"Los valores evangélicos son hiperdemocráticos"

«Este Gobierno es agresivo con la religión»

Andrés Torres Queiruga: "Malos tiemnpos para la libertad de expresión en la Iglesia"

Estoy de acuerdo con la Conferencia Episcopal cuando sospecha que con la asignatura de Educación para la Ciudadanía el Estado pretende entrar en unas cuestiones éticas que van más allá de lo que le corresponde

«Lo que digo en toda mi obra está dentro del pluralismo legítimo de la Iglesia», se defiende frente a quienes pretenden situar sus ideas fuera de la ortodoxia oficial. El «caso Torres Queiruga» saltó a las primeras planas al destaparse un informe de la Comisión para la Doctrina de la Fe en el que se cuestionaba la «catolicidad»de su ideario teológico. Ahora, tranquilo, respaldado por los múltiples e importantes apoyos recibidos y a la espera de nuevas noticias, el teólogo de Aguiño concede a FARO esta entrevista, realizada en gallego, en la que deben prestar atención a sus reflexiones, porque a Andrés Torres Queiruga le avalan una treintena de libros de investigación en torno a la problemática de la reinterpretación de cristianismo y un prestigio internacional que ni siquiera sus adversarios ideológicos se atreven a discutir.

-Perdón por la duda, pero ¿hablo con un expulsado, un amonestado o un apercibido?

-Ni una cosa ni las otras, porque no se trata de un asunto de personas sino de ideas, y aquí ante lo que estamos es únicamente ante un proceso de posible censura de algunas ideas teológicas.

-¿Qué ocurrió entonces?

-Pues que un grupo, dentro del Episcopado español, que se considera más ortodoxo que nadie, juzgó que determinadas ideas de mi producción teológica estarían, no tanto fuera de la Iglesia,como fuera de la ortodoxia oficial y que,por lo tanto,deberían ser corregidas.

-El caso es que el asunto provocó un gran revuelo…

-Claro,porque los periodistas se enteraron de esa posible declaración de la Comisión y, al preguntarme a mí, pues lógicamente me extrañé de que se pudiese juzgar una obra entera sin hablar con su autor; y además porque yo estoy absolutamente convencido de que lo que digo en toda mi obra está dentro del pluralismo legítimo la Iglesia.

-Pero si no hubiese duda de ello, nadie le habría apercibido…¿Qué tiene su obra que puede haber provocado esta reacción de los que usted denomina ortodoxos?

-No es fácil decirlo.Mi Teología, muy atenta a la Filosofía y a la cultura me ayuda e incluso me obliga a pensar la Fe de una manera actual.A partir de ahí, claro, entramos en el terreno de lo que Paul Ricoeur ha llamado «el conflicto de las interpretaciones», es decir, en este caso, de lo legítimamente discutible.Y en ese terreno debo decir que mi interés radica en intentar dar una interpretacion de lo que es el fondo de la experiencia de la Fe, de manera que una persona actual con sensibilidad actual, lo entienda (al margen de que esta interpretación le convenza o no). En síntesis, que lo que intento es ofrecer una interpretación de la Fe coherente, creíble y vivible.¿Que por qué entonces ha provocado la reacción de esos sectores?,me pregunta usted. Bueno, la verdad es que me cuesta entenderlo,porque como ya le dije antes, estoy convencido de que todo lo que he escrito entra dentro de un pluralismo teológico normal.

-¿Qué ha pasado con la Iglesia española? ¿Qué fue de aquel comportamiento ejemplar durante la Transición frente a su actual posicionamiento más bien ultraconservador?

-Tiene una explicacion cronológica que estriba en un cambio de timón en el que coincidieron al mismo tiempo el pontificado de Juan Pablo II y la elección del cardenal Suquía como presidente de la Conferencia Episcopal.A partir de ese momento hubo un giro muy fuerte cara a un posicionamiento más inmovilista. Esa línea se impuso en su día y es la que predomina ahora, si bien, insisto en esto,yo no creo que todo el Episcopado esté de acuerdo, y buena prueba de ello es que las votaciones se ganan o se pierden por muy estrecho margen de votos.

-Pues habrá muchos obispos progresistas, pero no se nota. Y ya sabe usted que quien calla, otorga.

-Yo no pienso que otorguen, pero sí es verdad que la Iglesia es muy vertical en su funcionamiento y en ella se acata la autoridad. Creo que eso no es correcto, evidentemente, entiendo que habría que ser más críticos,más plurales, porque eso sería bueno para la fe.Es más: yo creo que es una necesidad urgente de la propia Iglesia.

-O sea, que corren malos tiempos para la libertad de expresión en la Iglesia española.

-Pues sí,debo reconocerlo.

-Me sorprende en sus declaraciones públicas su gran optimismo al respecto de todos los asuntos que conciernen a la renovación de la Iglesia. ¿En qué basa usted ese optimismo?

-No es que sea optimista, soy esperanzado, que es bastante distinto. Evidentemente, no me siento feliz con la marcha actual de la Iglesia y, es más, si me preguntase cuál es a nivel práctico, de gobierno pastoral, el problema mayor de la Iglesia en estos momentos, yo le diría sin dudarlo que es la falta de una auténtica democracia en todo el funcionamiento eclesial.

-Disculpe que le interrumpa, pero la Iglesia nunca ha sido un modelo de institución políticamente democrática.

-Eso lo matizaría pero, en todo caso, no quiero discutir acerca del concepto político de democracia. Porque yo no me refiero tanto al concepto político de democracia, como al de los valores fundamentales que entendemos por espíritu democrático, valores que van desde la participación al pluralismo pasando por el diáologo y el servicio. Eso no sólo debe estar en la Iglesia, sino que debe ser acentuado al máximo posible. Porque puede que efectivamente la Iglesia actual no se caracterice por su democracia interna; sin embargo, en el sentido evangélico, la llamada a la democracia sí que está en la Iglesia, y lo está además desde sus inicios, desde Jesús de Nazaret.A tal punto esto es verdad, que incluso en los peores tiempos de la Iglesia,que no son éstos, nunca nadie se ha atrevido a cuestionar el Evangelio, y en el Evangelio es precisamente donde se nos muestra la figura de un Jesús que contrapone el gobierno eclesial al gobierno político para insistir que,frente al abuso y al autortitarismo, «entre vosotros no puede ser así». Los valores evangélicos, tomados en su sentido genuino, son, si se me permite la expresión, hiperdemocráticos. ¿Por qué entonces no habría de llegar, a corto, o medio plazo, una renovación, incluso una revolución, dentro de la Iglesia? Es más: resultaría incluso mucho más fácil ahora que, por ejemplo, en tiempos de Pío XII, donde, sin ir más lejos, una entrevista como ésta sería impensable.Y sin embargo llegó Juan XXIII y llegó el Vaticano II.

-¿Cómo debemos entender una reacción tan visceral de la Iglesia a causa de la instauración de la asignatura de Educación para la Ciudadanía?

-Pues básicamente a que se ha creado un mal clima entre el Gobierno y la Conferencia Episcopal. Creo que no era indispensable llegar a un conflicto abiereto, aunque en este tema hay una cierta razón objetiva por parte de la Iglesia. La polarización que actualmente se vive en la política española ha repercutido en una serie de medidas que han sido bastante agresivas con la sensibilidad religiosa de España. Soy de los que piensan que las grandes reformas que ha hecho el socialismo español se han concentrado más en el campo moral y ético que en el campo de la justicia social,de la solidaridad autonómica, del reparto de la renta o de la justa progresividad de los impuestos. Reconozco que ha habido cambios positivos pero,en todo caso, no se han hecho con el respeto que exigiría ya no sólo la sensibilidad de los creyentes, sino también la de los no creyentes. Lo más grave es la configuración ideológica, en la que tampoco la Iglesia ha sabido estar siempre en su justo lugar.Eso explica situaciones como la del debate del aborto que se ha convertido en asunto religioso, como si el debate estuviese entre lo que «piensa la Iglesia» y lo que «piensa la sociedad». Cuando, en realidad, lo único que de verdad interesa es averiguar qué es bueno para todos,para la gente, para lograr una sociedad verdaderamente humana, y ese es un debate en el que todos deben participar con razones éticas. En este marco es en el que hay que entender la reacción frente a la asignatura de Educación para la Ciudadanía. Porque desde la Iglesia se sospecha, y creo que con cierta razón, que con esta asignatura se le dan unas posibilidades al Estado de entrar en unas cuestiones éticas más allá de lo que debería corresponderle. Claro que, al final, todo va a depender del talante que tengan los profesores,según respeten o no los límites de su cometido.

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