También las animó a "mirar hacia adelante y a no ser esclavos del pasado"

El cardenal Aguiar pide perdón a las víctimas de abusos del clero mexicano

"Pidamos por todos aquellos que han sido injustamente agredidos", subraya el arzobispo de México

El cardenal Aguiar pide perdón a las víctimas de abusos del clero mexicano
Cardenal Aguiar en la Pontificia de México

Todos aquellos que han sido abusados física, emocional y sexualmente por los ministros católicos sean respetados y acompañados

(José M. Vidal/Agencias).- En un cambio de rumbo total respecto a su predecesor, el nuevo arzobispo de México, cardenal Carlos Aguiar, aprovechó una jornada de oración, para pedir solemne y públicamente perdón a las víctimas de abusos sexuales del clero. Más en concreto, entonó el mea culpa por las estructuras eclesiales que estuvieron marcadas por la complicidad, el silencio, la indiferencia y por obstaculizar la justicia.

También oró para que no haya impunidad dentro de la Iglesia por este delito y para corregir los errores del pasado, al tiempo que se comprometió a acompañar a las personas que han sufrido algún tipo de abuso sexual dentro de la Iglesia y que han visto dañada su credibilidad en ésta y en sus pastores.

Pidió que «todos aquellos que han sido abusados física, emocional y sexualmente por los ministros católicos sean respetados y acompañados por medio de gestos concretos de justicia y reparación para que se sientan sanados«.

Durante la celebración que se llevó a cabo en las instalaciones de la Universidad Pontificia de México, les recordó a las víctimas que la vida no se acaba cuando sucede un drama o una tragedia; «es una huella que hay que sanar y la mejor forma de hacerlo es mirando hacia el futuro».

También los animó a «mirar hacia adelante y a no ser esclavos del pasado. Tenemos que ser conscientes de que todavía hay un camino por recorrer y que en éste Dios no solo será confianza, sino sostén».

Ante las víctimas y familiares que los acompañaron a la jornada de oración, el cardenal Aguiar, expuso dos elementos para acompañar a las víctimas: mantener la confianza en Dios y seguir adelante a pesar de la tragedia.

«Perdón por haber ignorado los efectos y las consecuencias que sufre una víctima de abuso sexual, por la revictimización y por el dolor que hemos ocasionado a sus familias al no mostrar el rostro de misericordia de la Iglesia. Y perdón por no formarnos lo suficiente para ser eficaces en los procesos de ayuda por los abusos, excesos y negligencias en el tratamiento de cada caso».


Y añadió: «Pidamos por todos aquellos que han sido injustamente agredidos, de quienes esperaban este acompañamiento hacia el descubrimiento de Dios. Que todos seamos capaces de ser apoyo y posada de quien se encuentra hundido y herido, como son las víctimas de los abusos sexuales», dijo

«Ante Dios y su pueblo mexicano, expresamos nuestro dolor por los pecados y crímenes graves de abusos sexuales cometidos por algunos miembros del clero contra los niños, niñas y adolescentes, y avergonzados pedimos perdón», dijo el padre Daniel Portillo Trevizo en representación de la Universidad, en la oración presidida por el cardenal primado de México.

«Sin duda hoy vemos una Iglesia mexicana comprometida a trabajar bajo el principio de Tolerancia Cero, orientada en la prevención de los abusos y en atender a las víctimas para que no se sientan abandonadas», agregó.

Portillo Trevizo se expresó el dolor «por los pecados y crímenes graves de abusos sexuales, cometidos por algunos miembros del clero contra los niños, niñas y adolescentes y avergonzados pedimos perdón».

«Pidamos por todos aquellos que han sido injustamente agredidos, de quienes esperaban este acompañamiento hacia el descubrimiento de Dios. Que todos seamos capaces de ser apoyo y posada de quien se encuentra hundido y herido, como son las víctimas de los abusos sexuales», dijo

Texto íntegro de la intervencion del cardenal Aguiar

«¿Cual de estos tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los bandidos». Él contestó: «El que practicó la misericordia con él». Jesús le dijo: «Anda y haz tú lo mismo».

A partir de estas lecturas descubrimos tres elementos para poder acompañar a una víctima. El Evangelio se refiere, en este caso, a una víctima de acoso por bandidos, pero hoy, en esta jornada de oración, estamos pidiendo especialmente por las víctimas que han sido acosadas por personas a las que se les tenía toda la confianza, lo cual es mucho más grave.

¿Cómo podemos ayudar, como Iglesia, a quien ha caído?, ¿cuál es el cuidado y la posada que debemos darle? Tres son los puntos que quiero poner a su consideración y reflexión.

El primero lo decíamos juntos en el Salmo: «Señor, en ti he puesto mi confianza». Así es, hemos puesto nuestra confianza en este Dios que es creador y redentor.

Cuando algo malo, algo muy grave, nos pasa en nuestra vida, de lo cual somos inocentes, es cuando más tenemos que recordar que este Dios, que nos ha creado y nos ha regalado la vida, es también redentor; es decir, redime, rescata, transforma y vuelve a generar esa vida que Él anheló para sus creaturas. Dios creador y redentor. Y por eso podemos decir: «Señor, en ti he puesto toda mi confianza».

El segundo punto que quiero poner a su consideración es de la Primera Lectura, del libro de las Lamentaciones (Lm. 1,4-12), donde se nos explica la ruina desastrosa en la que ha caído Jerusalén, trayendo consigo enormes dificultades de hambre.

¿Por qué cayó en esta situación Jerusalén? Porque se deshonró a sí misma con inmoralidad, y no pensó en su futuro. ¡No pensó en su futuro!

Pero la vida no se acaba cuando sucede un drama, una tragedia; es una huella que hay que sanar, y la mejor forma de hacerlo es mirando hacia el futuro. Y si Dios me dio la vida, no me la dio para que se acabara con esto, sino que me la dio pensando en algo mucho más grande. Y la vida que me siga dando, tiene que contemplar ese futuro.

Tenemos que mirar hacia adelante, no ser esclavos del pasado; tenemos que ser conscientes de que hay un camino todavía por recorrer, y que en ese camino Dios será no sólo mi confianza, sino mi sostén. Será Dios quien me abra la posibilidad de generar aquello hermoso que yo sueño, que quiero, que anhelo, para desarrollar mi persona.


Este es el segundo punto que, como Iglesia, nos puede ayudar para que, quien ha sido víctima, no se quede clavado en el pasado, por más terrible que éste sea.

Y el tercer punto: el Evangelio (Lc. 10, 25-37) nos dice que Jesús responde a un maestro de la ley, quien le pregunta qué debe hacer para conseguir la vida eterna: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón».

Pero, ¿cómo podemos amar a Dios cuando nos hemos hundido, y sobre todo, cuando nos hemos hundido en algo que no fue nuestra decisión? La respuesta es: mirando a la Cruz, mirando a Jesús crucificado, porque de allí podemos entender que Él también, muerto injustamente -porque le querían clausurar y cancelar toda su misión para que el pueblo no lo reconociera jamás como el verdadero Mesías-, fue crucificado como el «maldito de Dios», como un blasfemo.

Mirando a la Cruz, y viendo hasta dónde llegó Jesús, podemos descubrir el amor que Dios nos tiene, y que está dispuesto a todo, con tal de volverte a la vida, de resucitarte en vida.

Ante cualquier desgracia -muchas de las cuales ocurren sin que nosotros seamos culpables- miremos la Cruz, y recordemos que el amor de Dios es mucho más grande que nuestras desgracias. Miremos la Cruz, y miremos a este Hijo de Dios, que, siendo Dios, se hace hombre para mostrarnos y expresarnos el gran cariño de Dios, el amor que nos tiene a nosotros, sus creaturas.

Hoy, en este momento de oración y de reflexión al escuchar la Palabra de Dios, pidamos por todos aquellos que han sido injustamente agredidos por personas que debían acompañarlos en el camino hacia el amor, hacia el descubrimiento de Dios. Pidamos que todos seamos capaces de generar en el otro, en el caído, ese cuidado y esa posada que necesita el ser humano cuando se encuentra hundido y herido, como son las víctimas de los abusos sexuales.

Pidámosle al Señor, con toda nuestra fe, confianza y esperanza, que nos ayude a ser una Iglesia que, reconociendo sus miserias, se apoye más en el amor que Dios nos tiene para manifestar su amor a las víctimas. ¡Que así sea!

+ Carlos Cardenal Aguiar Retes
Arzobispo Primado de México

 

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Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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