Desde la catedral de Belém do Pará hasta la basílica de María de Nazaret

Dos millones de brasileños participan en la procesión del Cirio de Nazaret

"La devoción a María está en la sangre del pueblo latinoamericano"

Dos millones de brasileños participan en la procesión del Cirio de Nazaret
Procesión del Cirio de Nazaret

Qué bueno sería si el pueblo, esa fuerza inmensa que empuja las andas de la Santa pudiese arrastrar el Brasil en dirección a la construcción de una nueva sociedad

(Vidal Enrique, Sao Paulo).- Unos dos millones de personas acompañan esta procesión que es conocida como el Cirio de Nazaret. Sale de la catedral en la parte histórica de esta ciudad, Belém do Pará, Brasil, después de la misa a las cinco y media de la mañana. Camina durante casi cinco horas hasta la Basílica María de Nazaret que es la patrona de esta región amazónica.

La fiesta se celebra el 2º domingo de Octubre. Mes significativo en que somos invitados por el querido papa Francisco a desgranar el rosario por sus intenciones, las de la iglesia y del mundo.

Realmente es algo impresionante y sofocante, con esta humedad, el calor tropical y tantísima gente llamada  «promeseros», por aquello de pagar alguna promesa a la Madre, que este año recibía el título de «la joven de Nazaret».

Puede ser una de las procesiones más numerosas y entusiastas en el mundo católico. Muchos voluntarios ofrecen gratis bocadillos y agua fresca para beber y refrescar. La cuerda gruesa que arrastra las andas es de unos 800 metros; algunos atrevidos se empeñan en cortar un pedazo como recuerdo.

Este año, desde la catedral donde me alojé, tuve la oportunidad de participar algo de este entusiasmo que también anima a personas de otras religiones. Vivo y trabajo en comunidades de periferia, cerca de esta ciudad, y ayudo en las clases de Biblia en la Facultad Católica.

Traduzco ahora el testimonio que por estas fechas ha escrito mi amigo el Padre Jaime Pereira, director espiritual en el seminario y en la facultad.

Otro año y el Cirio tan esperado. Belém recibe miles de romeros y turistas curiosos que vienen de todos los rincones de Brasil y hasta del exterior, movidos no sólo por la curiosidad. Muchos son animados por una fe más profunda.

El Cirio es siempre un espectáculo inolvidable. En medio del sofoco, queriendo tocar la cuerda que arrastra las andas, encontramos descalzo a nuestro pueblo devoto. En la multitud podemos ver caras alegres, tristes y hasta angustiadas. Pero todos llenos de esperanza por días mejores.

El día del Cirio es también de confraternización. Las familias se reúnen, los amigos se encuentran y se abrazan, platos típicos como maniçoba, con hojas de yuca cocinadas al estilo indio durante una semana; gallina o pato en tucupí y las más variadas frutas regionales. Todos esos ingredientes hacen de la fiesta de Nazaret un acontecimiento muy atractivo, alegre y encantador.

También hay algunas exageraciones, excesos y hasta abusos, pero no es la regla general que empañe el brillo de la fiesta. Lo que vemos en estos días es la explosión de la religiosidad popular que se manifiesta de mil maneras. A veces con una buena dosis de ingenuidad pero que merece nuestro respeto: gente caminando de rodillas, otros cargando cruces, piedras, vasijas de agua, barquitos y casas de miriti. ¿Quién podría imaginar alguien vestido con una ropa tachonada de cangrejos vivos? Creatividad es lo que no falta.

Este día la imagen de la Virgen es colocada en sus andas -berlinda esplendorosa- y camina en medio del pueblo, arrancando de la multitud aplausos y lágrimas emocionadas.

Cierta vez una chica me dijo: «Ustedes católicos están robando la alabanza que es de Dios para dirigirla a una mujer». Sobre esto estamos tranquilos. María merece nuestra veneración y nuestros homenajes. Aceptando a la Madre, estamos aceptando su Hijo, y amando al Hijo estamos amando también a la Madre que lo engendró, que lo trajo al mundo y que nos lo entregó como Maestro de nuestras vidas. La devoción a María va a continuar. Está en la sangre del pueblo latino-americano.

Pero volvamos a hablar del Cirio. En medio de esa gran masa compacta de gente, en su caminar, desaparecen las diferencias. Todos se hermanan en una misma devoción y caminan lado a lado ricos y pobres, negros, blancos y mulatos, patrones y empleados, profesores y alumnos, dirigentes y gente del pueblo, todos juntos, todos mezclados. Hasta parece que ya estamos experimentando aquí en la tierra un poquito del cielo.

Pena que ese sueño dura poco… Pasado el Cirio, todo vuelve a lo de antes… Señal de que todavía no aprendemos la lección que la Virgen y su Hijo nos enseñaron.

La multitud del Cirio, aquella multitud inmensa, hasta perderse de vista, ¿para donde estará caminando? ¿Cuáles son sus sueños, sus preocupaciones, sus proyectos y deseos? ¿Todos caminan ya con sus propios pies? ¡Tal vez no!

Qué bueno sería si el pueblo, esa fuerza inmensa que empuja las andas de la Santa pudiese arrastrar el Brasil en dirección a la construcción de una nueva sociedad donde la justicia, la fraternidad, el respeto a la persona humana, la solidaridad, el compartir, en fin, los valores evangélicos ocupasen su destaque y fuesen puestos en práctica, como es la voluntad de Jesús y de su Madre Amantísima…

Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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