¿Qué móviles hay detrás del atentado contra el prelado mexicano?

¿Querían matar al cardenal Rivera Carrera?

El arzobispo emérito ha sufrido atentados y continuas amenazas

¿Querían matar al cardenal Rivera Carrera?
Norberto Rivera

Al momento de publicar este artículo, no ha habido ningún posicionamiento institucional al respecto del incidente del domingo

(Guillermo Gazanini, corresponsal en México).- ¿Qué móviles hay detrás del atentado contra el cardenal Norberto Rivera Carrera? Se barajan diversas hipótesis abriendo líneas de investigación desde lo más evidente hasta las que enrarecen las indagatorias. Enardeciendo las redes, opinólogos presumen de “altas fuentes” anónimas para revelar una posible agresión directísima para aniquilar al prelado emérito.

¿A quién convienen estas temerarias afirmaciones? ¿Por qué un periodista agita las redes sociales con aseveraciones que las autoridades aún no han podido aclarar?

No es tema nuevo que el arzobispo emérito ha sufrido atentados y continuas amenazas. En catedral, agitadores de la izquierda perredista azuzaron a la turba para irrumpir y enfrentar al prelado incluso al punto de cerrar el recinto al no reunir condiciones mínimas de seguridad para los creyentes. En 2011, catedral habría sufrido cerca de 30 hechos violentos.

En ocasión anterior, Rivera Carrera y su señora madre fueron agredidos cuando manifestantes bloquearon el paso de su camioneta al exterior de catedral. La serie de atentados y agresiones no paró ahí hasta el punto de que en redes y medios, el arzobispo Norberto era acusado cuando algunos afirmaban sin pruebas y sin elementos suficientes de la comisión de delitos diversos y las plataformas de comunicación sirvieron como patíbulo de linchamiento mediático.

Después de los hechos del domingo llegamos a un capítulo nuevo de agresiones que, aún en su retiro, sigue persiguiendo al cardenal por inquisiciones y colusiones que pretenden impactar sobre la opinión para decir que Norberto Rivera carga sobre sus espaldas algo muy peliagudo como para que un comando frustrado intentara cometer el homicidio.

Pero debe analizarse puntualmente el camino hasta hoy recorrido. Después de la agresión, la opinión pública tuvo acceso al caso gracias a que Hugo Valdemar hizo lo que mejor sabe. Su mediación desplazó incluso a las inexpertas voces cuya contribución fue poner en medios una fingida sonrisita sardónica y nerviosa al verse rebasados por hechos lamentables que evidenciaron la inexperta capacidad de la y manipulable directora de comunicación. No sería la primera vez, sólo debe recordarse la tardía y torpe reacción de comunicación del arzobispado ante el caso del padre Fabila, secuestrado y asesinado en Morelos.

Otros elementos más delicados se conjugan con lo anterior. Al momento de publicar este artículo, no ha habido ningún posicionamiento institucional al respecto del incidente del domingo, ni del cardenal o de sus colaboradores que dicen manejar la situación por tuits administrados desde México y no en Roma donde actualmente está Mons. Carlos Aguiar como pieza fundamental del sínodo de obispos sobre los jóvenes. Es la hora que Su Eminencia ni siquiera ha dirigido una condolencia personal y sentida por la muerte de un servidor público.

En los hechos del caso, los investigadores van sobre todas las pistas convenciendo al cardenal Rivera para interponer la denuncia cuando, después de la misa por el eterno descanso de José Javier Hernández Nava, afirmó que no presentaría acusación alguna. La víctima hizo lo que era más prudente y ahora hay más elementos para ir hasta el fondo del asunto.

Sin embargo, en una morbosa y mala jugada, un periodista afirma que Norberto Rivera sería eliminado y según sus “altas fuentes” el trabajo podría consumarse. Esas altas fuentes sólo pueden venir desde dentro, es decir, presumiblemente de colaboradores muy cercanos al actual arzobispo que están usando esos medios para confundir la realidad que sólo pueden dar las investigaciones.

Hay una manipulación de poder muy evidente en la arquidiócesis de México. Lamentablemente el gobierno pastoral no está en manos de Carlos Aguiar Retes; su grupo compacto lo blinda hasta el punto del golpeteo recurriendo a la aparente verdad para armar una burda denostación para infectar la opinión del pública.

Lo más sensato es que, como toda institución que se repute de respetable, se hicieran las precisiones pertinentes para desmentir un tuitazo que ha corrido como la pólvora. Pero no lo harán, su estilo sólo cubre la autorreferencialidad de un ambicioso arzobispo donde lo que menos cuenta es la verdad para bien de todos los católicos de la arquidiócesis de México que ahora tienen una opinión malformada.

Solo la convicción y verdad jurídicas proceden de las autoridades y jueces, no de medios ni de comunicólogos. La experiencia ha enseñado que en los casos de ataques perpetrados contra sacerdotes, la última arma para demolerlos ha sido la denostación y la infamia precisamente por informadores que buscan proteger a sus amos.

En el caso Norberto Rivera, es lo mismo. Y si hay fuego amigo es peor. Sería, como afirma el Papa Francisco, echar mano de “noticias, falsas pero verosímiles, son capciosas, en el sentido de que son hábiles para capturar la atención de los destinatarios poniendo el acento en estereotipos y prejuicios extendidos dentro de un tejido social, y se apoyan en emociones fáciles de suscitar, como el ansia, el desprecio, la rabia y la frustración”.

Es la mímesis de un grupo que azuza la denostación y “codicia insaciable que se enciende fácilmente en el ser humano”. ¿Querían matar a Norberto? En sus cabales, nadie desea la muerte del prójimo, pero alguien ha preferido servir a la mentira por la ramplonería de un tuit como misil de aniquilación.

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Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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