Querido Manolo:Es bueno el reconocimiento y la gratitud. Es quizá una práctica poco habitual en nuestros ambientes eclesiales en los que a veces nos movemos entre el olvido y la adulación. Ni una cosa ni otra. Los que hemos podido acompañarte más o menos cerca en estos años nada fáciles, te hemos encontrado comprometido, implicado, paciente, fiel a lo que somos en la escuela católica (fidelidad nada fácil ad intra y ad extra) y bastante más resolutivo de lo que incluso aparenta. Gracias sencillas, como tú eres sencillo. No hacen falta muchas más palabras. Solo un fuerte abrazo fraternal de compañeros de camino, cada uno desde su lugar. Sabedores de que nos une la misma vocación aunque la ejerzamos desde diferentes plataformas.
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