La dócesis camina por cuarta ocasión para reclamar paz y seguridad

Ramón Castro, obispo de Cuernavaca: «La corrupción no se combate con el silencio»

"No nos podemos quedar de brazos cruzados ante la violencia"

Ramón Castro, obispo de Cuernavaca: "La corrupción no se combate con el silencio"
El obispo de Cuernavaca, durante la caminada Agencias

Quienes han detentado el poder económico y político no han logrado crear las condiciones adecuadas y suficientes para superar la pobreza y la violencia

(Guillermo Gazanini, corresponsal en México).- Quizá la cuarta #CaminamosPorLaPaz convocada por el Obispo de Cuernavaca, Ramón Castro Castro, fue de los momentos más trascendentes de la vida de la diócesis en tiempos que impactan a miles de personas en el Estado.

Es la Caminata posterior al sismo de 2017 el cual aún tiene efectos devastadores; es la Caminata del año electoral para renovar una gubernatura marcada por la ineficacia y salpicada de corrupción. Demostración de miles quienes años tras año, anhelan la paz que al final es un derecho ante el hartazgo del mal consecuencia de años de descomposición política y económica del Estado de Morelos, entidad asediada por el crimen organizado, la voracidad de políticos, el abandono de funcionarios y azotada la cultura de la muerte.

La guerra de cifras apareció después de la gran manifestación que conjugó fe, devoción, civismo y ciudadanía. Las oficiales, sólo diez mil. Para otros, más de treinta mil los asistentes. Creyentes o no ahí estaban fieles católicos y de otras religiones a la vez que políticos y activistas unieron su clamor; unos fueron más visibles, los candidatos en plena competencia por la gubernatura o cargos de elección; otros, la mayoría, los miles de ciudadanos quizá tocados por el aguijón del crimen sufriendo el dolor por la sentida pérdida de un hijo, la desaparición de seres queridos o la imposibilidad de emprender un negocio ante el cobro de los derechos de piso del crimen organizado denunciados por el Obispo Castro esta mañana de sábado 2 de junio en las calles de Cuernavaca, ante una Catedral cerrada esperando el milagro que abra sus puertas nuevamente tras el sismo que le conmovió en estructura y cimientos.

 

El obispo de Cuernavaca, durante la marcha

 

En su blanca sotana de obispo, el «Mensajero de la paz» caminó muy temprano para aprovechar un clima más benigno ante la agobiante ola de calor que azota gran parte del país. Vestidos de blanco, un color apartidista, los fieles saludaban al pastor rodeado de sus seminaristas quienes a la vez custodiaban la marcha de un hombre que ha sido incómodo a un sistema político que le ha perseguido.

Sin recursos o mayores apoyos financieros, la IV #CaminamosPorLaPaz se sostuvo por la buena de voluntad de los que creen e invierten en uno de los mejores negocios por el futuro: paz y tranquilidad. Otro factor clave fueron las redes sociales, esas que han hecho revoluciones a lo largo y ancho del planeta. Convocatoria que no retumbó en los titulares de los consorcios de la comunicación, pero sí estuvo en las manos de los miles quienes decidieron tomar las calles de forma organizada, con los símbolos de la fe, bajo una sola consigna: Somos más los que queremos la paz.

Castro Castro encabezó esta gran marcha para subir hasta el altar de Dios como los grandes profetas de la antigüedad. Las estrechas calles de la otrora ciudad de la eterna primavera fueron insuficientes para recibir al río blanco de personas que anhelaban el pan de la palabra y el consuelo del pastor. La Eucaristía se convirtió en fiesta de paz, de jubilo y esperanza como marco para una homilía dura y profética, incómoda por estos momentos de coyuntura electoral, pero valiente y reconfortadora para indicar cuáles son nuestras obligaciones y responsabilidades en este tiempo de gracia y de esperanza.

 

Vencer la indiferencia

Motivación, cuando el pastor señaló el por qué de esta IV #CaminamosPorLa Paz: «No nos queremos quedar de brazos cruzados viendo cómo la violencia, la inseguridad, la corrupción, la impunidad, la trata de personas, el derecho de piso, el narcotráfico, las extorsiones, la cultura de la muerte…. nos siguen destruyendo en esta sociedad en descomposición. Quienes han detentado el poder económico y político no han logrado crear las condiciones adecuadas y suficientes para superar la pobreza y la violencia».

Lejos de ser una catarsis o terapia, Mons. Castro hizo énfasis en la Caminata como itinerario de vida y llevar los anhelos de paz de cada uno de los asistentes, pero poniendo en la palestra pública todo lo evidente, lo que se sabe, pero pocos denuncian como ese hecho señalado por el Obispo sobre las reuniones del crimen organizado con comerciantes para hacerles el aumento del «derecho de piso» para el desarrollo de sus actividades: «Sólo trabajarán para ellos» diría el pastor.

 

«Cuernavaca no quiere ser Caín»

Denuncia, cuando trayendo al presente el crimen de Caín contra Abel, Mons. Castro apuntó hacia la indiferencia y normalización de la violencia: «¿Hermanos cuánto hemos callado, permitiendo que la barbarie se hiciera carne en la vida de nuestro pueblo? Jesús nos manda a confrontarnos con esos modos de conducta, esos estilos de vida que dañan al cuerpo social, que destruyen la comunidad. ¡Cuántas veces se «normalizan», se viven como normales, procesos de violencia, exclusión social, sin que nuestra voz se alce ni nuestras manos acusen proféticamente!«

 


Marcha en Cuernavaca

 

«Cuernavaca no quiere ser Caín»... Duro reclamo ante lo que vive Morelos cuando, aún más que la indiferencia, se vive en el engaño ante la manipulación de cifras del delito y el presunto repunte de una paz artificial que conviene a los políticos y hacedores del mal y que contrastan duramente con los hechos de sangre del hermano derramada en la entidad por el horror de la violencia como las enumeró el Obispo: «Nos duele profundamente la sangre que se ha derramado. La de los niños abortados, la de las mujeres asesinadas, la angustia de las víctimas de secuestros, asaltos y extorsiones, las pérdidas de quienes han caído en la confrontación entre las bandas que han muerto enfrentando el poder criminal de la delincuencia organizada o han sido ejecutados con crueldad y frialdad inhumana».

Y ante esto, la causa principal es la pérdida del sentido del valor de la vida cuando se puede eliminar a los seres humanos desde el vientre materno o en el otro extremo los «sicarios que por cinco mil pesos matan a su hermano» señalaría el prelado para apuntar hacia la pobreza y marginalidad agobiantes para miles de moreleneses.

 

Autoridades no hacen lo que corresponde

Condena, elevada en voz del Obispo y clamor de todos en Morelos, en México, para acabar con las formas de violencia que aniquilan nuestras vidas y nos hacen perder la paz: «Condenar con firmeza la violencia que ha puesto fin a tantas vidas y que es mantenida y sostenida por hombres sin escrúpulos. No se puede jugar con la vida de nuestro hermano ni manipular su dignidad. Hacemos un llamado para que se busquen los modos para terminar con el narcotráfico, la impunidad y la corrupción, que lo único que hacen es sembrar muerte por doquier, truncando tantas esperanzas y destruyendo tantas familias» enfocando las responsabilidades hacia esas autoridades que han dejado de hacer su trabajo, para disimular y tolerar el delito y en donde «el crimen organizado se ha infiltrado».

 

Vencer las injusticias

Exigencia, como clamó el pastor, de auténtica paz no construida artificialmente ni producto de dominios despóticos sino consecuencia de la desaparición del odio y de la injusticia que no pocas veces, advirtió el prelado, «tienen su origen en las excesivas desigualdades económicas. Otras injusticias provienen de la ambición de dominio, del desprecio a las personas, y, si queremos buscar sus causas más profundas, las encontraremos en la envidia, la desconfianza, el orgullo y demás pasiones egoístas». Como tal, es responsabilidad principal del gobernante su dedicación y consagración a la justicia y al bien común y no para los propios intereses como «sucede con tantos de nuestros políticos».

 

Ramón Castro

 

Para vencer las injusticias, el Obispo de Cuernavaca destacó cuál podría ser la mejor arma de los ciudadanos. Para tener autoridades responsables del bien común, hay la obligación de ir a las urnas el 1 de julio. Y quizá este fue uno de los señalamientos más duros del obispo en tiempos electorales, especialmente ante una legislación que es muy acuciosa en cuanto a los pronunciamientos de los ministros de culto en estos temas.

Mons. Castro no dudó en advertir de las formas de corrupción electoral cuando señaló, sin puntualizar en cada una de ellas, las 33 formas de compra de votos: «tan corrupto es el que compra el voto como el que lo vende. ¡Cuidado! No por una despensa, una camiseta, un paraguas, o dinero vendan su dignidad ni futuro. Porque eso que les dan, les va a costar miles de veces más. Porque los visitan sólo en este período de elecciones, después se olvidan de nosotros…» suscitando así el espontáneo aplauso de los asistentes ante este lamentable recurso electorero. Así, citando al Papa Francisco, Castro Castro afirmó que la corrupción no se combate con el silencio. «¡Y con esto no me estoy metiendo en política por el amor de Dios!»

 

Familia, solución a la descomposición

Al terminar su homilía, Mons. Castro habló de la urgencia para la protección de la familia como la institución más valiosa para resarcir el tejido social y como fundadora del proyecto de paz colectivo al que urgió esta mañana: «La familia tiene la misión de dar la vida, de acogerla, cuidarla, protegerla, promoverla, desde su concepción hasta su ocaso natural. Tenemos todos la tarea de fortalecer a la familia para que puedan cumplir con esta misión«.

A manera de conclusión hizo un especial llamado a las autoridades para atender efectivamente a todas las personas afectadas por el sismo de septiembre. «Muchos siguen esperando las promesas del gobierno» porque la tragedia se ha convertido en botín político porque, según la percepción del pueblo, las entidades públicas parece que los han dejado solos: «La reconstrucción espiritual y material de nuestro Estado es una prioridad en la agenda de los gobiernos» diría Mons. Castro para apresurar, de tal forma, la reconstrucción del patrimonio religioso de la diócesis donde más de 300 templos fueron impactados: «Hago un llamado a las personas que buscan un puesto público a que no se les olvide su vocación de servicio».

La Cuarta #CaminemosPorLaPaz fue una manifestación que demostró que son más los buenos quienes ansían la paz en el camino de la esperanza. Mons Castro pone todo su empeño para que el estado de Misión Permanente de la diócesis que pastorea sea un signo que no permita que la tierra de Morelos quede a la deriva; por el contrario, la gran Caminata fue signo de las maravillas del Espíritu para que todos y cada uno, desde su anonimato o en sus responsabilidades públicas, finquen la paz en los cimientos de la justicia. Como bien citó el sucesor de don Sergio Méndez Arceo, al santo chileno de la caridad, san Alberto Hurtado, «Está muy bien no hacer el mal, pero está muy mal no hacer el bien«. Lo que pasó la mañana del sábado confirma el deseo más profundo del pueblo que quiere superar la descomposición y albergar la esperanza contra la corrupción, impunidad y violencia. Porque para México llega la hora de despertar del sueño «la noche va pasando, el día está encima, es hora de despojarnos de las obras de las tinieblas…»

 

Caminata de Cuernavaca

 

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Autor

Jesús Bastante

Escritor, periodista y maratoniano. Es subdirector de Religión Digital.

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