Un dolor de cabeza para la Iglesia

El robo de la limosna, un fenómeno imparable en México

Las autoridades denuncian también cada vez más hurtos a particulares y extorsiones

El robo de la limosna, un fenómeno imparable en México
limosna

En la Ciudad de México hay más desacralización, por lo tanto hay menos respeto a los templos. Es más fácil que roben el dinero de las alcancías o romper imágenes sagradas

El fenómeno de los ladrones que no dudan en apropiarse del dinero de las limosnas dentro de las iglesias se ha vuelto un dolor de cabeza para la jerarquía católica de México.

José de Jesús Aguilar, responsable de la Comisión de Justicia y Paz de la Arquidiócesis Primada de México, señaló que ese tipo de delitos no es denunciado porque se trata de un problema «hormiga».

«En la Ciudad de México hay más desacralización, por lo tanto hay menos respeto a los templos. Es más fácil que roben el dinero de las alcancías o romper imágenes sagradas», afirmó el sacerdote.

Los «amigos de lo ajeno» suelen tener una gran imaginación y no reparan en métodos ingeniosos para lograr su cometido.

Por ejemplo, hacen trampas con un hilo de cáñamo, un pedazo de metal y pegamento, para sacar las monedas y billetes o usan billetes falsos de alta denominación y piden cambio para llevarse billetes verdaderos.

Sin contar que también suelen aprovecharse cuando los fieles acuden a comulgar o están rezando para apoderarse de bolsos o monederos, según explican sacerdotes y sacristanes.

Hace unos meses, en un video que se expandió por Internet, se pudo constatar cómo una mujer y un niño se apoderaron de las limosnas en una capilla consagrada a San Judas Tadeo en el municipio de Lerma, estado de México, a unos 70 kilómetros al oeste de la capital en menos de dos minutos.

El sistema de cámaras del templo logró captar cuando la mujer y su hijo a plena luz del día se apropiaron de billetes y monedas de la alcancía en el marco de la peregrinación al Santuario de Chalma.

En abril del 2015 esta misma capilla sufrió el robo de las limosnas y, aunque también se contaba con sistema de video vigilancia y se interpuso una denuncia penal, nunca fueron detenidos los autores.

Se han dado casos en los cuales los ladrones matan a los propios sacristanes, encargados o sacerdotes para cometer los hurtos.

Hace un año, los sacerdotes Nabor Jiménez y Alfredo Suárez fueron asesinados con el objeto de despojarlos de unos 250 dólares de las limosnas y de sus automóviles en el estado de Veracruz.

A mediados del 2017, en Piedras Negras, estado norteño de Coahuila, la procuraduría de justicia local denunció el robo de ofrendas en el Santuario de Guadalupe por parte de un hombre que ya había sido identificado cometiendo ese tipo de despojos en forma permanente en el lugar. El ladrón entraba sigilosamente y abría las alcancías con las limosnas y se apoderaba de todos los billetes y las monedas depositadas.

Los robos más comunes han sido denunciados en algunas iglesias de barrios populares de la Ciudad de México y de otras urbes del país.

Hubo un caso en el cual una feligresa fue amarrada dentro de una parroquia para que los ladrones pudieran realizar un robo sacrílego.

«Sí supe lo de la iglesia, incluso creo que amarraron a una mujer dentro, no le pasó nada, pero es inconcebible que incluso a los ojos de Dios puedan ser tan salvajes», señaló una persona encargada de un quiosco de venta de revistas y periódicos ubicada cerca del santuario.

En no pocos casos, los ladrones usan los métodos tradicionales de llegar a las oficinas de los templos y despojar a los empleados del dinero amenazando con una pistola.

A veces también es usual que durante una boda o un bautismo los fieles sean asaltados después de la ceremonia religiosa.

Sacerdotes también han denunciado que suelen recibir llamadas de extorsión de parte de delincuentes que les exigen «cuotas».

(RD/Ansa)

Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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