José Enrique Escardó cuenta en el Congreso peruano su testimonio de torturas físicas, emocionales y sexuales

Una víctima del Sodalicio denuncia que no puede superar el trauma por las represalias y por la inacción del Estado

Acusa a la secta de Figari de cerrarle oportunidades laborales y a la Fiscalía de no haber actuado de oficio

Una víctima del Sodalicio denuncia que no puede superar el trauma por las represalias y por la inacción del Estado
José Enrique Escardó, víctima del Sodalicio

Otros de los abusos que Escardó asegura haber sido testigo fueron lavar los servicios higiénicos con las manos, sin guantes, y con esa misma agua lavarse la cara

(C.D./EFE).- La comisión del Congreso peruano que investiga los abusos en el Sodalicio de Vida Cristiana de Luis Figari escuchó este lunes el demoledor testimonio del primer denunciante de la secta, José Enrique Escardó, quien aseguró que no puede superar el trauma de las torturas físicas, emocionales y sexuales que sufrió, un dolor agravado por las represalias que ha recibido y por la inacción de la Fiscalía.

El periodista Escardó, cuyo testimonio fue revelado por primera vez en el libro «Mitad monjes, mitad soldados», de los también periodistas peruanos Pedro Salinas y Paola Ugaz, indicó que se siente un sobreviviente y no una víctima, pero ya sin la esperanza de poder vencer a los traumas vividos.

Escardó advirtió que, tras su denuncia, el mismo Sodalicio se encargó de cerrarle oportunidades laborales y que la Fiscalía no actuó de oficio una vez iniciadas las querellas, mientras que él tiene que soportar desde hace años represalias que lo tildan de loco, mentiroso y de querer destruir a la iglesia.

El denunciante relató diferentes abusos sufridos cuando era aspirante para ingresar en esta organización religiosa fundada por Figari.

Escardó contó que los tutores los llevaban a situaciones extremas, manipulaban sus emociones para hacerlos más vulnerables y lo hacían siguiendo un protocolo y aprovechando también su situación de adolescentes.

El denunciante indicó que los abusos no solo eran psicológicos, sino también físicos, emocionales e incluso sexuales, que en su caso no llegaron a concretarse pese a que en una oportunidad fue examinado físicamente por su director espiritual, Alfredo Dracen.

 



Afirmó que fue el mismo Dracen quien le hizo «pruebas de valor» con una navaja que le puso en el cuello y con la que luego le punzó en el pecho varias veces mientras le llamaba maricón porque Escardó se puso a llorar.

Otros de los abusos que Escardó asegura haber sido testigo fueron lavar los servicios higiénicos con las manos, sin guantes, y con esa misma agua lavarse la cara.

También ingerir solo lechugas y agua durante semanas, permanecer de pie toda la noche meditando frente a una capilla, dormir por meses en una escalera, escribir 10.000 veces una consigna de castigo o ser pintado en la cara con insultos que dañaban la autoestima.

Los baños de agua helada eran constantes, ya que los instructores del Sodalicio aprovechaban que la casa donde acogían a los aspirantes por temporadas estaba frente a la playa.

El congresista Alberto de Belaúnde, presidente de la comisión investigadora, valoró la valentía de Escardó y sostuvo que testimonios auténticos como el suyo ayudarán para tomar medidas de precaución que la comisión recomendará para que estos abusos no se repitan en comunidades de ninguna índole.

Los abusos sexuales en el Sodalicio ocurrieron entre 1974 y 2009 a al menos 36 personas, entre ellas 19 menores, según el informe de la investigación interna, pero no comenzaron a ser investigados por la Fiscalía hasta 2015, cuando apareció el libro de Salinas y Ugaz.

Además de Figari, quien se encuentra en Roma apartado de la congregación, los otros agresores sexuales identificados dentro del Sodalicio son el fallecido Germán Doig, Virgilio Levaggi y Jeffrey Daniels, los dos últimos ya retirados de la sociedad, quienes abusaron de 19 menores y 10 adultos entre 1975 y 2002.

 



Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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