Carta abierta del sacerdote Florenci Costa a los obispos de Cataluña

«El Santo Padre estropeó por adelantado el éxito popular innegable de su viaje»

"Las mujeres a fregar, los hombres a presidir", dice sobre las monjas que limpiaron el altar

"El Santo Padre estropeó por adelantado el éxito popular innegable de su viaje"
El sacerdote Florenci Costa y su queja a los obispos catalanes

"Estamos hartos de que las políticas coherentes con el Evangelio sean acaparadas por la jerarquía, cuando deberían protagonizarlas los laicos"

Fue simpre un cura de frontera. Enamorado de Dios y de la clase obrera, a cuya defensa entregó su vida. El sacerdote Florenci Costa (Navarcles, 1936) ha sido una referencia tanto en Cataluña como en España. Consiliario de movimientos laicos de la diócesis de Vic, fue uno de los impulsores de la JOC y de la HOAC en Cataluña, además de responsable de los sacerdotes obreros de El Prado de 1977 a 1982. Hoy, ya jubilado, sigue ejerciendo su carisma de denuncia profética. Con una carta abierta a sus obispos, los obispos de Cataluña, en la que denuncia el contartestimonio de las monjas que limpiaron el altar de la Sagrada Familia y de las polémicas declaraciones del Papa. Pero, sobre todo, denuncia «estar harto» de que la jerarquía acapare «las políticas coherentes con el Evangelio», cuando deberían protagonizarlas los laicos.

Este es el texto completo de la carta abierta del sacerdote Florenci Costa a los obispos catalanes.

A Joan-Enric Vives, Arzobispo de la Seu d’Urgell i Secretario de la Conferencia Episcopal Tarraconense.
Apreciado amigo:

Te escribo a ti, como secretario de la Conferencia Episcopal Tarraconense, pidiéndote que les hagas llegar esta carta abierta. Me explico: te la envío a ti por ser el Secretario, pero también porque eres uno de los pocos obispos de Catalunya que te has dignado responder cuando te he escrito a partir de los cargos que he tenido en la Conferencia. Esto me garantiza que mi carta no irá a parar a la papelera. Y es una carta abierta, por la misma razón: la experiencia me ha enseñado estos últimos años que muchos obispos sólo nos hacen caso – si es que hacen – cuando nuestras razones se exponen en los medios de comunicación.

Vamos al grano. Les quisiera exponer unos puntos, después de la visita del santo padre a Galicia y Catalunya.

1. Mi sensación, anteayer, ayer y hoy, es que el mismo santo padre estropeó por adelantado el éxito popular innegable de su viaje a Santiago y a Barcelona (piensen, pero, que hay victorias llamadas «pírricas»). Lo hizo con la frase reproducida al inicio del telediario de la noche, el sábado, en TV3, en boca de quien la había escuchado directamente en el avión papal, José Cuní. Una frase que ustedes conocen bien. A pesar de las puntualizaciones del P. Lombardi y de la trascripción del diálogo con los periodistas que aparece matizada en la web del Vaticano (por cierto, lo mismo que pasó con las declaraciones del santo padre sobre los condones en su viaje a África)  Pero el santo padre lo dijo de una forma que permitió rápidamente al canal de televisión «Intereconomía», declaradamente católico, con apoyos de obispos, obras y asociaciones católicas españolas potentes, de convertirlas en bandera, cargar contra Zapatero e incluso proyectar rápidamente un documental sobre la persecución religiosa del año 1936.

Y, por otro lado, hacer reaccionar airadamente un columnista de «El País», con una vomitada considerable. Si los que infiltraron en el santo padre repetidamente, entre ellos bastantes obispos españoles – y quizás algún catalán – las bases informativas e ideológicas que le indujeron a pronunciar la desgraciada frase buscaban eso – y lo que vendrá – lo han conseguido. He de reconocer, con todo, que, tal como ha dicho un líder socialista, la segunda parte de la frase (o sea, que no debía haber lucha o desencuentro entre la fe y la modernidad en España, sino encuentro y diálogo) se dirigía a la Conferencia Episcopal.

Yo no sé si a toda, pero estoy en condiciones de hacer una antología de expresiones agresivas e incluso absurdas de obispos sobre el tema. Como puedo hacer otra, pero ésta ya la tienen ustedes, de las agresiones verbales y escritas de los laicistas. Por todo esto ayer, siguiendo e intentando vivir, en comunión con la Iglesia católica y el santo padre, las celebraciones litúrgicas, lo hice con tristeza. Incluso el tímido reconocimiento de Catalunya y su lengua se me hizo amargo.

2. Todo ello me hace entrar en unas consideraciones que sólo podré apuntar. Yo – y muchos más – estamos hartos de que la acción política y las políticas coherentes con el Evangelio sean acaparadas por la jerarquía – aquí y en muchos países de occidente – incluso por el santo padre (más aún cuando curas como yo hemos sido acusados años y años de meternos en política y últimamente incluso insultados). Cuando está muy claro que son los laicos y las laicas quienes deben protagonizarlo.

He trabajado – prácticamente toda mi vida – con movimientos de laicos en Catalunya i España. Hay algunos que lo han hecho todavía más, como Mn. Buenaventura Pelegrí, de Lleida. Y debo manifestar públicamente mi disgusto, por ejemplo, cuando un projecto de recomposición de un laicado en Catalunya inspirado por Mn. Pelegrí y que a otros nos tocó empujar, ha sido abortado – sí, abortado – por los mismos obispos que lo habían apoyado en el documento «Proposta d’apostolat seglar associat de Catalunya» del día 12 de febrero de 2002.

No quiero hacer públicos los nombres de los arzobispos y obispos – ayudados por un delegado diocesano de Apostolado Seglar – que más se han distinguido por activa y por pasiva en este verdadero aborto, pero si me lo piden se los recordaré.

Parece que ustedes hayan optado por seguir corrientes dominantes en Roma y en Madrid, dividiendo el laicado católico en dócil (con las obras y agrupaciones económicamente potentes que a veces condicionan la política de los mismos papas) y en indócil, ya que éste puede ser fácilmente catalogado como disidente. Las vías realistas y moderadas de Mn. Pelegrí y los que le ayudamos – unos movimientos generales y especializados de A..C. de base diocesana e interdiocesana articulados con las demás organizaciones de laicos – parece que no les interesen, porque – con la excepción de algunos militantes y algún consiliarios que creen estar todavía en los años 60 – no polarizan la sociedad siguiendo las «mejores» tradiciones de las organizaciones laicas españolas de antes de la guerra.

Ya detecté un signo de ello cuando ustedes recomendaron o toleraron el nombramiento del Sr. Miró i Ardèvol para el Consejo para los laicos del Vaticano, cuando hay en Catalunya personas con más sentido común, bien educadas y menos polarizadas. En todo ese conjunto – y sin caer en anacronismos – ustedes están siguiendo la tradición de los obispos más franquistas de Catalunya, cuando aceptaron la disolución de la «Federació de Joves Cristians de Catalunya» en 1939. Pero el Espíritu Santo que actúa en la historia, fue por otras sendas en los años 50. Y espero que continua guiándonos en el futuro.

3. Y quiero acabar hablando del cincuenta por ciento del laicado de la Iglesia: las mujeres. Se ha comentado desde todos los ángulos la mala imagen de tres monjas (de ellas por lo menos una inmigrante) fregando el altar de la Sagrada Familia después de ser ungido con el santo óleo. La escena, la vi en TV3, era bella, pero a mí me resultó fatal. Todo el presbiterio lleno de hombres: obispos, sacerdotes y diáconos bien revestidos. En un primer plano las monjas a la tarea. Quizás era una tarea sagrada, pero mi impresión fue fatal: las mujeres a fregar, los hombres a presidir. ¿Estamos seguros, del santo padre para abajo, que Jesucristo quiere esto para su Iglesia y para la humanidad?

Con afecto y, como decía Rovirosa, «hasta mañana en el Altar».

Firmado: Florenci Costa i Padró Presbítero de la diócesis de Vic
Ex-Delegado de Pastoral Obrera de Catalunya.
Ex-Secretario del Equipo Interdiocesano de Apostolat Seglar.

Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído