Munilla es el que concita más apoyos, pero Asurmendi cuenta con muchas opciones

La Iglesia vasca se prepara para la marcha de Uriarte

El Vaticano ultima el relevo del obispo de San Sebastián con la terna de candidatos presentada por Monteiro

Los nuevos líderes de la Iglesia vasca serán «más conservadores en lo eclesial y menos politizados»

Cuenta Pedro Ontoso en El Correo que Gipuzkoa se prepara para el inminente relevo de Juan María Uriarte después de ocho años al frente del Obispado de San Sebastián, un cambio que no afectará sólo a la diócesis donostiarra sino que, y sobre todo, se notará en el liderazgo y en el discurso de toda la Iglesia vasca. La decisión ya está tomada y el anuncio del sustituto del prelado de Fruniz se conocerá en las próximas semanas, una vez que tome posesión de su cargo el nuevo embajador de la Santa Sede en España, Renzo Fratini, que se espera para mediados de este mes.

Se cumple ahora casi año y medio desde que monseñor Uriarte presentó su dimisión, obligatoria al cumplir 75 años. Desde entonces, la maquinaria vaticana ha venido trabajando para elaborar una terna de posibles candidatos, que podrían encajar en una de las plazas episcopales más difíciles de España. Una tarea de auténtica ingeniería eclesial dada la personalidad de la diócesis, muy progresista en cuanto a la doctrina social, pero, también, muy nacionalista en sus posiciones políticas. Y no sólo porque la mayoría social guipuzcoana se identifique con esa ideología, sino porque la extracción del propio clero se ha producido en ese ambiente cultural.

Desde meses antes de su renuncia, Uriarte viajó varias veces a Roma en busca de aliados para copilotar una sucesión que no fuera traumática para su clero, muy pegado a la sociedad guipuzcoana y muy implicado en la defensa y promoción de la cultura vasca. El prelado ha trasladado sus propios informes y su particular terna de candidatos para que en el Vaticano conocieran de primera mano la realidad de la diócesis.

Pero el ‘caso Pagola’ -la desautorización del libro sobre la vida de Jesús escrito por José Antonio Pagola– se cruzó en su camino como una gran baza para sus adversarios, que no son pocos y además tienen mucho poder. De hecho, la obra revisada con el ‘nihil obstat’ de Uriarte del que fuera estrecho colaborador de monseñor Setién -de su primera versión se vendieron más de 50.000 ejemplares- continúa hoy, casi un año después, en los almacenes de la editorial PPC, del potente grupo SM.

El último nuncio apostólico, el portugués Manuel Monteiro de Castro, antes de despedirse el pasado 7 de septiembre, cerró la terna de candidatos de San Sebastián y la envió a Roma, autoridad a la que corresponde la última palabra. El informe enviado al Vaticano se encuentra lacrado con el sello del secreto pontificio, pero ni ese blindaje resiste las filtraciones. Algunos observadores hablan de dos obispos y un sacerdote.

Otras fuentes añaden una cuarta persona, sobre la base de que no tienen por qué ser sólo tres los candidatos. Dos de los nombres fijos en todas las quinielas son José Ignacio Munilla, obispo de Palencia, y Miguel Asurmendi, titular de la diócesis de Vitoria, ambos muy bien posicionados.

A día de hoy, Munilla es el que más apoyos tiene; entre ellos, los de los cardenales Rouco y Cañizares. Lo cual no quiere decir que sea finalmente el elegido, pues su regreso a San Sebastián aventura un conflicto seguro. El ex párroco de Zumarraga, baluarte de la línea más conservadora del Episcopado y con una mentalidad con la que no se identifica el clero guipuzcoano, se formó fuera de la diócesis y funcionó al margen del obispo.

Fuentes eclesiales creen que Munilla no irá a San Sebastián, al menos de momento. «No creo que cometan tal insensatez», asegura un columnista de gran prestigio. «Sería una bomba de relojería», apostilla un teólogo y profesor universitario de larga trayectoria. «Se ha formado fuera de aquí y encima lo traerían con galones. Sería una provocación», insiste.

Una parte del clero guipuzcoano ya había adelantado ‘sottovoce’ que si Munilla regresaba a San Sebastián se le pagaría con la misma moneda que acuñó «cuando era un cura raso»: «Si él actuó al margen de la diócesis y del obispo titular, le responderíamos de igual manera», se anticipa a modo de rebelión. El choque sería inevitable entre el pastor y sus presbíteros.

Sea quien sea el sustituto de Uriarte, los analistas coinciden en el perfil del próximo obispo de San Sebastián. Según su criterio, además de hablar euskera, será un prelado más holgado desde el punto de vista ideológico, permeable a los nuevos movimientos eclesiales, y más abierto a las diferentes opciones políticas. Una persona, además, ligada al clero, que es el estamento que preocupa. «Lo importante es el ‘staff’, y el staff es el clero», se remarca.

La pista navarra

En esa línea, quienes siguen de cerca la actualidad de la Iglesia creen que Uriarte y el antiguo embajador de la Santa Sede han pactado una persona de consenso, que sin ser el deseado, pueda ser aceptado por ambas partes. «La actuación del nuncio siempre ha sido en una línea pactista con la idiosincrasia de la diócesis, sin posiciones demasiado frontales», argumenta un visitante habitual de la sede madrileña de Pío XII.

En la búsqueda de ese mirlo blanco, algunos miran a tierras navarras. Varios nombres han vuelto a reaparecer en los últimos días, alguno de ellos euskaldun, que contaría con las bendiciones de Uriarte. El propio obispo, cuando se le ha preguntado por su sustituto, ha proporcionado los rasgos de su perfil y de su misión: «Buenas espaldas para aguantar el peso del martirio, capacidad de diálogo con todas las sensibilidades y que sepa situarse en un clima de crisis religiosa», describía el prelado hace seis meses.

«Que no sea un extraño en su propia comunidad y pueblo y que sepa amar a una sociedad plural», sugería.

Pero el nuncio y Uriarte tienen enfrente al poderoso cardenal Rouco, que hasta ahora siempre ha inclinado a su favor la balanza de las ternas, hasta el punto de «anular la Nunciatura», según escribe en la revista Vida Nueva Juan María Laboa. El historiador de la Iglesia, brillante intelectual y hermano del que fuera, precisamente, un nuncio de acreditado prestigio, se refiere al «influjo inédito en la historia española en la selección y nombramientos de candidatos, algunos, ciertamente controvertidos».

Los analistas observan un movimiento de Roma, que puede tener consecuencias en las futuras designaciones. Monteiro de Castro puede conducir desde la ciudad del Tíber lo que en Madrid ha decidido al pasar a la Secretaría de la Congregación de Obispos. Su conocimiento «del medio» puede actuar de contrapeso a los informes y valoraciones del purpurado gallego. El diplomático portugués contaría con la complicidad del jesuita Luis Francisco Ladaira, consultor del mismo dicasterio.

Mientras se afianza ese nuevo tiempo en las relaciones entre Roma y Madrid, la Iglesia vasca se enfrenta a un nuevo cambio de ciclo. ¿La sensatez diplomática del nuncio Monteiro habrá podido aguantar los movimientos del puzzle de Rouco? En San Sebastián, Uriarte abrió el pasado viernes su último curso pastoral y todas las parroquias e instituciones trabajan con una hoja de ruta impulsada por Uriarte, que ha dejado marcadas unas «acciones prioritarias» para cerrar el programa quinquenal diocesano. En el documento, el obispo asume el relevo episcopal en espera de un prelado que «favorezca la cohesión diocesana, facilite nuestra comunión con otras iglesias locales y, con el Papa, trabaje por la paz».

A vueltas con Blázquez

En Bilbao, Ricardo Blázquez, ajeno a los rumores que le sitúan en el arzobispado de Oviedo, viaja tranquilo, «encantado» con la labor de su auxiliar, Mario Iceta. En Vitoria, Miguel Asurmendi trabaja sin presión en una provincia amable, aunque la cambiaría por San Sebastián si así lo requiere Roma. Pero en las curias y en las parroquias se espera con ansiedad y con no poca incertidumbre los designios del Vaticano, conscientes de que se avecina un golpe de timón. ¿Y si al final es una operación a tres bandas?

El Vaticano es lento, pero seguro. Y no da puntada sin hilo. Los estrategas de Roma se mueven en proyectos más globales y con unos objetivos que no someten a discusión. Todo indica que con la marcha de monseñor Uriarte se acaba la saga de obispos nacionalistas y que el futuro de la Iglesia vasca, a corto o medio plazo, pivotará sobre báculos muy distintos a los de los últimos cuarenta años. ¿Sobre los de Mario Iceta y José Ignacio Munilla?

El pasado mes de marzo, en una intervención en Bilbao dentro del curso del Foro Europa, Juan María Uriarte, que siempre ha defendido el diálogo para la paz y el derecho a decidir, precisó que entre las cualidades del nuevo obispo debería figurar la de su cercanía al pueblo, un concepto habitual en su discurso. A su compañero de Episcopado y obispo de Bilbao, Ricardo Blázquez, sin embargo, le pareció bien que Patxi López, en su toma de posesión como lehendakari en Gernika, lo sustituyera por el término de ciudadanía. Aunque, a renglón seguido, censurara la eliminación de los símbolos religiosos en el acto, «que forman parte de la fe, pero también de la cultura».

Todo indica que los nuevos líderes de la Iglesia vasca serán «más conservadores en lo eclesial y menos politizados», describe un analista, convencido de que lo que se trata ahora es de «pasar página al conflicto y dedicarse a la evangelización y a sembrar en el campo de las vocaciones para llenar el granero». Mario Iceta, auxiliar de la diócesis vizcaína, es un ejemplo de la nueva hornada: pastoral juvenil y vocacional y sin discurso político en la plaza pública.

Para muchos, el nuevo rumbo indica una dirección muy clara. «Es un sopapo en toda regla al clero guipuzcoano y vizcaíno. Ni ascienden aquí ni se les promociona fuera. ¿Es que ninguno de los nuestros está preparado? Basta con mirar las publicaciones que se editan en España y las conferencias y los seminarios que se convocan para ver nombres de las diócesis vascas. Está claro que se trata de un planteamiento político», denuncia. «Se esgrime como argumento que son nacionalistas. ¿Acaso Rouco o Cañizares no son nacionalistas españoles cuando hablan de que la unidad es un bien común?», se pregunta.

La opinión de la jerarquía seguirá contando, pero menos, en una sociedad cada vez más secularizada y laica. Como el nuevo Gobierno de Patxi López, que acaba de recibir a los obispos en un gesto de respeto al pluralismo tras marcar su perfil más ideológico, alejado de las creencias. En la entrevista se habló de pacificación, pero también de crisis económica y de educación, sin ataduras y sin compromisos.

En el santuario de Arantzazu, el lehendakari siempre acompañaba al obispo de turno, ya fuera Setién o Uriarte, en la festividad de la patrona de Gipuzkoa, una relación cómoda para ambas partes. También en Azpeitia, en el día grande de la basílica de Loyola. López no estuvo en ninguna de las dos celebraciones. Parece que la política se desprende de su velo sagrado y que la patria ya no es aquel nuevo sacramento del que hablaba el antropólogo Joseba Zulaika.

 

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