Los obispos de San Cristóbal y Cúlcuta concelebran la Misa crismal

Moronta en la Misa Crismal: «El Papa nos ha pedido ser una Iglesia sin frontera»

"La dirigencia política, en vez de tender puentes, hace crecer muros"

Moronta en la Misa Crismal: "El Papa nos ha pedido ser una Iglesia sin frontera"
Concelebración Misa crismal de los obispos de San Cristóbal y Cúlcuta

En el eje fronterizo, las diócesis de Cúcuta y San Cristóbal han desplegado un trabajo de atención a los migrantes que por allí transitan

(Diócesis de San Cristóbal).- Con una asistencia de más de cinco mil personas venidas de las diversas parroquias de la Diócesis, en la barriada popular de Barrancas, parroquia San Miguel Arcángel, se realizó hoy, sábado 24 de marzo la MISA CRISMAL de la Diócesis de San Cristóbal.

Asistieron 160 sacerdotes diocesanos y religiosos, así como una decena de sacerdotes de Cúcuta que acompañaron a su Obispo, quien concelebró en la Misa Crismal. Mons. Víctor Hugo Ochoa C. estuvo nuevamente presente en San Cristóbal, para reafirmar junto al Obispo diocesano, Mons. Mario Moronta R., que aunque se trate de dos países, la Iglesia no tienen frontera, sino que es madre de todos. Dos días antes, el Obispo de San Cristóbal había acompañado al Obispo y presbiterio de Cúcuta a la Misa Crismal en la Catedral de San José de Cúcuta. Concelebró también el Obispo Auxiliar emérito de Mérida, Mons. Luis Alfonso Márquez Molina.

«Hoy nos reunimos en esta parroquia de San Miguel Arcángel de Barrancas y reafirmamos con su párroco y su feligresía el gusto espiritual de ser pueblo», expresó monseñor Mario Moronta al comienzo de la ceremonia de la Misa Crismal de la Diócesis de San Cristóbal celebrada este sábado en el Parque Brisas del Torbes.

Entre cantos y oraciones más de cinco mil personas participaron en esta Eucaristía campal, en la cual los sacerdotes renovaron sus promesas sacerdotales, y el Obispo bendijo los Oleos para Enfermos y Catecúmenos; y consagró el Santo Crisma.
«Hoy en la Misa Crismal, tenemos la hermosa posibilidad no sólo de recordar lo que significa unción-consagración; sino también volver a tomar conciencia de que como «cristianos» somos precisamente ungidos-consagrados, identificados con Cristo para que, con la fuerza del Espíritu, podamos cooperar y hacer posible en el hoy de nuestras existencias la Misión que recibió Jesús y que colocó en manos de todos sus discípulos para hacer nuevos discípulos desde Jerusalén hasta los confines de la tierra», dijo el Obispo durante la Homilía

Al inicio de la Eucaristía el Obispo saludó a todos los presentes, entre quienes se encontraba la Gobernadora del estado Táchira, su tren ejecutivo y algunas otras autoridades. «Su presencia será bendecida por Dios quien les da la fuerza para reafirmar su auténtico servicio a todo el pueblo sin excepción de ningún tipo. Junto a ellos, saludo a los representantes de diversas instituciones que se han hecho presentes en esta mañana. Recordamos que todos juntos estamos llamados a ser auténticos y decididos servidores del pueblo, al cual pertenecemos», destacó el Obispo.

Al referirse al Obispo de Cúcuta, Mons. Moronta dijo: «Saludo con afecto de hermano y gratitud en la comunión al EXCMO. SR. VICTOR MANUEL OCHOA CADAVID, Obispo de Cúcuta, a los miembros de su presbiterio y laicos que le acompañan y que han venido a ratificar lo que el Papa nos ha pedido: ser una Iglesia sin frontera y madre de todos.

Hace dos días nos encontramos en Cúcuta para acompañarlos también en comunión en la Misa Crismal de su Diócesis. La generosidad sin medida y el espíritu de caridad de la Iglesia de Cúcuta ha permitido que muchos hermanos nuestros necesitados encuentren una acogida digna y sin condiciones».

En el eje fronterizo, las diócesis de Cúcuta y San Cristóbal han desplegado un trabajo de atención a los migrantes que por allí transitan. La Diócesis de Cúcuta ha asumido la atención de miles de venezolanos. A la vez dijo: «Quiero destacar la comunión existente entre nuestras Iglesias hermanas, en comunión con toda la Iglesia Universal guiada por el Obispo de Roma, el Papa Francisco. Mientras las autoridades y los gobernantes, lejos de encontrarse para el servicio de la gente, mientras la dirigencia política, en vez de tender puentes hace crecer muros, mientras se ponen peros y dificultades para los así denominados canales humanitarios en beneficio de los más pobres, enfermos y necesitados, con humildad reconocemos que nuestra Iglesia es un signo de caridad y de unidad.

Para nosotros no existen líneas divisorias, ni trochas para contrabandear, ni condicionamientos para ayudar… Sólo existe una cosa: la caridad de Cristo que nos urge. Queremos seguir siendo servidores de los que más sufren. Por eso, animo a nuestros sacerdotes y laicos de nuestra frontera colombo-venezolana a que en comunión con sus pastores, no decaigamos en nuestra atención y acompañamiento a quienes más lo requieren. Lo hacemos en nombre de Cristo.

Mientras las instituciones internacionales hablan de ayudas a nuestros países para luego recuperarlas con altísimos intereses, la Iglesia sólo busca establecer puentes de encuentro y de servicio. Sí esperamos un interés, el más elevado de todos, el que Dios nos conceda su gracia para seguir siendo fieles y alcanzar la plenitud».

Los sacerdotes fueron acompañados por la oración, alegre y fervorosa de los presentes al renovar las promesas y compromisos sacerdotales. Luego, durante la Eucaristía, se bendijeron los óleos de enfermos y catecúmenos y se consagró el Crisma.

Al culminar la Eucaristía antes de entregar recuerdos a los sacerdotes asistentes, el Obispo de Cúcuta dirigió un mensaje a todos los asistentes: «la caridad es lo que nos une, lo que hoy estamos haciendo nosotros. Lo hizo Venezuela hace unos años con miles y millones de colombianos. Hemos llegado a distribuir 400 mil almuerzos calientes, gracias al trabajo de muchos colombianos y también algunas parroquias del Táchira. Y hemos distribuido toneladas de medicina a hermanos de Venezuela. A ustedes les pido la oración, oremos por Venezuela y por Colombia». Destacó que la Iglesia ha hecho lo que debe hacer: practicar la caridad sin distingos de ningún tipo.

El Seminario Diocesano Santo Tomás de Aquino en agradecimiento al Obispo y la Iglesia de Cúcuta por su generosidad y caridad con esta institución hizo entrega del reconocimiento «Botón en su Única Clase», al Obispo de esa iglesia local.

Finalmente monseñor Moronta agradeció también a la comunidad de Barrancas y su parroquia San Miguel Arcángel que junto a su párroco, Gustavo Roa, organizaran la ceremonia. El Obispo anunció que la próxima Misa Crismal será en el Municipio Fernández Feo, organizada por las parroquias San Rafael y San Andrés. 
Ha sido una fiesta sacerdotal, donde el Obispo ha insistido a los sacerdotes, seminaristas, religiosas y laicos, que en este tiempo de crisis, no hay que tener miedo a las amenazas que puedan venir desde altas esferas. Nuestra opción preferencial es por los pobres, a quienes sentimos cercanos por ser parte del mismo pueblo.

MISA CRISMAL… SALUDO INICIAL

Saludo con afecto y cariño de pastor a todos los presentes, venidos de las diversas comunidades eclesiales de nuestra Diócesis. A nuestros muy queridos hermanos sacerdotes, que hoy renuevan sus compromisos sacerdotales. Tendremos muy presente en esta celebración a los sacerdotes enfermos que no nos han podido acompañar y a quienes están fuera de la Diócesis, trabajando como misioneros en otras Iglesias e Instancias eclesiales, así como los que estudian para un mejor servicio al pueblo de Dios.

Saludo al párroco y a la feligresía de San Miguel Arcángel de Barrancas que con tanta diligencia ha preparado esta MISA CRISMAL: Dios les siga bendiciendo con múltiples dones para enriquecer su compromiso de anunciar el evangelio y de edificar el reino de Dios en esta barriada y parroquia.

Saludo a la Gobernadora del Estado y el tren ejecutivo que le acompaña y le agradezco su participación en esta sentida ceremonia. De igual modo, al Alcalde y demás autoridades municipales del Municipio Cárdenas. Su presencia será bendecida por Dios quien les da la fuerza para reafirmar su auténtico servicio a todo el pueblo sin excepción de ningún tipo. Junto a ellos, saludo a los representantes de diversas instituciones que se han hecho presentes en esta mañana. Recordamos que todos juntos estamos llamados a ser auténticos y decididos servidores del pueblo, al cual pertenecemos.

Celebramos esta MISA CRISMAL, como peregrinación para honrar el Sacerdocio de Jesucristo, Salvador y liberador de la humanidad. Sacerdocio vivido por cada uno de nosotros gracias al bautismo que nos ha hecho «ofrendas vivas»; y que de manera especial también hoy recordamos en la persona de cada uno de nuestros hermanos presbíteros y obispos presentes, configurados a ese SUMO Y ETERNO SACERDOTE, para hacer memoria viva de su Palabra, de su pastoreo y de su acción santificadora. Lo hacemos en esta comunidad de tinte eminentemente popular, para reafirmar el «gusto espiritual de ser pueblo».

A los miembros de la Iglesia no nos avergüenza de sentirnos pueblo: así volvemos a hacer memoria dela encarnación de Jesús y recordamos que nos corresponde ser servidores de nuestros hermanos para demostrar que nos amamos los unos a loos otros. Como lo ha hecho recientemente la Conferencia Episcopal, hoy la Iglesia del Táchira vuelve a decirle al mundo que estamos al lado de los más pobres y necesitados, porque nuestra fe en Cristo así nos lo exige.

No por dejarlo de último es menos importante. Al contrario, lo hemos hecho a posta para enfatizar en la importancia de su presencia fraterna en medio de nosotros. Saludo con afecto de hermano y gratitud en la comunión al EXCMO. SR. VICTOR MANUEL OCHOA CADAVID, Obispo de Cúcuta, a los miembros de su presbiterio y laicos que le acompañan y que han venido a ratificar lo que el Papa nos ha pedido: ser una Iglesia sin frontera y madre de todos. Hace dos días nos encontramos en Cúcuta para acompañarlos también en comunión en la Misa Crismal de su Diócesis. La generosidad sin medida y el espíritu de caridad de la Iglesia de Cúcuta ha permitido que muchos hermanos nuestros necesitados encuentren una acogida digna y sin condiciones.

Quiero destacar la comunión existente entre nuestras Iglesias hermanas, en comunión con toda la Iglesia Universal guiada por el Obispo de Roma, el Papa Francisco. Mientras las autoridades y los gobernantes, lejos de encontrarse para el servicio de la gente, mientras la dirigencia política, en vez de tender puentes hace crecer muros, mientras se ponen peros y dificultades para los así denominados canales humanitarios en beneficio de los más pobres, enfermos y necesitados, con humildad reconocemos que nuestra Iglesia es un signo de caridad y de unidad.

Para nosotros no existen líneas divisorias, ni trochas para contrabandear, ni condicionamientos para ayudar… Sólo existe una cosa: la caridad de Cristo que nos urge. Queremos seguir siendo servidores de los que más sufren. Por eso, animo a nuestros sacerdotes y laicos de nuestra frontera colombo-venezolana a que en comunión con sus pastores, no decaigamos en nuestra atención y acompañamiento a quienes más lo requieren. Lo hacemos en nombre de Cristo. Mientras las instituciones internacionales hablan de ayudas a nuestros países para luego recuperarlas con altísimos intereses, la Iglesia sólo busca establecer puentes de encuentro y de servicio. Sí esperamos un interés, el más elevado de todos, el que Dios nos conceda su gracia para seguir siendo fieles y alcanzar la plenitud.

Víctor Manuel, tú y tus sacerdotes y laicos, están en su casa y Dios les siga pagando con la fuerza de su Espíritu todo lo que hacen por nuestros hermanos que lo requieren. La Madre de Dios les acompañe y el Cristo liberador brille en cada uno de ustedes. Amén.

MISA CRISMAL
PARROQUIA SAN MIGUEL ARCANGEL EN BARRANCAS
24 DE MARZO DEL AÑO 2018.

 
«¡QUE BUENO Y QUÉ TIERNO ES VER A LOS HERMANOS VIVIR JUNTOS!» (Salmo 133,1). Así hemos cantado en el salmo responsorial y con ello expresamos la hermosa experiencia de la Misa Crismal, que, como todos los años, nos convoca para demostrar que somos una Iglesia local la cual celebra el misterio del sacerdocio ministerial y de la unción que nos ha convertido a todos los bautizados en «cristianos»; esto es, en «ungidos» al igual que Cristo. Hoy nos reunimos en esta parroquia de San Miguel Arcángel de Barrancas y reafirmamos con su párroco y su feligresía el gozo espiritual de ser pueblo, haciendo sentir que de verdad somos hermanos y nuestra convivencia en comunión es algo bello y lleno de ternura, pues habla de la presencia de Dios en medio de nosotros para ser testimonio vivo de su amor. Manifestamos que somos un pueblo al servicio de toda la sociedad con lo cual hacemos presente al Dios liberador, el Ungido por excelencia, Cristo el Señor.
 
¿Por qué llamamos esta celebración eucarística «MISA CRISMAL»? Partiendo de la Palabra de Dios y de la Liturgia de la Iglesia, vamos a explicar el significado del Crisma y sus consecuencias para todos nosotros. Al hacerlo podremos entender y recordar lo que supone para cada uno de nosotros, bautizados y confirmados, ser ungidos y también, de manera particular, la vocación y misión de nuestros sacerdotes, también ungidos con el Crisma y sellados por la imposición de las manos del Obispo.
 
En primer lugar, ¿Qué significa «CRISMA»? ¿Qué es el «CRISMA»?. Hoy precisamente vamos a bendecir los óleos santos que se destinarán para el uso litúrgico en los sacramentos del bautismo y la unción y consagraremos el CRISMA para el bautismo, la confirmación el orden sacerdotal y también para la dedicación de los templos.  El CRISMA es aceite de oliva al cual se le mezclan algunos perfumes especiales. Esos perfumes le hacen  sentir un aroma particular que lo distingue. Mientras que los otros aceites que se bendicen son expresión simbólica y sacramental de fuerza y de sanación, el Crisma es destinado para «consagrar», para «dedicar» a una misión. Con el Crisma se «unge» a la persona y se significa así que el Espíritu Santo destina a quien es ungido a una misión particular.
 
De hecho, CRISMA significa UNCION. ¿Qué significa UNCION? A veces podemos tener la tentación de pensar que se trata de la simple imposición de un aceite para conseguir algo. Otros piensan que la unción es algo que fluye o se repite a cada rato. Y no es así. La Unción es un acto, un hecho sacramental que sólo puede ser realizada por quien tiene la potestad para ello (Presbíteros y Obispos). Como ya lo indicamos, al aceite destinado para la UNCION (CRISMA) se le añaden unos perfumes: esto tiene un significado muy especial: expresa  que quien es ungido también hace sentir el buen olor de Dios a través del testimonio de vida. Entonces, quien recibe el Crisma, es consagrado y tiene, dentro de la misión que recibe, la tarea de dar testimonio, de manera personal y eclesial o comunitaria.
 
En segundo lugar, la palabra CRISMA, como ya lo hemos sugerido, significa UNCION. Esta no es algo banal sino un hecho que marca la vida de quien la recibe. En el Antiguo Testamento eran ungidos los reyes y los sacerdotes, así como los profetas: al ser «ungidos» recibían una misión. Unción, entonces, significa CONSAGRACION. Es decir, dedicación para una misión, pero que, a la vez transforma la propia vida del ungido. La simbología del aceite que consagra expresa de manera externa y religiosa la consecuencia: está destinado al servicio de Dios y de los demás. En el Nuevo Testamento, el gran ungido es Jesús. Por eso, se le llama con fuerza CRISTO. CRISTO significa y traduce eso: ungido, consagrado para una misión.
 
En la sinagoga de Nazaret, Él, Jesús, se auto-aplica la profecía que anuncia al MESIAS (en hebreo traduce «ungido-Cristo»). El, por el hecho de la encarnación, asume cumplir la voluntad del Padre y así manifiesta la unción del Espíritu: tiene la misión y el compromiso de anunciar el evangelio a los pobres, liberar a los cautivos, dar la vista a los ciegos, inaugurar el tiempo de gracia o de salvación. Jesús va un poco más allá. Pues se presenta como el CRISTO-MESIAS; es decir, el que ya está haciendo realidad la voluntad del Padre.
 
Con su vida, sus acciones, sus enseñanzas y con su entrega, hace sentir el perfume de esa Unción. Por eso, no sólo atrae sino que propone que se le siga. El perfume aromático lo ha sintetizado en las bienaventuranzas, pues es pobre de espíritu, misericordioso, limpio de corazón, manso y humilde de corazón, constructor de la paz y libre para no sentir temor si lo persiguen… Más aún, no esconde ni cambia el perfume verdadero, el de su amor: sólo los pequeños, los llenos de la sabiduría de Dios (no importa si son pecadores o publicanos) son capaces de sentir el aroma del perfume de su unción. Los soberbios y quienes se creen más que los demás no lo van a sentir ni van a reconocer en Él al Cristo destinado para la misión de la liberación del ser humano… por eso, lo condenarán y tratarán de esconder tanto su unción como el aroma de su perfume existencial. Lo que nunca calcularon es que la unción iba a tener el gran resplandor de la Resurrección: con esa luz esplendorosa inauguraba la Nueva Creación para hacer sentirla en los seres humanos al darle la capacidad de llegar a ser «hijos de Dios» (cf. Jn 1,129)
 
Ahora bien, en tercer lugar, nos conseguimos con una realidad de la cual los bautizados y confirmados no podemos escapar: también hemos recibido la «unción» del Espíritu. La primera y primordial es la del bautismo, que se complementa con la de la confirmación. El bautismo nos incorpora a Cristo, nos hace hijos de Dios y templos del Espíritu Santo. Por el agua, renacemos a una nueva vida y comenzamos el peregrinaje hacia la plenitud. Inmediatamente después del baño bautismal, el ministro unge con el crisma la cabeza del neófito y lo hace miembro del pueblo de Dios, a la vez que lo incorpora a la misión de la Iglesia. Esto es comienza a ser «ofrenda viva» (Cf. Rom 12,1-2) y a participar en el sacerdocio bautismal, con el cual actúa en nombre de Cristo.
 
Desde el bautismo, los creyentes comienzan a recibir el distintivo de «cristiano». Para muchos es sólo un adjetivo que habla de la identificación y seguimiento de Cristo. Pero la palabra «cristiano» tiene un significado más profundo. Ciertamente que hace referencia a la identificación con Cristo, pero no sólo porque sea su discípulo, sino porque goza de la unción consecratoria con una misión que cumplir. En efecto, «cristiano» significa eso: «ungido», consagrado para actuar como Cristo en su nombre: el Espíritu lo acompaña siempre para así anunciar el evangelio a los pobres, realizar la liberación a los cautivos, dar la vista al ciego y hacer realidad el tiempo de salvación. Ungido, crismado,  a través de su actividad debe hacer sentir el perfume o aroma del Señor Jesús, de manera que pueda atraer a muchos que lleguen a optar por el Señor y, así dejarse «cristianizar», es decir, dejarse ungir y consagrar.
 
Con el sacramento de la confirmación, como lo dice su nombre, se asegura la consagración bautismal. Con una nueva efusión del Espíritu y su gracia, es ungido con el crisma y así da un paso importante, con los dones recibidos y la capacidad de dar los frutos del Espíritu, el bautizado es ungido para adquirir la fuerza de ser testigo convincente del Evangelio. Se ratifica así lo recibido en el bautismo.
 
Ante esto, hoy en la misa Crismal, tenemos la hermosa posibilidad no sólo de recordar lo que significa unción-consagración; sino también volver a tomar conciencia de que como «cristianos» somos precisamente ungidos-consagrados, identificados con Cristo para que, con la fuerza del Espíritu, podamos cooperar y hacer posible en el hoy de nuestras existencias la Misión que recibió Jesús y que colocó en manos de todos sus discípulos para hacer nuevos discípulos desde Jerusalén hasta los confines de la tierra.
 
En el caso de los que hemos recibido el sacramento del Orden, la Unción recibida mediante la imposición de las manos del Obispo y el crisma colocado en las manos del Presbítero o la cabeza del Obispo, sin dejar de ser «cristiano» nos configura a Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote para hacer memoria viva de su Palabra, de su ser santificador (con los sacramentos, particularmente la Eucaristía) y de su ser Pastor Bueno capaz de dar la vida por sus ovejas. Esa configuración hará que el ministro ordenado sea como Jesús Sacerdote: «un hombre tomado de entre los hombres y puesto en medio de los hombres para las cosas que son de Dios» (Heb 5,1). Con dicha Unción-consagración, aún en medio de sus imperfecciones humanas, el sacerdote, al configurarse con Cristo va alcanzando la  perfección para llegar a ser causa de salvación para los demás (Cf. Heb 5,9)
 
En este contexto, hoy también los sacerdotes  renuevan sus promesas sacerdotales al servicio de Dios y del pueblo. Nosotros los acompañamos con nuestra fe y nuestra oración pidiéndole a Dios Uno y Trino les conceda el don de la perseverancia en ese compromiso de ungidos-consagrados. De allí la dimensión de celebración sacerdotal que le otorgamos a este encuentro de hermanos unidos por el amor de Dios y por el hermoso hecho de ser hijos suyos. De allí la alegría con la que bendecimos hoy a estos hermanos nuestros que están al servicio de todos.
 
A la vez, esta celebración que nos permite hacer memoria de ser «ungidos», es decir, «cristianos» o «crismados» viene a ser un preludio de lo que conmemoraremos dentro de unos días cuando el día de la Resurrección renovemos nuestras promesas bautismales: con ellas seremos capaces de decirle a Dios y al mundo que seguimos asumiendo la misión que nos ha sido entregada por el crisma bautismal y de la confirmación
 
Dentro de unos instantes veremos a nuestros hermanos sacerdotes renovar sus promesas. Son servidores y testigos de Dios para el pueblo. Los acompañamos, los animamos, nos enriquecemos con su consagración y todo esto nos permite hacer un acto de fe en el Sacerdocio de Cristo. Les invito a manifestar ese acto de fe colocándonos de pie y brindándoles a nuestros hermanos el más sentido, amoroso y fuerte aplauso.


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Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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