Juan Javier Martín, abad del monasterio de Oseira

«Nuestra vida es de encuentro y soledad con Dios»

"La unificación interior es un reto para los monjes"

Una cosa es entrar en el monasterio físicamente y otra es la entrada psicológica, espiritual; hay cantidad de cosas para reajustar, que están muy tiernas.

Juan Javier Martín es un joven y dinámico abad que en una casa tan grande no tiene tiempo para aburrirse. Asegura que la vida de los monjes es «de encuentor y soledad con Dios» y que, quizás por eso, mucha gente «no entieden la opción y la misión de los monjes en el mundo actual. Lo entrevista J.M.G en La Voz de Galicia.

-Ahí tiene a seis valientes que renuncian a todo por vivir aquí.

-Más que valentía es un proceso oculto, que es donde está la explicación auténtica a la raíz de esto, que no es tanto una proeza humana es otra cosa. Todo parte de una llamada de Dios, primero del conocimiento de una comunidad y gracias a Dios, porque él lo quiere, en Oseira, aunque seamos pocos monjes, la mayoría ancianos -el año pasado fallecieron tres, fue un duro golpe- sigue siendo atrayente para el que va buscando a Dios mediante la soledad, lo que es propio de la vida monástica. Intentamos reflejar con sencillez nuestra vida diaria y es un pequeño milagrito, sí.

-El año pasado perdieron a tres hermanos.

-Yo estaba preocupado por cómo acogeríamos el fallecimiento de estas tres personas mayores y ha sido un momento muy especial con mucha sencillez, muertes poco dolorosas, muy vividas en comunidad, con los sacramentos administrados a su tiempo.

-¿Cómo se integran los novicios y postulantes?

-Lo que están viviendo lo viven de modo muy intenso con la dificultad de que de alguna forma tienen un pie todavía fuera, porque una cosa es entrar en el monasterio físicamente y otra es la entrada psicológica, espiritual; hay cantidad de cosas para reajustar, que están muy tiernas, que se han abandonado y eso está ahí presente. De hecho el postulantado y el noviciado son un tiempo de preparación.

-Bueno, ellos van a crecer aquí y a usted le pasó algo parecido, aunque era ya monje.

-Yo llegué sin ser sacerdote, como un hermano más. En nuestro contexto no necesariamente el sacerdocio es el punto final a una trayectoria. Es un servicio a la comunidad. Lo importante es la formación para ser monje, que ya es mucho. La unificación interior, asumir la propia soledad y vivir todo esto en paz y felicidad es todo un reto. Nuestra vida es de encuentro y soledad con Dios, sin otra finalidad, sin predicar ni dar catequesis. Mucha gente no lo entiende muy bien.

-Y llegó a abad, esa especie de obispo del monasterio.

-Abad y obispo han estado siempre muy cerca por el papel pastoral a muy distinto nivel porque ser abad no es un sacramento sino una bendición que hace el obispo sobre un monje. El obispo tiene el sacerdocio pleno. Yo… parece que hubiera estado aquí toda mi vida. Me sentí acogido y con la dinámica de la casa no hay mucho tiempo para aburrirse.

 

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Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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