Rouco, dolido y sorprendido por la masiva rebelión del presbiterio guipuzcoano

Munilla, piedra de escándalo

La Conferencia Episcopal evita entrar en la polémica: "Asunto diocesano"

El teólogo Rafael Aguirre dice que “el ídolo del nacionalismo exacerbado suplantó a Dios”

Cascada de reacciones encontradas, tras el «órdago» sin precedentes lanzado por los curas de Guipúzcoa contra su obispo designado, José Ignacio Munilla. Mientras los políticos barren para sus casas respectivas, la conferencia episcopal guarda silencio.

Sólo se ha atrevido a hablar el titular de Alcalá, monseñor Reig, que asegura que el nuevo obispo donostiarra «está dispuesto a dar la vida» por sus nuevos diocesanos. Otros eclesiásticos, como el jesuita Beristain o el sacerdote Larrínaga, se alegran mucho, mientras el biblista Rafael Aguirre critica el procedimiento, pero asegura que es el precio que tiene que pagar la Iglesia de Guipúzcoa por «no denunciar el ídolo del nacionalismo exacerbado que suplantó a Dios».

La Conferencia episcopal española no quiere pronunciarse sobre el manifiesto de los curas contra monseñor Munilla por considerarlo «un asunto exclusivamente diocesano». Pero lo cierto es que, en círculos próximos a su presidente, señalan que el cardenal de Madrid, Rouco Varela, se encuentra «dolido» y «sorprendido».

Entre otras cosas, porque «se daba por descontada el rechazo de algún grupo de curas, pero nunca se esperaba que fuese en un número tan amplio y tan significativo«. Porque, en la Iglesia, como en cualquier organización jerárquica, prima el principio de autoridad que los católicos llaman «de comunión».

Dolido se mostró también uno de los pocos obispos españoles que ha querido abordar públicamente el caso. Se llama Juan Antonio Reig Pla, es el máximo organizador de la misa de las familias del día 27 en Madrid y pertenece al mismo sector conservador que monseñor Munilla. Quizás por eso, quita hierro al asunto y pide «oraciones» para él.

El obispo de Alcalá, que también se vio envuelto en la polémica hace unos días por oficiar una misa en Paracuellos rodeado de símbolos franquistas, aseguró, en declaraciones a Europa Press, que «todo irá adelante con buen sentido». Porque «un pastor en la Iglesia lo que quiere es poder dar la vida por sus fieles«.

Y eso es lo que, a su juicio, va hacer el nuevo obispo de San Sebastián: «Estoy convencido de que monseñor Munilla está dispuesto a perder la vida en el amor por todos aquellos que Dios le va a confiar en su nueva diócesis».

Más capacidad de análisis de este fenómeno eclesial inédito muestran algunos sacerdotes y teólogos. Rafael Aguirre, catedrático emérito de Deusto es uno de los mejores biblistas españoles y mantiene, al respecto, tesis ponderadas. Por un lado, rechaza de plano el actual sistema de nombramiento de obispos, que «está convirtiendo a la Iglesia española en un gueto cultural desprestigiado, con una voz muy chillona, pero sin influencia».

A su juicio, el manifiesto de los curas contra Munilla «era algo que cabía esperar y, dentro de lo que cabe, está hecho en un tono moderado y sin demasiadas estridencias». Pero, aunque lo que cuestionan los curas es el modelo de Iglesia supuestamente preconciliar del nuevo obispo, «está claro que detrás está la impronta demasiado nacionalista de la Iglesia guipuzcoana«.

Para Aguirre, «Munilla debería ser un principio de comunión en la pluralidad, cosa que, hasta ahora no ocurría». Y, para eso, tendrá que «mantener un discurso más espiritual y menos político». Y así cumplir el objetivo que, con su nombramiento, persiguen el Vaticano y el cardenal Rouco: «Detener el desfondamiento y el desplome religioso«.

Recuerda el biblista que, cuando estuvo de párroco en Zumárraga, durante 16 años, Munilla «fue muy querido por la gente sencilla de todas las ideologías y, de hecho, cosechó mucho éxito pastoral».

Reconoce, sin embargo, Aguirre que «quizás Rouco se haya equivocado al querer modificar tan radicalmente la línea pastoral de la Iglesia vasca y hacerlo de una forma que supone una agresión y con una terapia que no se aplica en otras partes. Una auténtica bofetada a la Iglesia de Guipúzcoa».

Una estrategia que choca contra la praxis habitual de la Iglesia, que «suele actuar con medidas suaves», como se hizo en Bilbao. En cambio, en este caso, se optó por «el órdago».

Con el problema añadido de la personalidad del propio Munilla. «Es un hombre de rompe y rasga y muy temperamental». De todas formas, «si es prudente y si no se enfrenta, podría llegar a ser el obispo de todos, incluso de los sectores hasta ahora silenciados», explica el profesor.

En cualquier caso, Rafael Aguirre cree que Munilla no lo va a tener nada fácil. «Guipúzcoa es un avispero muy ideologizado y una diócesis muy identificada con la línea nacionalista. Además, el hecho de que ya lo conozcan tanto va a dificultar aún más su labor».

Lo que sí tiene claro el teólogo de Deusto es que en Guipúzcoa recogen lo que han sembrado. «Pasaron décadas sin denunciar la idolatría de un nacionalismo exacerbado que ha suplantado a Dios, sin darse cuenta de que el ídolo iba desertizando la conciencia moral y religiosa del pueblo vasco y, sobre todo, de la juventud».

Mucho más radical todavía es el jesuita Antonio Beristain, para quien «algo huele a podrido en la Iglesia vasca», al tiempo que condena la actitud de sus hermanos en el sacerdocio, porque no tienen argumentos «ni humanos ni cristianos».

Tras alabar a monseñor Munilla «por su generosidad y su talante evangélico», Beristain explica que la Iglesia vasca necesita una «reforma», porque «es excesivamente tradicional, en el sentido conservador, casi primitivo, casi inquisitorial, clarísimamente preconciliar«.

En parecidos términos se expresa Jaime Larrínaga, el sacerdote vasco que tuvo que huir presionado por los sectores nacionalistas. «Me da pena y vergüenza ese documento de rechazo a un obispo» y asegura que «durante muchos años tuvimos obispos muy nacionalistas, el que llegue un prelado no nacionalista es una bendición».

Porque, a su juicio, «el único pecado de Munilla es no ser nacionalista«, al tiempo que acusa a sus hermanos presbíteros de «ser los responsables de que la sociedad vasca esté rota y descristianizada».

Larrínaga echa pestes del nacionalismo vasco y asegura que «no hay nadie más integrista y ultra que el clero nacionalista, que está dominado por el PNV, que es un virus y lo infecta todo. Forman parte de la Iglesia de Sabino Arana y ponen a Euskadi por encima de Dios».

El cura vasco cree que no todos van a recibir de uñas a Munilla, del que dice que será «un obispo evangélico, que amará y servirá a todos, no a unos solos como hacía monseñor Setién».

No cree Larrínaga que, ante la contestación, Munilla tenga que pedir la renuncia al obispado donostiarra. «El no pidió ser obispo de allí. Lo nombró el Papa y tiene que obedecer». Porque, a su juicio, irá a San Sebastián a poner en marcha un plan. «Pero no el que dicen los curas guipuzcoanos, sino el plan que quiere el Papa y el cardenal Rouco de una Iglesia más evangélica y de todos«

 

 

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Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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