"Hoy nuestros líderes indígenas están siendo criminalizados, amenazados, muertos"

Jóvenes indígenas brasileños ven la JMJ como intercambio de experiencias y denuncia de persecuciones

"La Iglesia debería reforzar, como el Papa Francisco ya viene haciendo, el protagonismo de los pueblos indígenas"

Jóvenes indígenas brasileños ven la JMJ como intercambio de experiencias y denuncia de persecuciones
Jóvenes indígenas brasileños, preparados para la JMJ

La Iglesia necesita fortalecer a estos misioneros, que tienen un gran desafío, que es cuidar y garantizar nuestros derechos ante la sociedad

(Luis Miguel Modino).- La Jornada Mundial de la Juventud 2019, que tendrá lugar en Panamá, de 22 a 27 de enero, va a contar con representantes de los pueblos indígenas brasileños, que también participarán del Encuentro Mundial de la Juventud Indígena, que se celebra en Soloy, diócesis de David, de 17 a 21 de enero.

Son jóvenes indígenas de diferentes pueblos y regiones, que ven en el encuentro una «gran oportunidad para que podamos hacer un intercambio de experiencias», como reconoce Ionara, del Pueblo Guaraní Kaiowa de Mato Grosso do Sul, uno de los pueblos más duramente masacrados en Brasil.

Ella reclama que sea reconocida la identidad de cada pueblo, pues «los gobiernos dicen que los indios son todos iguales, pero nosotros no somos todos iguales, tenemos varias tradiciones, culturas, lenguas». Por eso, ve la JMJ como «una oportunidad única para que podamos hablar de cómo es la visión de los jóvenes indígenas, para poder conocer a los demás pueblos indígenas y a los jóvenes, porque hoy en día los jóvenes casi no son valorados».

Según la joven guaraní kaiowa, «esta sería una oportunidad para que podamos hablar lo que uno piensa, entiende, siente de verdad. No dejar que los demás hablen por nosotros, porque eso ha ocurrido varias veces. Este encuentro va a ser un intercambio de experiencias para que el mundo pueda escucharnos más».

Para los indígenas, la naturaleza, la tierra, tienen una importancia fundamental, como reconoce Marina, del Pueblo Guajajara, del estado de Maranhão. A pesar de las diferentes culturas, ella señala que todos tienen el mismo objetivo, «defender la tierra, seguir practicando la cultura». Desde esa perspectiva, en la medida en que van conociendo y conviviendo con cada joven, «vamos aprendiendo la realidad de cada uno, descubriendo lo que hay de mejor en la cultura de cada pueblo».

Para Micael, ésta es su segunda JMJ, ya participó en Rio de Janeiro, en 2013, aunque allí, «no tuvimos la oportunidad de mostrar la valorización de la cultura indígena», señala el joven del Pueblo Baré, del estado de Amazonas. Según él, «la Jornada Mundial de la Juventud y el Sínodo son momentos que nos están dando oportunidades para dialogar, conocer otras culturas y la realidad de los demás pueblos, para el mundo ver nuestras necesidades, tanto los jóvenes indígenas y otros jóvenes que sufren, que son olvidados».

El hecho de vivir en conexión con la Madre Naturaleza, es un estilo de vida que «en este país incomoda al sistema capitalista», reconoce Fabio, del Pueblo Pataxo Hahahae. Para ellos, el bosque, los ríos, los animales silvestres son importantes, lo que confronta con la propuesta de los grandes terratenientes.

«Hoy nuestros líderes indígenas están siendo criminalizados, amenazados, muertos. Nuestros ríos están siendo contaminados, hay varias comunidades que están consumiendo agua del río con veneno, con agro tóxicos, los bosques están siendo derribados», denuncia el indígena del estado de Bahia.

Por eso, pide «que la Iglesia mire a la comunidad indígena, que pase a la acción. Una de las mayores acciones de la Iglesia católica fue la creación del CIMI (Consejo Indigenista Misionero), una organización que hoy está siendo amenazada por el gobierno.

La Iglesia necesita fortalecer a estos misioneros, que tienen un gran desafío, que es cuidar y garantizar nuestros derechos ante la sociedad». Ese es un mensaje que está llevando para la JMJ, pues las propuestas del gobierno, que ha amenazado a los pueblos indígenas y sus tierras, en el primer mes de mandato se están materializando. Por eso, quiere «pedir apoyo a la juventud ante los problemas que están sucediendo en nuestro país».

Sidiclei, es un joven del pueblo tukano, seminarista de la diócesis de São Gabriel da Cachoeira, en el estado de Amazonas, que este año será ordenado diácono y sacerdote. Él destaca entre los clamores de los pueblos indígenas «el derecho a la vida, los pueblos indígenas desde hace 500 años, desde la colonización, están siendo muertos, parece que el ser humano no crece, no evoluciona hacia la humanización».

Junto con eso señala los problemas relacionados con la tierra y la presencia de la Iglesia en las comunidades indígenas.

En ese sentido, afirma que «la Iglesia debería reforzar, como el Papa Francisco ya viene haciendo, el protagonismo de los pueblos indígenas, ellos mismos siendo protagonistas de las comunidades indígenas».

En la diócesis de São Gabriel está empezando a formarse el clero autóctono, lo que puede ayudar «para que los propios pueblos indígenas logren caminar ellos mismos, luchar por la valorización de sus tradiciones culturales, de sus valores éticos, por la ecología integral, para la supervivencia del propio ser humano».

Según el seminarista del pueblo tukano, es necesario «no ser esclavo del capital, pues cuando eso sucede, nosotros mismos nos estamos matando, cuando los grandes bosques se acaben, será el propio ser humano quien va a perjudicarse». Por eso, «ir a la Jornada Mundial es colaborar para esa obligación del ser humano en el cuidado de la Madre Naturaleza».

André Karipuna, es un joven cacique de su pueblo, que quiere aprovechar la Jornada para «intercambiar experiencias, mostrar para el mundo los problemas y dificultades que los pueblos indígenas tienen en Brasil». Son problemas comunes, que han aumentado con el actual gobierno, lo que hace que «los jóvenes estemos más preocupados».

Por eso, pensando en sus hijos y nietos, ve necesario «luchar por nuestros derechos que están siendo amenazados. Cada gobierno que entra modifica todo, va quitando los derechos de los pueblos indígenas».

El joven karipuna agradece a las iglesias por haber abrazado esa causa, «estar junto a nosotros en esa lucha, siempre dialogando, conversando con nosotros, preocupadas con nosotros». Él denuncia los prejuicios que los indígenas sufren en Brasil y quiere que «la JMJ pueda ayudar a tomar conciencia sobre la importancia de los pueblos indígenas en el cuidado del Planeta, de la Casa Común».

«No importa el lugar donde estás, siempre hay una gran fuerza, una espiritualidad que da valor a esa gran Madre que es el Planeta Tierra», según Fabio, que quiere «llamar la atención sobre el cuidado que necesitamos tener con la tierra y reflexionar sobre la cuestión de la desigualdad en términos de territorio.

El mundo tiene territorio para que todos puedan vivir bien, con salud, pero desafortunadamente la ambición ha hecho que pocas personas hayan querido quedarse con gran parte de la tierra, y con eso acaban queriendo dominar a las otras personas».

Los pueblos guarani kaiowa tienen esperanza en el Papa, señala Ionara, quien se siente enviada por su pueblo, que quiere que el Papa conozca su sufrimiento, y de quien esperan palabras de consuelo.

Ella critica al Presidente Bolsonaro, afirmando que «él no tiene autoridad alguna, él puede decir que él es poderoso, pero él no es poderoso, él también tiene sangre, él también tiene hueso, él es un ser humano cualquiera». Su pueblo está dispuesto a enfrentarle «a través de los cantos, de nuestra oración, la Madre Naturaleza nos va a ayudar, el Sol y la Luna también. Nuestra oración es sagrada».

Fabio denuncia que «en Brasil hay muchos católicos que hoy tienen propiedades dentro de nuestras tierras, a veces hay católicos que están mandando matar a los indios». Por todo ello, «la Iglesia necesita hacer esa intercesión en nuestro país, decir basta a los gobernantes, a esos medios perversos que fomentan el odio, que mienten, que engañan sobre la realidad de los pueblos indígenas», resalta el indígena pataxo hahahae, quien quiere «decir al Papa que los católicos de Brasil vuelvan la mirada hacia la cuestión indígena, que hagan de hecho lo que Jesús predicó y dejó a la Iglesia, mirar a los pequeños».

Él confía en que a través de «la fuerza de los encantados, de nuestra espiritualidad, de nuestra ancestralidad, Dios dará una oportunidad para que las personas consigan entender lo que representa la causa indígena». Por eso insiste en que «queremos nuestro derecho de vivir y de ser respetados de acuerdo a la cultura de cada pueblo en este país, que tiene voluntad de vivir, de tener libertad, de gozar de su territorio sin quedarse todo el tiempo en ese impasse de disputa, de miedo, de tensión».

Así mismo destaca que aunque «a veces las personas predican que representamos un obstáculo al progreso del país, un perjuicio a la sociedad, ya se ha probado que los territorios indígenas son las áreas más preservadas y ese es el modelo que Brasil necesita. Queremos el derecho a vivir en nuestro país con la dignidad de estar en nuestro territorio».

En eso mismo insiste Marina Guajajara, pues para su pueblo, «el mayor miedo en este momento es el de perder las tierras, porque perdiendo la tierra demarcada, pierde su cultura, su fe, va a perder gran parte de lo que mueve a la persona a vivir. El indígena, estando en la tierra indígena, tiene todo, allí tiene sus creencias, su cultura, su lengua». La joven indígena denuncia que «con este nuevo gobierno, la mayoría de los pueblos indígenas tienen miedo a quedarse sin sus tierras».

Un aspecto que también es importante para André Karipuna, que ve necesario que «las autoridades de Brasil despierten y retiren todos los invasores de los territorios indígenas. Que los poderes públicos tomen conciencia de que hay que resolver los problemas que están sucediendo en Brasil con los pueblos indígenas».

El Pueblo Baré quiere que su cultura sea valorizada, fomentar un mensaje de perseverancia y de que la esperanza nunca muere. Su representante en la JMJ, dice que «esperamos propuestas buenas del Papa Francisco para todos los pueblos indígenas». En ese sentido, Micael destaca la «preocupación con el futuro de nuestro Planeta, de nuestros ríos que están siendo contaminados, de nuestros bosques que están siendo destruidos».

El encuentro también puede ser momento en el que encontrar elementos que ayuden a los pueblos indígenas. Sidiclei espera traer de vuelta «la comunión de los jóvenes indígenas y de todos los jóvenes que van a participar en esta Jornada Mundial de la Juventud. El aprendizaje con otros pueblos, cómo viven los desafíos y cómo valorar las culturas tradicionales. También esa comunión, que estamos juntos en esta lucha, la unión de todos los pueblos, principalmente de los pueblos tradicionales, originarios, que valoran sus culturas».

Junto con eso, «tener impacto en las autoridades de toda la Iglesia, de toda la sociedad, que tenga repercusión. Esperamos una respuesta, que no quede solo allí en Panamá, pero que mundialmente, también en Brasil, pueda hacer la diferencia y continuar con esa perseverancia, con esa esperanza, en medio de los desafíos, las tristezas, y las alegrías también, para seguir caminando».

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Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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