"Una familia sin hijos se acaba, y un pueblo sin sacerdotes termina adorando a las bestias"

«Hay una gran infiltración marxista del enemigo en la Iglesia»

Ángel Garralda, párroco de San Nicolás de Bari de Avilés

"Hay una gran infiltración marxista del enemigo en la Iglesia"
El cura Ángel Garralda Miki López

Somos cuatrocientos curas en Asturias y no hemos sido capaces este año de llevar una vocación al seminario. Y además, somos todos muy viejos

Ángel Garralda (Güesa, Navarra, 1923) es el párroco de San Nicolás de Bari de Avilés desde hace más de medio siglo. Ha historiado la fe, la vida y la muerte de algunos sacerdotes durante la Rebelión de Asturias y en los quince meses que duró la Guerra Civil en la provincia. Fruto de sus investigaciones es el libro «La persecución religiosa del clero en Asturias (1934,1936 y 1937). Martirios y odiseas», una compilación de las peripecias de los curas muertos a manos de izquierdistas, un ensayo cuya primera edición salió hace treinta y dos años y que ahora presenta la tercera, esta vez, en el sello avilesino de Nieva. Los curas fusilados por el bando nacional quedan fuera de este trabajo. Lo entrevista Saúl Fernández en La Nueva España.

-Este libro se publicó por primera vez hace treinta y dos años.

-Más que corregir el libro lo que he hecho ha sido aumentarlo, porque he podido estudiar la Causa General, archivos que desconocía. O sea, en esta tercera edición están también los sacerdotes martirizados en los años de la Guerra, no sólo los de la Revolución de Asturias.

-¿Una colección de vidas?

-Hay un relato de los martirios y de las de las odiseas de todos los sacerdotes que fueron perseguidos en los años de la Rebelión y de la Guerra. En ese sentido, sí, es una colección de vidas.

-¿Cuándo empezó lo que usted llama persecución a la iglesia?

-En la Rebelión se les vio el plumero: decidieron exterminar a la iglesia. Esta idea la confirmaron en los años de la Guerra Civil. En este libro me limito a hacer un relato de la persecución de los sacerdotes, pero no de los seglares. Para ocuparme de todos los cristianos perseguidos por el hecho de ser cristianos, a mi edad, no me sentía con fuerzas.

-¿Son los izquierdistas los responsables de la persecución?

-Sí, eso es.

-¿Cuántos curas murieron en aquellos años?

-Ciento noventa y tres, entre sacerdotes, religiosos y seminaristas. Hubo diecisiete dominicos, cuatro agustinos, una dominica, un salesiano, una adoratriz y una del Corazón de María. En el libro se relacionan los martirizados en Asturias y también los no asturianos, aunque muertos en la provincia. Estos últimos fueron dieciséis.

-¿Y por qué se limita a Asturias?

-Asturias fue dos veces mártir: en la Guerra y en la Rebelión. El dieciséis por ciento de los curas que quedaron en Zona Roja fueron asesinados. Hay autores que publican un tanto por ciento menor, porque suman a todos los curas de la diócesis, que por entonces llegaba a Benavente, en la provincia de Zamora, en Zona Nacional. Yo me centro en los que quedaron en Asturias, creo que es lo natural.

-¿Por qué mataron a los curas?

-Sólo porque eran sacerdotes y porque seguían las consignas de Pablo Iglesias (fundador del PSOE) que en el VI Congreso dijo aquello de que había que dar muerte al clero.

-¿No cree que esta explicación es un poco aventurada?

-No, por supuesto que no. ¿Cuál es la razón de que aplicaran más saña contra los que se preocupaban más de los pobres? Ellos, los marxistas, creían que los pobres sólo eran de ellos.

-¿Y el clero no se significó siempre con el poder?

-No es verdad. Eso que usted dice es lo que se encargaba de esparcir cada día el diario «Avance». Decía que los sacerdotes estaban con los ricos, con los explotadores de los pobres, pero donde había más sacerdotes era en los pueblos y en los pueblos es donde estaban casi todos los pobres. Le pondré un ejemplo: no se puede decir que yo sea un explotador; pues bien, ellos, los mártires, eran como yo entonces, un cura de pueblo. ¿Cuál es la asociación más valorada por los ciudadanos?

-Dígame.

-Cáritas, por supuesto. ¿Por qué mataron a los Mártires de Turón? Eran unos chicos que lo dejaron todo por Cristo. Se dedicaban a enseñar a los hijos de los mineros. Sólo por eso, acabaron con ellos.

-¿Y por qué sólo habla de los muertos de un bando?

-Si no cuento yo esta historia, no la cuenta nadie.

-¿Cómo fue el proceso de investigación?

-Hablé con todos los curas perseguidos; todos, sin excepción, explicaron sus historias y me hablaron de los mártires. Empecé a mediados de los setenta, cuando todavía había muchos testigos. Si tardo un poco, se me mueren.

-¿Es conveniente la beatificación de los curas asesinados o se trata de un exceso de Benedicto XVI contra el bando perdedor?

-Por supuesto que es conveniente. No haberlo hecho antes era un pecado de olvido. Los mártires se relacionan con Cristo crucificado; olvidar a los sacerdotes es imperdonable porque fueron Cristo crucificado: la sangre de los mártires es semilla de nuevas vocaciones.

-A eso iba. ¿Por qué no hay vocaciones en Asturias?

-Por esto que estamos hablando, porque nos olvidamos de los mártires. Cuando los teníamos en la memoria los seminarios estaban llenos de himno, fervor y perseverancia. ¿Sabe cuál es el gran problema de esta diócesis?

-Estoy seguro de que me lo va a contar.

-Somos cuatrocientos curas en Asturias y no hemos sido capaces este año de llevar una vocación al seminario. Y además, somos todos muy viejos. Dentro de quince días hago ochenta y seis años.

-¿Y qué solución hay para esto?

-El panorama es desolador: una familia sin hijos es una familia que se acaba; un pueblo sin sacerdotes, ya lo dijo el cura de Ars, acaba adorando a las bestias.

-Resulta que Benedicto XVI permite el paso de los pastores anglicanos al catolicismo con sus esposas.

-Es natural, pero no crea que está ahí la solución. Los anglicanos, que se pueden casar, tampoco tienen vocaciones. El problema es de fe.

-¿No hay demasiadas parroquias para tan pocos curas?

-Las parroquias responden a la tradición y los fieles no están de acuerdo en que su templo pierda la condición parroquial. No es una solución buena, dado también la dispersión de los pueblos y el hecho de la avanzada edad de muchos de los feligreses. Los sacerdotes, con el coche, nos podemos mover fácilmente. Pero ahí no está el problema.

-¿Ah, no?

-El problema es que hemos abierto las puertas a la libertad, pero en un sentido corrosivo y sin magisterio de la Iglesia y eso sólo produce desbarajuste. El espíritu de disciplina es fundamental.

-¿Qué le parece el nuevo Arzobispo?

-Magnífico. Mejor, imposible. Le han pedido que llegue a Asturias con gran mentalidad social, pero no le han dicho de qué color tiene que ser esa mentalidad. Lo único que le pediría yo es que tuviera una gran sensibilidad sacerdotal, que es lo que necesitamos.

-No todos los curas piensan como usted.

-Existe una gran infiltración del enemigo en la Iglesia, una infiltración marxista. Ya lo dijo la Pasionaria: «Ahora vamos a entrar en los seminarios». La mentalidad social no tiene que ser roja, la iglesia no tiene por qué recibir lecciones de nadie. Y menos aún del marxismo.

 

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Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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