"En nuestras instituciones no puede ni debe existir lugar para los abusadores o encubridores"

La Iglesia latinoamericana declara la guerra a la pederastia clerical

"No basta con la intención de colaborar", admite el secretario general del Episcopado chileno

La Iglesia latinoamericana declara la guerra a la pederastia clerical
Paz y esperanza en Latinoamérica

Nuestro deber primero e irrenunciable es con las víctimas, y sabemos que si esta batalla parte desde la escucha y la atención a quienes sufren este mal, los resultados serán mejores

(J. B./Agencias).- «En nuestras instituciones no puede ni debe existir lugar para los abusadores, ni para quienes los encubran«. La Iglesia latinoamericana, una de las más sacudidas, junto a la europea, por el drama de los abusos sexuales a menores, ha acogido con esperanza los resultados de la cumbre antipederastia que ayer concluyó en el Vaticano.

Una de las más azotadas por el horror de los abusos es la Iglesia chilena, intervenida por la Santa Sede, que aceptó la renuncia de siete prelados por encubrimiento. Su representante en la cumbre, el obispo Fernando Ramos (el presidente, Santiago Silva, no acudió al estar siendo investigado por la Fiscalía), destacó la importancia de escuchar a las víctimas. «Es fundamental, ya que muestra que el flagelo del abuso sexual trae consecuencias devastadoras en las personas, que las llevan con ellas todos sus vidas, y de eso no solo hay que tomar nota, es necesario sentirlo y aprender a acompañarlos».

En opinión del secretario general de la CECH, «no basta con la intención de colaborar», sino que existe la obligación de «realizar un acompañamiento significativo a las víctimas de abuso sexual». Otro elemento a mejorar consiste en «establecer redes de comunicación más fluidas entre las diferentes jurisdicciones» para alcanzar «criterios de transparencia».

 

 

Por su parte, el presidente del episcopado de Paraguay, Adalberto Martínez Flores, destacó la importancia de «entender, asumir y corregir el pecado grave, el crimen de los abusos sexuales cometidos contra menores y personas vulnerables en la Iglesia».

«¿Puede haber mayor pecado, dolor, injusticia y miseria que la agresión y el abuso contra los menores y los adultos vulnerables en la Iglesia y en la sociedad?», se pregunta el prelado, quien admite que «debemos reconocer, avergonzarnos y pedir perdón porque nuestra conducta frente a los abusos ha respondido más a la lógica de la autopreservación de la Iglesia que al espíritu del Evangelio. Y en no pocos casos se los ha tolerado y se los ha encubierto, profundizando el dolor de las víctimas, siendo motivo de escándalo para los pequeños y poniendo en riesgo la credibilidad y la misión evangelizadora de la Iglesia».

Para Martínez Flores, la cumbre de Roma «nos lleva a asumir el compromiso en favor de la dignidad de la persona humana, imagen y semejanza de Dios, dando una respuesta contundente ante los abusos sexuales, procediendo con prontitud, trasparencia y justicia». «En nuestras instituciones no puede ni debe existir lugar para los abusadores, ni para quienes los encubran», señala.

«No basta con realizar denuncias ante los organismos eclesiales y estatales respectivamente, es urgente encontrar espacios que permitan estar cerca de las víctimas y de sus familias; así como en el acompañamiento sostenido e integral a las comunidades afectadas», insistió. «La sanación, prevención y protección irrestricta de la dignidad de las personas, sobre todo de los niños y adolescentes, así como del prójimo más vulnerable, exigen una auténtica conversión pastoral y personal de los clérigos, religiosos, agentes pastorales, educadores y colaboradores de la Iglesia», culminó el presidente de los obispos paraguayos.

 

 

Desde la Fe, el semanario de la Iglesia mexicana, califica la cumbre como «un importante precedente para evitar y erradicar este grave flagelo». Los abusos representan un tema que «nos duele y avergüenza», como señaló monseñor Alfonso Miranda Guardiola, secretario general de la Conferencia del Episcopado Mexicano, y constituyen una situación ante la cual la Iglesia también alza la voz para exigir justicia, sobre todo cuando se cometen a la sombra de una investidura eclesiástica.

«Esta problemática nos obliga a actuar con determinación, con firmeza, con pasos sólidos y fuertes», clama el editorial del semanario, que asume que «nuestro deber primero e irrenunciable es con las víctimas, y sabemos que si esta batalla parte desde la escucha y la atención a quienes sufren este mal, los resultados serán mejores».

«Es un momento determinante para decir «no» a la impunidad, y para evitar todo abuso en cualquier nivel y en cualquier ámbito», concluye Desde la Fe.

Finalmente, la CLAR (Confederación Latinoamericana y Caribeña de Religiosos y Religiosas) ha manifestado «su total adhesión y apoyo» a la cumbre de Roma. Para los religiosos latinoamericanos, el encuentro supone «un primer paso práctico de muchos otros que esperamos hacer juntos, para que toda nuestra Iglesia, sea un espacio seguro para nuestras niñas, niños, adultos vulnerables y para toda mujer, en donde todos podamos tener una voz y un espacio».

Autor

Jesús Bastante

Escritor, periodista y maratoniano. Es subdirector de Religión Digital.

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