El neocardenal revela que quiere construir un albergue para niños huérfanos

Toribio Ticona: «Quiero terminar mi vida sirviendo y evangelizando a los más pobres»

"Cuando asuma el cargo en Roma, me voy a ir a mi tierra natal y voy a vivir pobremente"

Toribio Ticona: "Quiero terminar mi vida sirviendo y evangelizando a los más pobres"
El neocardenal boliviano Toribio Ticona, con el Papa Francisco Iglesia Viva/CEB

Muchas veces día y noche estudiaba con velitas para nivelarme con los demás, los primero tiempos he sufrido, incluso quise salirme, pero perseveré y ahora voy a ser cardenal

(ANF).- Nunca pensó en ser cardenal, pero en pocos días Toribio Porco Ticona será consagrado con ese título en el Vaticano por el Papa Francisco. Aún no lo cree, pero dice que está dispuesto a asumir sus funciones hasta donde la vida y Dios se lo permitan.

A sus 81 años, el cardenal asegura que lo que más desea es terminar su vida sirviendo a los pobres. Dice que su sorpresivo nombramiento es un cargo «honorifico» que no influirá en su vida sencilla que ha llevado hasta ahora.

«Yo amo a la gente pobre, quiero mucho a mi tierra. Cuando asuma el cargo (en Roma), me voy a ir a mi tierra natal y voy a vivir pobremente. En mi tierra está mi ambiente, mi gente. Quiero terminar mi vida sirviendo a la gente, evangelizando a los más pobres. Ser cardenal es un cargo honorifico y nada más», afirma el religioso.

Agrega que una vez que sea consagrado en Roma el próximo 29 de junio, retornará a su tierra natal en Potosí donde planea construir un albergue para niños huérfanos y de escasos recursos.

«Quiero construir un hogar para niños pobres en Potosí, en mi terreno», dice, mientras revela que para concretar ese proyecto usará sus ahorros y buscará apoyo económico.

Lustrabotas, canillita, minero, albañil y hasta alcalde

El cardenal de Bolivia, Toribio Porco Ticona, oriundo de Potosí, es el tercero de cuatro hermanos, aunque nunca conoció a su padre, gozó del amor de su madre Fidelia Ticona Chambi que lo acompaño día y noche durante varios años.

«Toda mi vida he vivido con mi mamá, (incluso) desde que salí sacerdote, yo con mi mamá estuve hasta su muerte (…). Ella me acompañaba a todo lado, a veces contándome cuentos día y noche», recuerda.

El cardenal añade que desde muy niño tuvo que trabajar para apoyar a su familia, su primer trabajo lo consiguió lustrando zapatos, después tuvo que vender periódicos para ganarse la vida. Luego se arriesgó, siendo menor de edad, a ser ayudante de albañil y hasta llegó a una empresa de cervezas en Potosí donde estuvo por más de cinco años.

«He comenzado lustrando zapatos. Después con mi ponchito iba al periódico Rebeldía para vender, así me ganaba la vida vendiendo periódicos. De eso me fui a trabajar como ayudante de albañil, luego en una cervecería en Potosí, ahí trabajé cinco años y cuando me retiré no me dieron mis beneficios», relata.

Ante esa situación, dice que tuvo que buscar otro empleo, esta vez en una mina, donde su función era cargar mineral en una mula y arrearlo hasta su destino. Cuando dejó ese trabajo, la mina fue destruida por una riada. El cardenal dice que ahí sintió el primer llamado de Dios.

En 1950 conoció a unos sacerdotes belgas y ahí comenzó su vida religiosa, primero se encargaba de traducir del quechua al castellano y viceversa. Revela que solo estudió hasta sexto de primaria, pero luego pasó algunos «cursos rápidos» para ingresar a un seminario en Santiago de Chile.

«Yo no salí bachiller, para qué voy a mentir. Me mandaron al seminario en Chile, allí me preguntaban Geografía, Matemática, Física y Química y como son estudios graduales me aplace», revela.

Frustrado retornó a Bolivia e ingresó al seminario San Cristóbal en Sucre, donde estudió siete años. Muchas veces tuvo que hacerlo bajo la luz de velas, pero afirma que eso no lo detuvo para superarse.

«Muchas veces día y noche estudiaba con velitas para nivelarme con los demás, los primero tiempos he sufrido, incluso quise salirme, pero perseveré y ahora voy a ser cardenal», comenta orgulloso.

En 1967 se ordenó oficialmente y como primera misión fue enviado como diácono a una parroquia de Caquiaviri, pero más tarde regresó a Potosí y en la iglesia de Concepción fue nombrado sacerdote. Recuerda que para su posesión hubo arcos de plata en las calles, zampoñada y hasta transmitieron por radio Kollasuyo.

Tiempo después fue enviado a Colquechaca y ahí conoció a padres oblatos. Pero lo que más destaca el cardenal, es su paso por la mina Chacarilla, fue que fungió como alcalde durante 14 años.

«En Chacarilla trabajé como alcalde y sacerdote por 14 años. Ahí me acompañó mi mamá y hermano, todos dormíamos en un cuarto vació, cada uno en un rincón», recuerda.

¿Cómo llegó a ser alcalde?, la interrogante no sorprende al religioso y cuenta cómo asumió el cargo municipal en ese centro minero.

«Cuando llegué como sacerdote (a Chacarilla) me di cuenta que nadie pagaba impuestos ni la empresa minera ni los comerciantes. Entonces dije aquí tiene que haber entradas para construir obras», relata.

Afirma que con esa propuesta asumió el cargo de alcalde junto a una empresa minera que existía en ese entonces y producía cobre, además los pobladores y comerciantes acordaron aportar económicamente para el desarrollo de esa región, y así fue que se construyeron dos iglesias: uno para el pueblo y otro en el centro minero.

«Hice dos iglesias, una en el pueblo y otra en el campamento minero gracias a los aportes de los trabajadores«, afirma.

Porco Ticona añade que para cumplir ambas funciones, primero oficiaba como sacerdote en cualquier acto del pueblo y luego se cambiaba para participar de los eventos como autoridad edil.

«Cuando había un acto, primero daba misa y luego me cambiaba como alcalde, así coordinaba mi trabajo en Chacarilla», dice, pero tiempo después la empresa minera cerró y la mayor parte de los pobladores migraron en busca de mejores oportunidades.

Sobre su estado de salud, el cardenal dice que padece la enfermedad de Parkinson y que muchas veces necesita ayuda para comer. Por esa situación, asegura que pensó renunciar al nombramiento como cardenal, empero afirma que «la esperanza es lo último que se pierde» y decidió asumir el nuevo cargo para trabajar para los pobres.

«He pensado en renunciar a este cariño, a este nombramiento de cardenal por el Parkinson porque para almorzar alguien tiene que ayudarme a cortar la carne, la papa», dice.

Afirma que ahora lo agobia dolores en la próstata, pero reafirma que es un veterano del pacífico y que está dispuesto a dar su testimonio sobre lo que cree y seguir evangelizando a los más pobres.

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Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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