"El Papa Francisco es una lluvia después de una terrible sequía", dice el responsable de las CPT

Ruben Siqueira: «El Estado brasileño es promotor de la situación de violencia en el campo»

"Los obispos brasileños, después de Juan Pablo II y Benedicto, se volcron hacia la liturgia y la espiritualidad"

Ruben Siqueira: "El Estado brasileño es promotor de la situación de violencia en el campo"
Rubén Siqueira, con dom Pedro Casaldáliga Agencias

Después del Papado de Juan Pablo II, con una vuelta a la sacristía, y con Benedicto XVI, aun intentando extender ese período, ese péndulo dejó de correr hacia esa dirección de los pobres y se centró en sí misma

(Luis Miguel Modino, corresponsal de RD en Brasil).- La Comisión Pastoral de la Tierra – CPT, ha estado presente en la vida de Ruben Siqueira en los últimos cuarenta años. En la CPT, donde hoy forma parte de la Coordinación Ejecutiva Nacional, encuentra un modo de ser cristiano, de luchar contra las injusticias y la violencia en el campo, especialmente en la Amazonía, acusando al Estado brasileño de «connivente, omiso, e incluso promotor de esa situación de violencia».

Junto con la tierra, la CPT se preocupa por el cuidado del agua, en un país que tiene una legislación que favorece el abuso de agua, siempre en favor de los dueños del capital. Frente a ello, la Comisión Pastoral de la Tierra ha colaborado en políticas públicas que han favorecido el acceso al agua, sobre todo en el semiárido de la región Nordeste de Brasil, tradicionalmente la más seca del país.

Ruben Siqueira afirma que «el Papa Francisco es una lluvia después de una terrible sequía«. En este sentido, destaca el gran valor de la Encíclica Laudato Sí, que muestra la importancia del «cuidado de la Madre Tierra y a los pobres de la tierra como los privilegiados del cuidado y de la atención de la Iglesia», lo que concuerda con el propósito de la Pastoral de la Pastoral tierra.

Ante los ataques que vienen sufriendo los agentes de la CPT, él reconoce que «la violencia en el campo, la violencia agraria, es pedagógica», pretende intimidar. Por eso, es necesario «recrear nuestras resistencias, nuestras formas de saber lidiar«, que permitan luchar contra el intento de volver «a los orígenes del liberalismo», una situación que «afecta a una parte cada vez mayor de la sociedad brasileña y mundial», lo que se traduce en un aumento de la pobreza, de los sin techo, los hambrientos, consecuencia de una «concentración del poder de riqueza cada vez mayor».

 

 

Después de casi cuarenta años trabajando en la Comisión Pastoral de la Tierra – CPT, ¿qué le motiva para seguir trabajando en la CPT?

Respondería desde dos perspectivas, lo primero es que el proceso de construcción del Reino de Dios es permanentemente inconcluso y yo encontré en la CPT un modo de continuar esa búsqueda y dedicarme a ello. Tenía mucho que ver con el modo de ser cristiano. La segunda es que las razones por las que la CPT se creó hace cuarenta y tres años, están presentes y agravadas. Nosotros vivimos en Brasil hoy, un proceso de exacerbación de la violencia en el campo, de mortandad, de todas las formas de violencia, incluso las masacres, que es cuando son asesinados tres o más en la misma ocasión. Fueron cinco masacres en 2017 y 71 muertos en general.

Esto refleja ese crecimiento de la violencia, que tiene mucho que ver con el proceso global del capitalismo. Hoy la tierra se ha convertido en un activo en el mercado de capitales, después de la crisis del capital financiero en 2007, que fue una crisis de la especulación. En busca de un lastre real, para no cesar, por el contrario potenciar la especulación, la búsqueda de áreas en Brasil, que tiene aún la mayor concentración de tierras cultivables, la mayor concentración de agua dulce disponible, principalmente en la Amazonía. Es por eso que la mayor parte de esos conflictos, de esas masacres, ocurrieron en la región. El llamamiento a la resistencia de la CPT, y mi dedicación a la CPT y a los campesinos, sigue más presente que nunca.

 

¿Cómo la CPT está enfrentando esa violencia en el campo, cuáles son los pasos que se están dando, cuáles son los desafíos que enfrenta la CPT?

Lo principal de la CPT es el trabajo junto con los campesinos, privilegiando a aquellos que sufren esos conflictos y que son víctimas de esa violencia, porque nuestro propósito, nuestro modo de actuar, es potenciar la resistencia, autonomía y protagonismo de los mismos. Creemos que esos pueblos más pobres, empobrecidos, tienen la capacidad de liberarse, al menos esa es la práctica y la enseñanza de Jesús y de tantos seguidores suyos después.

Junto con eso, que no es suficiente, es necesario construir procesos de alianza, de asociación, con otras instituciones afines, usar el aparato del Estado, aunque ese Estado sea connivente, omiso y hasta promotor de esa situación de violencia. Pero es necesario forzar al Estado, a través del Ministerio Público, junto al Congreso Nacional, las Asambleas Legislativas, porque uno de los factores del aumento de la violencia son los retrocesos en la legislación. El Congreso, dominado por la bancada ruralista, la bancada del agro negocio, ha hecho cambios en la ley que perjudican a los agricultores, al reconocimiento de las tierras tradicionales, de las tierras indígenas, de los territorios quilombolas y otros pueblos tradicionales, dificultando la agricultura familiar y campesina, que es la que produce el alimento que se consume.

Se está favoreciendo el agro negocio, la agricultura a base de insumos químicos, de agro tóxicos, Brasil ya es el mayor productor y el mayor consumidor de agro tóxicos en el mundo, y hay leyes previstas que todavía quieren permitir otros productos. Al mismo tiempo, también actuamos, lo intentamos, junto con esos socios, la opinión pública nacional e internacional. Eso cada vez es más importante, por cuenta de la circulación de la información y de la disputa de narrativas al respeto de todas esas situaciones. También ante tribunales de Derechos Humanos, tribunales internacionales, de la ONU, de la OEA, intentamos usar todos los medios posibles para que se pueda crear un frente que se anteponga. Si no puede vencer en el momento, por lo menos estancar esa sangría terrible que cada día aumenta en el campo.

 

La CPT, junto a la defensa de la tierra, trabaja en la defensa de las aguas. ¿Cuál es la problemática del agua en Brasil?

Primero el uso del agua en la agricultura y en los otros diversos usos, crece la irrigación, con sistemas hidro intensivos, y la minería, también hidro intensiva. El aluminio, por ejemplo, la extracción de bauxita para transformar en aluminio, gasta agua. La propia minería afecta a los manantiales, los acuíferos, y ahí, junto a las comunidades que son las primeras afectadas por esa búsqueda del agua para usos económicos intensivos, es el primer paso que intentamos para defender el agua. Incluso llevar a esa reflexión, Brasil como una potencia hídrica es un país que exporta agua, a través de mineral, a través de los productos agrícolas, y de eso nadie se da cuenta.

La legislación brasileña, considerada moderna, favorece ese abuso de agua y aún llama a la sociedad para participar de eso, cuando se dice en la ley de 1997, que la sociedad y todos los usuarios del agua, participan en la gestión de agua, que es una gestión participativa e inclusiva, como si los parlamentos de las aguas, que son los comités de cuencas, fueran suficientes para que ese uso del agua fuera sostenible. En realidad, estamos viendo que eso es una máscara, eso es un biombo, un enmascaramiento de la profundización del abuso del agua y de la crisis hídrica.

 

 

 

En Brasil hay regiones, sobre todo en el Nordeste, donde muchas veces y durante mucho tiempo, el pueblo pasó sed. ¿Cómo resolver el problema del agua?

En la región Nordeste, el semiárido brasileño, tal vez hasta por cuenta de haber pasado más tiempo enfrentando la crisis hídrica, que es una crisis estacional, periódica, hay un período que no llueve, hay que saber captar, almacenar y usar de manera sostenible y equilibrada el agua acumulada. Eso ya trae para ese pueblo, hace más tiempo, una perspectiva de cuidar del agua, para los usos prioritarios del agua, que son los usos humanos.

A finales de los años noventa y principios de los años dos mil surgieron tecnologías muy simples, que es la cisterna de placas, con recogida de agua de lluvia del tejado de las casas, un agua a bajo costo, relativamente bajo. Una cisterna de dieciséis mil litros es suficiente para una familia de cinco personas beber y cocinar por ocho meses. Esta primera experiencia se convirtió en política pública, existe el proyecto, aún en la época del gobierno de Fernando Henrique Cardoso, que es el Proyecto Un Millón de Cisternas, que era para ser realizado en cinco años, un millón de cisternas en el Semiárido. Ahora estamos en torno de ochocientas mil, tantos años después aún no conseguimos un millón.

A partir de esa primera experiencia exitosa se partió para otra, que es el Proyecto P1 + 2, una Tierra y dos Aguas, que ya es el agua de la producción agrícola, de la ganadería, también usando captaciones varias, principalmente de lluvia. Con eso, garantizada el agua de uso humano, doméstico, el agua de uso para la producción, se tienen condiciones hídricas suficientes para bien vivir en el Semiárido brasileño, después de tanta sequía, después de tanta mortandad.

El mejor ejemplo del éxito de esta política popular, que se convirtió en política pública, con buena participación de muchas entidades, casi mil entidades articuladas en la ASA, Articulación del Semiárido Brasileño, es que en la última gran sequía, la más rigurosa de la serie histórica de las sequías, que se tiene noticia, no murió nadie en el semiárido brasileño. Murieron animales, hasta árboles resistentes a la sequía se secaron, pero gente no se tiene noticias. Probablemente esto se debe a esa política de captación de agua de lluvia, de uso moderado y sostenible de las aguas acumuladas.

 

En la historia de la CPT siempre hubo obispos profetas, que influían decisivamente en el resto de los obispos de la Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil – CNBB. Hoy el episcopado brasileño, ¿está alineado con las Pastorales Sociales, con la Pastoral de la Tierra?

La Iglesia católica, y también algunas iglesias evangélicas históricas, tienen esa tradición de lidiar con las demandas internas, muchas veces conflictivas, para conciliar. En ese período de resistencia a la Dictadura Militar en Brasil, después del Concilio, después del Documento de la Conferencia de Medellín, después el Documento de la Conferencia de Puebla, un grupo no muy grande de obispos, con un cuño profético muy fuerte, hicieron esta tendencia a la conciliación para el lado de los pobres, para el lado de los oprimidos, de los explotados, en el campo y en la ciudad. Estas figuras daban tono a la CNBB.

Después del Papado de Juan Pablo II, con una vuelta a la sacristía, y con Benedicto XVI, aun intentando extender ese período, ese péndulo dejó de correr hacia esa dirección de los pobres y se centró en sí misma, en una Iglesia que se empoderó como institución clerical, volcada hacia la liturgia, hacia una espiritualidad desencarnada. Pero también permanecieron, en menor número en el episcopado, líderes que continuaron firmes en esa tradición de opción por los pobres, de Medellín, de Puebla, confirmado en todas las Conferencias Latinoamericanas posteriores, aunque fuera desfibrada un poco esa acción.

La CNBB hoy, está compuesta de esas tendencias conflictivas de la sociedad, que reverbera de la sociedad dentro de la Iglesia. Tenemos una nueva cosecha de obispos, con excepciones, creo que es una dificultad que el Papa Francisco no pueda tener más apoyo, lograr influenciar más el proceso de nombramiento de obispos, que es una caja negra hasta hoy para los fieles, para la asamblea del Pueblo de Dios. Pero, en fin, contamos con algunos, al menos, para que podamos estar legítimamente vinculados y estrechados con la dirección de la Iglesia, con la Conferencia Nacional de los Obispos, con la Pastoral de la Tierra. Es una pastoral creada por la CNBB y continúa teniendo su conexión.

 

 

 

El Papa Francisco escribió la Laudato Sí, una encíclica sobre la ecología. ¿Cómo su presencia está influenciando para que esa dimensión ecológica sea asumida dentro de la Iglesia?

Usando una metáfora de nuestro Semiárido, el Papa Francisco es una lluvia después de una terrible sequía. Reabre la esperanza de saciar la sed, del plantío, de la abundancia, trayendo esa perspectiva de la ecología, la discusión de los cambios climáticos, del calentamiento global, usando en la propia Carta Encíclica Laudato Sí lo que hay de más avanzado al respecto, lo que da un respaldo para esas afirmaciones de Laudato Sí.

Nos sentimos plenamente respaldados, principalmente en una comprensión de tierra que va más allá de la tierra de labrar, cosa que ya se había incorporado aquí en la Amazonia, en el Semiárido y en otros biomas del país, junto con los campesinos. Cuánto los procesos, los ciclos de la naturaleza son esenciales para la actividad agrícola, para toda la vida de familias campesinas, de comunidades campesinas.

Este permear la naturaleza, defenderla del avance del agro negocio que quiere imponer monocultivos tóxicos, hidro intensivos, produciendo unos pocos productos para la exportación y no para saciar el hambre, dejando desiertos atrás, proponiendo como reacción a ello el mercado de carbono, los mecanismos de reducción de la emisión de carbono, como si fuera un negocio, un mercado, sin mantenerlo en la naturaleza porque lo necesita, porque tiene derecho, sino desde una perspectiva mercantil. En todo esto, nos sentimos respaldados por la postura del Papa Francisco, en esas dos direcciones, el cuidado con la Madre Tierra y los pobres de la tierra como los privilegiados del cuidado y de la atención de la Iglesia, y por eso existe la Pastoral de la Tierra.

En el caso de los conflictos en el campo, una de las regiones donde esos conflictos son mayores es el sur del Estado de Pará, donde además de las masacres y persecuciones, este año se produjo la prisión del Padre Amaro Lopes, como consecuencia de su lucha en defensa de los derechos de los pequeños propietarios, continuando el trabajo que la Hermana Dorothy Stang hizo durante mucho tiempo. ¿Cuál es realmente la situación de esa región, qué es lo que está sucediendo para llegar a esa situación tan crítica?

Además del poder local articulado por poderes más amplios en el estado y en el país, estoy hablando del poder de los madereros, el poder de los ruralistas, de los ganaderos e incluso de esos mercaderes de carbono, esa región encontró en la lucha de los campesinos, de los pueblos de la selva con el apoyo de la CPT, de la Hermana Dorothy, del Padre Amaro, de las otras hermanas de Notre Dame de Namur, allá en Anapu, el apoyo necesario para hacer un embate que es muy simbólico, además de ser real allí, donde existe un Plan de Desarrollo Sostenible, un uso del bosque de manera efectivamente sostenible, que son sistemas agroforestales.

Por eso, existe un fuerte poder de estos sectores devastadores, destructores del bosque, y por otro lado una experiencia desde los pobres, apoyada por la Iglesia, por la CPT, contrapuesta a eso. Entonces eso necesita ser eliminado para ser ejemplar. La violencia actual, la violencia en el campo, y siempre fue así, es pedagógica. Cuando se dan ocho tiros en la cabeza de un líder campesino, se quiere cortar la cabeza, cuando se mata a una religiosa, con la Biblia abierta en la mano, es para decir así, ustedes de la Iglesia, de la CPT, no lo hagan, porque a ustedes les vamos a matar también.

Cuando se arman pruebas que no son pruebas, montajes de situaciones para incriminar al sacerdote, no para matarlo y convertirse en otro mártir, como Dorothy se volvió, y ser un símbolo que fortalece la lucha, allí se celebra la Romería de la Floresta, que va hasta su tumba y reafirma la resistencia de los campesinos en los sistemas agroforestales.

Ellos también evolucionaron, no vamos a eliminar físicamente para darles fuerza a través de un nuevo mártir, sino que vamos a desmoralizarlo ante la sociedad. El proceso del Padre Amaro tiene ese sentido. También tenemos que recrear nuestras resistencias, nuestras formas de saber lidiar, de construir una opinión pública, una narrativa que gane también las redes sociales, la opinión pública, revelando la trama urdida, diabólica, que está detrás de eso.

 

¿Se puede decir que el gobierno brasileño, el actual y el que va a asumir a principios de enero, con una perspectiva de futuro poco alentadora, son contra los más pobres, contra los que defienden los ideales y piensan en otro mundo posible?

Ese embate es cada vez más explícito y acrecentado, el neoliberalismo, la vuelta a los principios, a los orígenes del liberalismo, que fue perturbado por la socialdemocracia de la posguerra, por el estado de bienestar social, esta reafirmación del individualismo posesivo y exacerbado, no sólo es una práctica política, una forma de economía, sino una ideología muy poderosa, la más poderosa ideología que la humanidad ha tenido. Ideología en el sentido de una mentira bien contada, una creencia que las personas asumen sin darse cuenta de lo que significa realmente para su vida, para su continuidad como sociedad, como pueblo.

Creo que ese es el mensaje de Jesús, su actualidad, esa es la postura de la Iglesia de América Latina, del Papa Francisco ahora en la Iglesia mundial, es exactamente el enfrentamiento de esa postura que ya no llamamos neoliberalismo, sino ultra liberalismo, es hiper liberal. Lo que tenemos para enfrentarlo, es condicionar, refrenar, un poco eso, ayudar a las víctimas, a los trabajadores precarizados, con la previdencia pública derribada, el recorte de gastos sociales en salud, educación, seguridad pública. Esto afecta a una parte cada vez mayor de la sociedad brasileña y mundial, en los países de Europa y Estados Unidos aumenta la pobreza, aumentan los sin techo, los hambrientos, la concentración del poder de riqueza es cada vez mayor.

La perspectiva de esto es una hecatombe final, es el fin. Las pobres víctimas, los empobrecidos de eso son aquellos que más interés tienen en que eso no suceda. La resistencia de los pobres, en el campo y en la ciudad, en las diversas formas de empobrecidos, victimados por ese sistema, esa es la esperanza que tenemos, es lo que el Papa está diciendo, cuando afirma, ningún campesino sin tierra, ningún trabajador sin trabajo y ninguna familia sin techo, quiere decir que la idolatría del mercado es la muerte.

Los que luchan, que tienen el derecho, que buscan esas tres cosas que son fundamentales para cualquier existencia humana, están siendo los estratégicos luchadores contra esa posibilidad del fin completo que el sistema apunta. Y ahí recuerdo toda la trayectoria, todos los escritos, la monumental obra del Padre José Comblin, resumida en esa frase, la esperanza de los pobres vive.

 

 

Autor

Jesús Bastante

Escritor, periodista y maratoniano. Es subdirector de Religión Digital.

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