Raúl Quiñones Arellano tenía 47 años

Secuestran y matan a un sacerdote de Zacatecas

El cadáver fue encontrado en la comunidad El Barril, en el municipio de Villa de Ramos

Secuestran y matan a un sacerdote de Zacatecas
El padre Raúl Quiñones Arellano, cura asesinado en México

La realidad es que San Luis Potosí es un territorio sin ley, con un Estado fallido en el que el crimen organizado transita por la libre

Como si algo faltara a la grave crisis de inseguridad por la que atraviesa todo el territorio potosino, este día corrió como reguero de pólvora la noticia del asesinato de un sacerdote católico en el municipio de Villa de Ramos, en el Altiplano potosino.

El sacerdote Raúl Quiñones Arellano, miembro de la Diócesis de Zacatecas, fue secuestrado y privado de la vida por delincuentes que no solo han perdido el amor y respeto al prójimo, sino la fe en Dios. El cuerpo del presbítero fue encontrado en la comunidad El Barril, perteneciente al municipio de Villa de Ramos, que colinda con territorio zacatecano.

A través de las redes sociales la Diócesis de Zacatecas publicó una esquela en honor a la memoria del sacerdote. Fuentes de la Fiscalía potosina confirmaron que el deceso ocurrió en el municipio de San Luis Potosí.

A pesar de que el gobernador Juan Manuel Carreras López, cuándo se da el tiempo de atender a medios de comunicación, declara que los índices de inseguridad y criminalidad van a la baja; a pesar de que el gabinete de seguridad de San Luis Potosí se empeña en negarla la realidad y querer maquillar las cifras de muerte; y a pesar de las infructuosas campañas mediáticas emprendidas por los departamentos de comunicación social de las dependencias estatales en las que niegan hechos delictivos de los que cientos de potosinos son testigos, a pesar de todo eso, la realidad es que San Luis Potosí vive ya una crisis de inseguridad peor a la que atravesamos en 2012, cuando los puentes del Distribuidor Juárez fueron utilizados para colgar cuerpos sin vida de presuntos integrantes del crimen organizado, cuando enviaban cabezas humanas a funcionarios estatales y se registraron balaceras lo mismo en avenidas transitadas que en colonias populares e incluso en la zona diamante de la ciudad.

Por muy difícil que sea para el gobernador y sus empleados aceptarlo, y para el pueblo soportarlo, la realidad es que San Luis Potosí es un territorio sin ley, con un Estado fallido en el que el crimen organizado transita por la libre.

A pesar de la altísima cantidad de personas que han sido ejecutadas, secuestradas, extorsionadas o víctimas de algún otro delito, la federación nos ha abandonado a merced de bandas criminales y la imposibilidad del gobierno potosino de hacer valer su principal objetivo: dar seguridad a los ciudadanos.

(RD/Agencias)

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Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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