"Ni asumo ni rechazo la decisión. No hago mudanza"

Juan Masiá, silenciado por su provincial

El P. Sumita le invita a cesar sus actividades en el mundo hispano

Hay voces episcopales que, para medrar en el escalafón, actúan inquisitorialmente

Emmanuelle (RD).-Según informaciones recibidas recientemente de fuentes de la Compañía, los jesuitas han roto el prolongado silencio (insoportable para los detractores de Masiá, que pedían insistentemente su defenestración). Y lo han hecho con la acostumbrada sutileza jesuítica, que unos alaban como diplomática y otros critican como escolástica. Juan Masiá ha recibido una carta que lo rehabilita, a la vez que intenta silenciarle, envolviendo con paños calientes de alabanzas una amonestación tajante revestida de exhortación a la prudencia.

Emmanuelle: ¿Así que te llegó por fin la fatídica carta de Roma? Estará satisfecha la Inquisición española S.A, al verte ya condenado.

Juan Masiá: No, ni es de Roma, ni estoy condenado. He recibido una carta de mi Superior Provincial en Japón, el P. Sumita. No me condena. Simplemente expone la conveniencia del cese de mis actividades en el mundo hispánico.

Pero el caso es que te silencian, ¿no es así?

JMC: Bueno, la primera parte de la carta es más bien una rehabilitación. El Provincial aprecia mi labor en Japón, pasada y presente (mi labor académica y pastoral y de colaboración estrecha con el episcopado japonés), desea que me concentre más y mejor en ella. Lo más importante de la carta es que, de un modo explícito y tajante, dice que jamás se ha puesto en cuestión mi ortodoxia ni mi vinculación con el cuerpo de la Compañía y que no quiere él que se sitúe en semejante contexto la presente prohibición de actividades en mi país de origen. Ese párrafo se agradece mucho, sobre todo teniendo en cuenta las falsas acusaciones injuriosas que han vertido en internet ciertos grupos ideológicos extremistas, que me acusaban de hereje y exigían mi salida de la orden y del ministerio sacerdotal.

Bueno, tú eres muy japonés en el modo de hablar y lo suavizas todo. Pero a ti te han dado una de cal y otra de arena. Con una mano te acarician y con otra te abofetean. Después de las alabanzas, vendrá la segunda parte de la carta para hacerte callar, ¿no es así?

JMC: Viene antes un «intermezzo», en el que el Provincial se justifica diciendo que la prohibición es solamente «por prudencia pastoral» y por «responsabilidad hacia el pueblo de Dios» (me pregunto: ¿qué parte del pueblo de Dios?). Dice que a veces se producen situaciones en que, aunque no podamos estar de acuerdo con ellos, no tenemos más remedio que acceder a los «pastores del pueblo de Dios» que nos piden que dejemos de hacer algo que estábamos haciendo hasta ahora (Me pregunto: ¿Qué pastores? ¿Del estado español o de otros sitio? ¿Con qué acusaciones? ¿Con qué fundamento? ¿Con qué margen de respeto a los derechos humanos del acusado para defenderse de falsas acusaciones?… Nada de esto se menciona en la carta, es su parte más débil).

¿Y todo eso te lo tienes que tragar por tu voto de obediencia?

JMC: No nos precipitemos… la obediencia no puede ser nunca irracional, lo de obedecer «perinde ac cadaver», aunque sea frase de una carta ignaciana, es teológicamente inadmisible, no hay que ser como los grupos sectarios que idolatran cualquier frase del «padre fundador». La obediencia nunca puede estar pisoteando los criterios evangélicos ni los derechos humanos o la dignidad de las personas. La obediencia supone que tanto quien manda como quien obedece escuchan la voz del Espíritu, que habla también a través de las comunidades; ni tienen los superiores monopolio sobre el Espíritu ni línea directa de mail con la voluntad divina. También el provincial ha de escuchar lo que le dice el Espíritu a través de quienes le han escrito proporcionándole información para rehabilitarme, defenderme de falsos testimonios y equilibrar la balanza en que pesaban demasiado las calumnias. Estas últimas no se deben admitir, aunque vengan de voces episcopales que, a veces, para medrar en el escalafón eclesiástico, actúan inquisitorialmente.

¿Quieres decir, hablando en plata, que vas a desobedecer y objetar en conciencia?

JMC: Voy a actuar con la libertad de Espíritu, que no debemos perder nunca. Evitaré dos extremos: el obedecer a ciegas (nada de «como cadáveres», con perdón de nuestro fundador), lo cuál sería irresponsable; y evitaré también el otro extremo, es decir, el de ponerme histérico protestando, lo que solo serviría para que dijeran que el problema soy yo. Optaré, de momento, por la alternativa ignaciana: «En tiempo de desolación no hacer mudanza» (Ejercicios espirituales, n.318). Es decir, ni asumo la decisión del P. Provincial, ni me precipito a rechazarla, ni cancelo ninguno de los proyectos pastorales, académicos o periodísticos en marcha. Simplemente, «no hago mudanza»; pongo un paréntesis, para dar tiempo a que tanto el Provincial como yo nos serenemos y escuchemos la opinión de terceras personas que ayuden a equilibrar la balanza.

¿Y qué vas a hacer si, pasado ese tiempo de «no hacer mudanza», no eres capaz de obedecer y actúan institucionalmente contra ti, como ya hicieron en su día cuando tuviste el problema por el que te echaron de Comillas?

JMC: No, aquello no fue mi problema. El problema fue de ellos y para ellos. Lo mismo ocurriría ahora. Cada vez que se produce esa situación, la enseñanza evangélica es «sacudir las sandalias» y seguir caminando hacia la aldea siguiente. Es la espiritualidad del éxodo, de las redes, del optimismo a lo Arrupe….Eso significa «vivir en la frontera». Ya lo dijo el Galileo: «¡Ay de vosotros si todo el mundo os alaba!… No le irá al discípulo mejor que al maestro…»

 

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído