escucha somos invitados -hoy de manera especial- a prestar una preferencial atención a nuestra casa común: fomentar una cultura que sepa cuidar la tierra y para ello no conformarnos solamente con ofrecer respuestas puntuales a los graves problemas ecológicos y ambientales que se presentan; en esto se requiere la audacia de ofrecer «una mirada distinta, un pensamiento, una política, un programa educativo, un estilo de vida y una espiritualidad que conformen una resistencia ante el avance del paradigma tecnocrático»[4] que privilegia la irrupción del poder económico en contra de los ecosistemas naturales y, por lo tanto, del bien común de nuestros pueblos.

La sabiduría de los pueblos originarios puede ser un gran aporte. De ellos podemos aprender que no hay verdadero desarrollo en un pueblo que dé la espalda a la tierra y a todo y a todos los que la rodean. Chile tiene en sus raíces una sabiduría capaz de ayudar a trascender la concepción meramente consumista de la existencia para adquirir una actitud sapiencial frente al futuro. El alma de la chilenía es vocación a ser, esa terca voluntad de existir.[5] Vocación a la que todos están convocados y en la que nadie puede sentirse excluido o prescindible. Vocación que reclama una opción radical por la vida, especialmente en todas las formas en la que ésta se vea amenazada.

Agradezco una vez más la invitación de poder venir a encontrarme con ustedes, con el alma de este pueblo; y ruego para que la Virgen del Carmen, Madre y Reina de Chile, siga acompañando y gestando los sueños de esta bendita nación.

___________________
[1] Gabriela Mistral, Elogios de la tierra de Chile.
[2] Homilía en el Te Deum Ecuménico (4 noviembre 1970).
[3] Te Deum (septiembre 1948).
[4] Carta enc. Laudato si’, 111.
[5] Cf. Gabriela Mistral, Breve descripción de Chile, en Anales de la Universidad de Chile (14), 1934.


Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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