Ciriaco Benavente, obispo de Albacete

«Hay quien piensa que ya no va gente a misa los domingos»

Reconoce su preocupación por el envejecimiento de los curas

En 1995, contábamos con 168 sacerdotes. En 2002, con 176. Y en 2009, con 174

Monseñor Ciriaco Benavente Mateos (Malpartida de Plasencia, provincia de Cáceres, 1943) lleva casi tres años como obispo de la Diócesis de Albacete. En este tiempo le ha dado tiempo a recorrer la provincia y a conocer la situación de la Iglesia. En esta entrevista reconoce su preocupación por el envejecimiento de los curas en la provincia. No obstante, defiende que los albaceteños siguen llenando las parroquias los domingos y apoyando económicamente a la Iglesia. Lo entrevista Sánchez Robles en La Verdad.

– Casi tres años de obispo en la Diócesis de Albacete. ¿Cómo ha sido este periodo? ¿A qué retos se enfrentaba y en que punto del camino se encuentra?

-Ha sido un período rico en conocimiento de nuevas personas y nuevas realidades. Si se exceptúan algunas pequeñas aldeas, he visitado, en algunos casos reiteradamente, todas las parroquias de la Diócesis: Una Iglesia con alguna sombra y con muchas luces, no muy diferente de las otras Iglesias de España. Los retos también son coincidentes: un fuerte proceso de secularización de la sociedad que incide, sobre todo, en los bautizados con escasa formación y escasa experiencia de fe. Otras preocupaciones serias son la escasez de nuevas vocaciones, avanzar en la corresponsabilidad y en la comunicación cristiana de bienes para responder a las demandas de los más pobres. A ello hemos intentado responder con nuestro Plan Pastoral Diocesano.

– Con su llegada a la Diócesis, se puso en marcha el Plan Diocesano de Pastoral ‘Vivir de la Eucaristía en una sociedad secularizada’ para el periodo 2007-2010. A un año vista de su conclusión. ¿Se están cumpliendo los objetivos previstos?

-La Diócesis siempre ha contado con el correspondiente Plan Pastoral. En algunos lugares se ha ido cumpliendo bastante bien. En la revisión de final de curso de un arciprestazgo se decía que había sido como un soplo de aire fresco. En otros lugares ha costado más hincarle el diente, lo que no quiere decir que no se haya trabado. Siempre los logros se nos quedan más cortos que las aspiraciones.

La situación del clero

– Una de las cuestiones en las que mayor hincapié se hacía en este Plan Diocesano de Pastoral es el problema con el que se encuentra la Diócesis para «atender pastoralmente todos los rincones de nuestra provincia, porque el número de sacerdotes va disminuyendo y la edad de los mismos va aumentando». ¿Es posible corregir este problema, qué pasos están dando?

-Siguiendo la invitación que yo hacía en el Plan Pastoral, hemos realizado una importante reflexión en los organismos diocesanos durante todo el curso pasado. Y a ello dedicamos una buena parte de las jornadas de formación y programación al final del curso pasado y al principio de éste. Estamos hablando de poder crear las unidades pastorales nuevas (agrupación de parroquias) que se vean convenientes desde los arciprestazgos, de la preparación de equipos que, sin renunciar a su condición laical, puedan asumir responsabilidades en la atención que sea necesaria. Tenemos mucho que aprender de las misiones, donde con pocos sacerdotes existe una gran vitalidad y crecimiento.

– Si es posible, cuantifiquemos el problema. ¿Cuántos sacerdotes tienen en estos momentos en la Diócesis y cuántos serían necesarios? ¿Se han planteado la posibilidad de dejar de atender pastoralmente alguna localidad o población? Y si lo han hecho, ¿es posible volver atrás?

-Le cito de los datos del estudio actualizado al 31 de mayo por la Conferencia Episcopal: En el año 1995, la Diócesis e Albacete contaba con 168 sacerdotes. En el año 2002, con 176. Y en 2009, con 174. En estos datos se incluyen también los que se encuentran en misiones o estudiando. Hemos crecido en número por nuevas incorporaciones, pero hemos pasado de tener una edad media de 54,36 años en 1995, a otra de 62,03 en 2009. Quiere decir que un número considerable se ha jubilado, aunque haya sacerdotes jubilados que siguen arrimando el hombro con admirable generosidad. En este momento no tenemos ninguna parroquia falta de atención pastoral. Lo que sí sucede es que hay parroquias, que contaban con sacerdote propio anteriormente, que ahora están atendidas desde otra parroquia. Aunque a veces vengan comisiones a quejarse de no contar con sacerdote en exclusiva, me alegra ver cómo es valorada la presencia del sacerdote por mucha gente de nuestros pueblos.

– Lo mismo está sucediendo con la Vida Consagrada. El último ejemplo es la marcha de las religiosas de Peñas de San Pedro…

-Efectivamente. Y no vea cómo lo ha sentido el pueblo. Me duele profundamente porque la vida consagrada es una riqueza enorme en la Iglesia. Siempre se encuentra a las religiosas y religiosos en los frentes de la pobreza, de la marginación o de la cultura.

– ¿Esa falta de vocaciones también se traduce en la sociedad, en este caso, albaceteña, a la hora de acudir a los templos y participar de la fe cristiana?

-Algunos piensan que ya casi no va gente a misa los domingos. Yo les invito a que se den una vuelta por nuestras parroquias y verán cómo están, incluso habiendo varias misas en casi todas ellas. Lo que sí es patente es la falta de jóvenes en comparación con las personas de edad avanzada. Le cuento una anécdota: Poco antes de venir de mi anterior Diócesis, me encontré con un dirigente político de izquierda. Me dijo que qué hacíamos nosotros para movilizar todavía a los jóvenes. Había visto mi fotografía en la prensa con un grupo de alrededor de quinientos chicos y chicas. Yo le consolé diciéndole que ya me gustaría que su apreciación fuera verdadera, porque la realidad es que, salvo algunos grupos admirables que suele haber en un buen número de parroquias, contamos con escasa presencia joven en la Iglesia.

– ¿Tienen ya una idea clara respecto al futuro del edificio del Seminario Mayor? ¿Podría convertirse en un centro universitario?

-Esa sería una buena utilización, que yo no descarto. Pero ya veremos.

– Hablemos de dinero. La Iglesia está desarrollando de un tiempo a esta parte la campaña ‘Por tantos’ para que los ciudadanos marquen la x de Iglesia en sus declaraciones fiscales. ¿Está dando resultados? ¿Cuál es la proporción de ciudadanos de Albacete que marca la x en su renta? ¿Cómo está Albacete respecto a la media nacional? ¿Con qué presupuesto cuentan ustedes?

-Sí, se está desarrollando esta campaña, que por cierto ha merecido recientemente el premio de los expertos en publicidad por lo bien hecha que dicen que está. Pero si me pregunta por números o por datos económicos no es mi fuerte. Sí sé que en el último año subió el porcentaje de los que ponían la X a favor de la Iglesia, a pesar de que las invectivas antieclesiales en algunos medios fueron considerables. También le puedo decir que la Diócesis de Albacete estaba en un lugar preferente, lo que yo agradezco profundamente a nuestros diocesanos. Respecto al presupuesto, ahora, con motivo de la Jornada de la Iglesia Diocesana, damos cuenta a todos los fieles, mediante la documentación que se reparte en las parroquias, de todos nuestros ingresos y gastos.

– Uno de los servicios que mayor demanda tiene como consecuencia de la crisis es Cáritas. Más de 14.000 personas fueron atendidas el pasado año. ¿Reciben el apoyo necesario de las instituciones para esta labor social? ¿No cree que son funciones que en determinados casos deberían desarrollar nuestras instituciones? ¿Ha cambiado el perfil de la persona a la que atiende Cáritas?

-La obra de Cáritas, así como la de otras instituciones de caridad eclesiales, es admirable. Recientemente recibimos en Caritas Diocesana la vista del señor presidente de la Junta de Castilla-La Mancha y su reconocimiento a esta labor. Hay una buena colaboración con las instituciones autonómicas, provinciales y locales, que agradecemos, como agradecemos la presencia de los casi mil voluntarios con que cuenta Caritas en la Diócesis, así como la generosidad de muchos fieles cristianos que están creciendo en conciencia solidaria y que se manifiesta en la comunicación cristiana de bienes.

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