La interpelación de Iceta refleja la mentalidad de tener partidos confesionales

Iceta predica contra los burukides

El obispo auxiliar de Bilbao solivianta al PNV por exigirle «moralmente más»

Y llama la atención que sea el auxiliar el que hace el llamamiento, y no el titular

Cuenta Pedro Ontoso en El Correo que los obispos vascos han condenado el aborto con toda nitidez y sin ningún tipo de titubeo desde que Felipe González lo despenalizara hace ahora 24 años. Va en su condición de jerarcas y, además, el magisterio de la Iglesia no admite matices. El revuelo que ahora se ha montado es porque Mario Iceta Gavicagogeascoa, auxiliar de la diócesis de Bilbao, ha roto una tradición no escrita: ha señalado al PNV, con sus siglas y apellidos, y ha afeado públicamente su conducta por apoyar, aunque con retoques, la reforma de la legislación sobre la interrupción del embarazo.

Ese reproche es inédito en la trayectoria del Episcopado vasco de los últimos años, muchas veces identificado con el discurso nacionalista, salvo en las cuestiones de auténtica doctrina eclesial, como la asignatura de Religión. La irrupción de Iceta en la polémica ha provocado un fuerte malestar en el seno de la formación jeltzale, que desaprueba que la Iglesia interfiera en su debate interno exigiéndoles «moralmente más» que a otras formaciones.

Y llama la atención que sea el auxiliar el que hace el llamamiento, y no el titular, si bien cuenta con el apoyo de Ricardo Blázquez, muy beligerante también en este frente.

Algunos han visto en la interpelación de Iceta al PNV la exigencia de que sea un partido más confesional, acorde con los postulados doctrinales de la Iglesia. ¿Refleja esa nueva mentalidad, presente en otras zonas de España, de buscar una Iglesia con brazos políticos? Cuando la formación jeltzale renunció a la confesionalidad, los obispos vascos no plantearon ninguna batalla. Y hoy, sociológicamente, la sociedad vasca parece transitar por otro camino.

Esa es la novedad en este pulso. Porque la hemeroteca vasca está repleta de intervenciones episcopales contra del aborto. Una de las más contundentes fue la de Miguel Asurmendi. El obispo de Vitoria, que rehúye el protagonismo público, aprovechó la misa del Día de la Virgen Blanca para combatir la iniciativa de Zapatero y advertir que los que realicen un aborto o colaboren en él «serán excomulgados».

Asurmendi, muy en línea con el discurso más duro de la jerarquía, que abandera su portavoz, Martínez Camino, aludía a la responsabilidad de los políticos «en el Parlamento del Estado» para que el anteproyecto no sea aprobado. Pero el prelado no señalaba a ninguna formación en concreto.

Blázquez, ‘número dos’ de la Conferencia Episcopal, ha realizado numerosas declaraciones en contra del aborto y de su reforma. Lo ha hecho en sus documentos de Navidad o con ocasión del Congreso de Católicos y Vida Pública que se celebró este año en Bilbao. El mensaje del obispo de Bilbao se ha centrado en destacar que la «aceptación social» del aborto es una señal de «peligrosa crisis moral». Precisamente este es el argumento sobre el que el PNV apuntala su ciaboga ideológica.

Pero Blázquez nunca ha señalado a una sigla en concreto.
Juan María Uriarte, obispo de San Sebastián, también ha sido contundente contra el aborto, «un atentado contra la vida», según dejó claro en una intervención pública en el Forum Europa en Bilbao, donde asumió la postura de la Iglesia contra el Gobierno. Pero el prelado vizcaíno, con mando en Guipúzcoa, se desmarcó como en otras ocasiones de las cruzadas episcopales en la calle contra el Ejecutivo de Zapatero.

No imponer

Uriarte, de acuerdo en el fondo pero contrario en las formas, sostiene que en la defensa del ‘no’ al aborto la posición de la Iglesia tiene que ser «propositiva, pero no impositiva, y debe evitar dar la sensación de que se quiere imponer a la sociedad». Fiel a su trayectoria, el prelado vasco defendía una actitud «dialogante y dialogada» y apelaba a los profesionales del Derecho y de la Medicina para «no dejar sola a la Iglesia cuando defiende principios tan importantes y tan netos».

Al discurso de la Iglesia vasca se ha incorporado Mario Iceta, jovencísimo obispo, muy conservador y auxiliar de Bilbao, con fama de ser «muy decidido» y sin miedo a los micrófonos. Considerado un ‘outsider’ por la vieja guardia del clero al haberse formado fuera de los seminarios de Euskadi, no elude la arena pública ni los debates espinosos. Hace dos semanas, ofició una misa «por la vida» en la parroquia de los Agustinos de Bilbao antes de que partieran los autobuses camino de la manifestación de Madrid.

Su presentación en sociedad en el Forum Europa, con la ponencia ‘Acoger la vida’, encontró eco por su factura intelectual. Licenciado en Medicina, hizo su tesis doctoral sobre Bioética, lo que le cualifica para debatir sobre el aborto. O sobre el derecho a morir. Cuestión sobre la que mantuvo un elevado duelo dialéctico con el anestesista Luis Montes, ex jefe del servicio de Urgencias del hospital Severo Ochoa y abanderado de la eutanasia. El encuentro respondió a una invitación del PNV y se celebró en la Fundación Sabino Arana, fábrica de ideas del nacionalismo jeltzale.

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