Cofrades y seminaristas, junto al cardenal Amigo

Este hombre es un santo (o dos)

Felicitación con aromas de despedida después de 27 años en la ciudad

El 5 de noviembre de 1982, tal día como hoy hace veintisiete años, que son los que lleva Amigo entre naranjos, el Papa polaco declaraba beata a Sor Ángela de la Cruz

Celebraba un santo y le salieron dos. En una ceremonia íntima, de protocolo sutil sin ademanes ni escorzos, Carlos Amigo Vallejo abrió las puertas de Palacio para recibir las felicitaciones en el día de su onomástica. En plena transición diocesana, probablemente la última que celebra en Sevilla ante un inminente traslado a Galicia, el destino más que probable para su jubilación. Lo cuenta Diario de Sevilla.

Manuel Soria, delegado diocesano de Cofradías y Hermandades, tomó la palabra en nombre de todos los presentes. Recordó a dos santos, San Carlos Borromeo y San Juan María Vianney, hombres «cercanos y amables con quienes no pensaban como ellos, partidarios del diálogo y la colaboración». «¿No les recuerdan estos dos santos a nuestro cardenal?«, preguntó Soria a los presentes, que antes habían ido felicitando uno a uno a Monseñor.

En un ambiente distendido, Amigo Vallejo dijo que procuraría contar con los servicios de Soria si algún día se iniciara su proceso de beatificación. «Para que a uno lo hagan santo, antes hay que morirse«, bromeó el cardenal. «Uno no va por ahí diciendo: el próximo domingo me van a beatificar». Sus expectativas de santidad las resumió con una expresión del gallego, quen che dera (quién te diese), cuya traducción popular en el idioma de Rosalía de Castro es ojalá. Tres palabras que resumen los orígenes pastorales del castellano que se ordenó cura en Santiago de Compostela y llegó a Sevilla desde la diócesis de Tánger. «Ojalá en árabe es bendito sea Dios«.

Como los santos evocados por el delegado diocesano, Amigo Vallejo procuró rodearse de buenos colaboradores para hacer progresos evidentes en la relación con el mundo cofrade. Avances que enumeró: un «mayor sentido de Iglesia», la convicción de que ser hermano mayor es «mucho más que llevar una vara en una procesión» o el aumento de los índices de formación y participación.

El homenajeado dispensó a José Sánchez Dubé para que se sentara a su lado mientras recibía. Era el presidente del Consejo General de Hermandades y Cofradías cuando aquel 29 de junio de 1982, en pleno Mundial de España, llegó a Sevilla este franciscano de Medina de Rioseco. Después se incorporaría a la recepción Antonio Ríos, que llevó las riendas del Consejo en los noventa. Del Mundial a la Expo.

Carlos Amigo abrió las puertas de Palacio. «Están ustedes en su casa, en la casa de la Iglesia«. Los alrededores se iban llenando de aficionados del Stuttgart. Paisanos de Ratzinger por la calle Alemanes. El cardenal de Sevilla tenía mensajes personalizados para consolar a su amigo el arquitecto Rafael Manzano por la pérdida de un ser querido o recordar un espléndido trabajo de vivencia cofrade en Écija. Le daban noticias familiares. «Tres nietos, Monseñor, dos alemanes y una española», le decía Antonio Franco, del Buen Fin y de la Amargura.

Después de los hermanos mayores y la Asociación de Mujeres Cofrades, felicitaron al cardenal los 48 seminaristas, incluidos diáconos. El futuro de la Iglesia, que requiere nuevos retos de santidad. Cayó en la coincidencia: el nuevo portero del Atlético de Madrid, su equipo, y su sucesor en la diócesis se apellidan igual. Dos Asenjos, dos maneras distintas de ejercer de guardametas.

El retrato de Monseñor Amigo está frente a los que recuerdan el paso por la diócesis y el Palacio de Pedro Segura y José María Bueno Monreal. El visitante puede comprobar que el Vaticano ha sido muy sensible a las santidades del sur. El beato Marcelo Spínola y Maestre, último andaluz al frente de la diócesis, vivió entre estas paredes entre 1896 y 1906, año de su muerte. Una década fructífera. Un año antes de su fallecimiento lo nombró cardenal Pío X y el 29 de marzo de 1987 fue beatificado por Juan Pablo II.

Las leyendas de las paredes dan cuenta de las dos estancias de Karol Woyjtila a la sombra de la Giralda. El 5 de noviembre de 1982, tal día como hoy hace veintisiete años, que son los que lleva Amigo entre naranjos, el Papa polaco declaraba beata a Sor Ángela de la Cruz. Justo una semana después de que Felipe González ganara las elecciones por mayoría absoluta. Juan Pablo II volvió once años después, huésped del arzobispo a quien nombraría cardenal, residiendo del 12 al 15 de junio de 1993 con ocasión del cuadragésimo quinto Congreso Eucarístico.

En las felicitaciones no hubo carrera oficial ni delegados de día. En el año sacerdotal, Amigo Vallejo reivindicaba el sacerdocio fáctico de los laicos, la especialidad de Enrique Belloso. Javier Criado, hermano mayor de Pasión, hacía teología de las inclemencias. Antonio Rodríguez Hidalgo, de San Bernardo, hacía una parada con Monseñor, requerido por éste. Manuel Paz León, de la Bofetá, a veintiún días de ceder el mando, llegaba procedente de sus menesteres médicos.

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído