Dedicó su vida a cumplir el sueño de Teresa de Jesús en Angola

Muere el misionero carmelita brasileño Gilberto Hickmann

"Vivió con gran intensidad la espiritualidad de la liberación", recuerdan sus compañeros

Muere el misionero carmelita brasileño Gilberto Hickmann
El carmelita Gilberto Hickmann

Es necesario hacer honor al derecho que los más pobres y olvidados tienen al Evangelio... y si fuera necesario dejar ahí la vida

(Juan Berdonces ocd, misionero en Sucumbíos, Ecuador).- El pasado 29 de marzo celebrábamos la fiesta de la Eucaristía, donde Jesús compartió con el grupo de sus discípulos y discípulas la Última Cena en que partió, repartió y compartió el pan y el vino, signo de la entrega de toda su vida, como prueba de amistad, que culminaría con su Pasión y Muerte en la Cruz. Y mandaba a sus discípulos y discípulas: «Hagan esto en memoria mía». Ese mismo día fr Gilberto Hickmann siguiendo el ejemplo y el mandato del Maestro («…hagan esto…») celebraba su última Eucaristía entregando su vida por los negritos y negritas de Calunda, con quienes había compartido los últimos meses de su vida.

Gilberto Hickmann, brasileño de origen alemán, había nacido el año 1950. La irrupción del espíritu del Concilio Vaticano II había marcado su juventud, junto con el espíritu misionero de Santa Teresa de Jesús, que había respirado en el Carmelo brasileño donde se había formado y del que actualmente formaba parte. Por eso le entusiasmó el proyecto planteado por Mons. Gonzalo López Marañón, de que los Carmelitas, al cumplir los 500 años del nacimiento de Santa Teresa de Jesús, regresaran al Congo, ahora Angola, adonde habían sido enviados a establecer la primera aventura misionera del recién nacido Carmelo Teresiano, aventura querida y animada por la Madre Teresa de Jesús. Hacer realidad el sueño misionero de la Madre Teresa de Jesús. Y se embarcó en dicho proyecto.

Un año compartió con Mons. Gonzalo López Marañón, obispo emérito de Sucumbíos/Ecuador, quien fiel a su carisma teresiano fue a entregar también su vida al último rincón de Angola, la periferia de las periferias, en Calunda y con fr Mariano Junior, otro hermano carmelita brasileño. Luego de ese primer año fr Gilberto y fr Mariano Junior tuvieron que regresar a Brasil y Mons. Gonzalo fallecía, a causa del paludismo y la diabetes. Nuevamente Calunda quedaba abandonada.

Pero el espíritu misionero y teresiano de Gilberto le urgía regresar nuevamente a Calunda. Dejemos que nos lo cuente él mismo:

«Me voy a Angola… necesito regresar para quedarme con mi gente. Es necesario hacer honor al derecho que los más pobres y olvidados tienen al Evangelio… y si fuera necesario dejar ahí la vida… que me entierren ahí, y no se molesten por traerme de nuevo. Allí se está muy bien… Necesito hacer lo que de hecho siento palpitar en mi corazón. No puedo… no tengo derecho de no buscar el sueño que Dios ha puesto en mi corazón… No tengo tiempo para esperar que me acompañen otros… mi vida se va acabando y ¡no tendré otra oportunidad!…»

Fr Everton, religioso carmelita y compañero de fr Gilberto, nos ayuda a completar la estampa misionera de fr Gilberto. «… Vivió con gran intensidad la espiritualidad de la liberación, preocupándose de transmitir el anuncio del Evangelio sobre todo a los pobres. Dedicó largos años de su vida a la misión, primero en el nordeste brasileño, después en la Amazonía, donde promovió las CEBs y la formación de laicos».

Su larga experiencia misionera había forjado un hombre sencillo, despojado, austero… fr Gilberto no buscaba nada para sí mismo, no quería hacerse notar. Nunca se identificó con los cargos de gobierno que le tocó ejercer, siempre asumió que era un servicio a los hermanos. A pesar de su carácter fuerte, que suponía a veces una barrera, tenía un corazón generoso y acogedor.

Poseía esa «teimosia» (tenacidad, terquedad, valentía, arrojo…) profética que no permite resignarse ante las situaciones de pobreza y sufrimiento. Era una persona que había sido tocada por el Evangelio y, por eso, se sentía inquieto. Cuando nos oponíamos a que regresara a Angola argumentaba que ya no era posible volver atrás después de haber vivido entre los pobres de Calunda. Era difícil argumentar con quien había sido tocado por una realidad tan dolorosa. Fr Gilberto entendía su presencia en medio de aquel Pueblo como una señal de Dios, y no quería defraudar la esperanza que habían suscitado con la experiencia misionera junto con Mons Gonzalo y fr Mariano.

De momento y por tercera vez queda inconcluso el sueño de la Madre Teresa. Confiamos que la sangre de Gilberto, y la sangre de Gonzalo sembrada en Angola dé sus frutos. Recordamos la herencia que según Dom Tirso, Obispo de la diócesis de Luena, a la que pertenecía Calunda nos dejaba a los carmelitas Mons Gonzalo tras su muerte, y que ahora se repite en la muerte de fr Gilberto:

«A los Carmelitas Descalzos les deja sus sandalias, para andar, para salir a las periferias, para ir a las periferias de las periferias, para aceptar la misión. Monseñor Gonzalo era muy consciente de que su presencia entre nosotros, su muerte, y su cuerpo sepultado en nuestro suelo, serían una llamada irrefutable para la renovación misionera de la Orden».

Y termina su testimonio fr Everton: «Puede parecernos desafortunada la muerte de fr Gilberto, que quizá se podría haber evitado si se hubiera dejado ayudar. Pero prefiero pensar que él preparó su ofrenda, Dios la encontró agradable y la consumó con el fuego de su amor. Descansa en paz fr Gilberto, recibe como recompensa el Reino Eterno, pues en vida serviste a los más pobres. Y contágianos de esa «teimosia» pascual».

Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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