"Es algo tan absurdo y sorprendente que nos provoca estupor y rabia"

Piden a los obispos que no disuelvan el Movimiento Junior de Acción Católica

"El bien no se puede destruir por los que han sido designados para alimentarlo"

Piden a los obispos que no disuelvan el Movimiento Junior de Acción Católica
Movimiento Junior de Acción Católica

"Reivindicamos que todo lo que el Junior es y significa para tantos, perviva y no sea disuelto, sino que siga siendo plataforma del Reino de Dios"

Militantes, educadores, padres y madres del Movimiento Junior de Acción Católica piden a los obispos que no disuelvan unilateralmente la organización. «Para que pueda seguir ejerciendo en la Iglesia su particular y tan vital forma de vivir el apostolado en el mundo de la infancia española», dicen en el escrito enviado a la Conferencia episcopal. El documento se titula «Proceso recorrido por el Junior y su disolución por los Obispos» y va acompañado de un gran número de testimonios y de la firma de 590 personas y organizaciones.

Éste es el texto del comunicado:

Comunicado de quienes nos sentimos agradecidos al Movimiento Junior, y reclamamos su continuidad al servicio de los niños, en la Iglesia y en la Sociedad Españolas.

A finales de octubre de 2010 nos ha llegado la noticia de la disolución del movimiento Junior por la conferencia episcopal española. Para quienes hemos pertenecido al Junior, hemos acompañado a los niños y niñas durante estos largos años de su existencia, como educadores, madres y padres, consiliarios, amigos… el hecho es tan sorprendente, tan absurdo y tan ininteligible que nos provoca estupor, rabia, y nos conmueve todos los fundamentos de nuestra vida.

El Junior ha sido determinante para lo mejor de nosotros mismos en la vida: nuestro entusiasmo por el reino de Dios; nuestro amor a los niños y la fe en sus posibilidades; nuestra capacidad de admirar lo mejor en los pequeños; la sabia pedagogía que ha sido decisiva en nuestras profesiones; ha enriquecido nuestra vida, en estos años, haciéndonos dar lo mejor de nosotros mismos en la tarea profesional y educativa, y de compromiso; El Junior una realidad que sólo nos suscita entusiasmo y alegría en medio de todos los defectos y problemas que hayan podido vivirse. Ha sido motor de compromiso, cauce para celebrar la fe, y dinamizador de la mejor ciudadanía que hoy tanto se demanda.

Una realidad que ha suscitado en tantas personas lo que acabamos de decir; una fuente de tantos encuentros, de tantos amigos, de tanto amor a las personas,… no entendemos cómo se puede disolver, cuando lo que hace falta es revitalizarlo más y más. En unos momentos en que los niños y niñas, los jóvenes de cualquier sector de nuestra sociedad, se espantan y se distancias de una iglesia que con frecuencia les huele a rancio, que no les trasmite nada que encaje en sus vidas, algo que les resulta extranjero; esta iglesia se permite echar de si a los que, siendo niños y jóvenes, quieren todavía unir su vida y la de la Iglesia de Jesús. No lo entendemos. Y nos rebelamos, y protestamos porque el bien no se puede destruir por los que han sido designados para alimentarlo.

El Junior que es un movimiento que ha despertado y suscitado en cientos, miles de personas, tanta bondad, no se puede aniquilar así: el Junior lleva en sus entrañas y en su historia una lista que es difícil resumir en palabras pero quisiéramos al menos intentarlo:

¿Cómo expresar en palabras tanta alegría en niños y educadores que, precisamente haciendo cosas juntos, realizando actividades que buscaban apoyar al amigo, alegrar al compañero, superar miedos, buscar respuestas a preguntas que en otros sitios no se les daban? ¿Cómo recoger tanta creatividad suscitada, animada, provocada y sostenida en medio de una sociedad que sólo comercializaba y comercializa con lo que necesitan y desean los niños y jóvenes?

¿Cómo resumir tanto afecto profundo, tanta amistad vivida, tanta solidaridad mantenida a veces desde una experiencia de quince días un campamento, y que, 40 años después, sigue viva llenando la vida de los mejores compromisos? ¿Cómo valorar y agradecer la profesionalidad aprendida en la tarea del Junior, y conservada y acrecentada permanentemente en la vida de tantas personas, en los más diversos quehaceres de nuestra sociedad? ¿Qué decir de su pedagogía hecha de esfuerzo, de trabajo en equipo, de atención a la vida y las personas que ha sido decisiva en tanto trabajo educativo y social de nuestra sociedad?

¿Cómo contar la entrega, la gratuidad en su servicio a los niños de tantas personas que han entregado su tiempo, su poco dinero, sus desvelos por acompañar y ayudar a crecer a tantas personas ya antes de que existieses ONGs? ¿Cómo expresar la conciencia que el Junior ha vivido y propagado sobre los Derechos de los niños, reconociendo y favoreciendo su protagonismo en sus barrios, en sus parroquias, en sus colegios cuando eso no era moneda corriente? Antes que España los firmase, ya lo había proclamado el Junior en sus documentos ¿Cómo decir que el Junior vio claro y buscó día a día construir el Reino de Dios, se esforzó por leer el evangelio en la vida real y, desde allí, ha celebrado la presencia de Dios y nuestro encuentro con Jesús?

Porque esta dinámica, esta pedagogía de autenticidad ha estado grabada en todo su quehacer: vivir los valores del Reino, contemplar y valorar la presencia y palabra de Dios que lo ilumina, y celebrarlo alegres. Y vuelta a empezar, o recrear permanentemente, pero siempre sin quemar etapas, sin querer celebrar lo que no existe, sin convertir el evangelio en palabrería. Y así ha sido su compromiso por todo lo que es expresión del Reino, realidad del Reino en el corazón de la vida de niños y niñas, adolescentes y jóvenes: la amistad y la solidaridad con el compañero; los juegos

¿Cómo poder olvidar tanto trabajo por la formación que aunaba la reflexión de los estudiosos y la reflexión recogida de cada militante, niño o joven, que decía su palabra y la compartía con los demás? Cada folleto, cada número de sus revistas, cada cuaderno de canciones, cada plan de formación es la expresión de un quehacer solidario, constante, alegre, comprometido con todos los niños y niñas; y buscando siempre luchar «tras un mundo nuevo» donde los pequeños, los más pobres, fuesen los preferidos. Desde aquí reivindicamos que todo lo que el Junior es y significa para tantos, perviva y no sea disuelto, sino que siga siendo plataforma del Reino de Dios, del Evangelio de Jesús de Nazaret para las siguientes generaciones de niños y de educadores que estén dispuestos a continuar su tarea.

Y lo pedimos porque queremos que lo que fue plataforma de tanto bien para nosotros, niños, educadores o padres y madres, lo siga siendo para tantos niños y niñas, jóvenes y adultos de manera nueva y renovada. Lo decimos muchos que ya peinamos canas pero sentimos el corazón palpitando con la misma energía y vitalidad gracias en parte a lo que bebimos en la confluecia del Junior. Y junto a esta manifestación de agradecimiento al Movimiento Junior queremos expresar que el Junior nació como movimiento especializado de niños y niñas, después de germinar del Aspirantado de A. C. Y se incorporó al movimiento Internacional, el MIDADEN en 1973, estando presente prácticamente en todas las diócesis españolas a través de tantas parroquias y colegios de España.

Un movimiento en el que tantos niños y niñas, jóvenes educadores, padres y madres, han crecido en su compromiso cristiano y ciudadano, no puede ser disuelto por los pastores de la Iglesia. Y por eso nos sentimos libres, y con el deber de expresarlo, con toda nuestra fuerza, que no cabe tal disolución, y que mantener esa disolución seria interrumpir la construcción del Reino de Dios en los ambientes de los niños y niñas, especialmente de los sectores más desfavorecidos socialmente pero, por eso mismo, más depositarios de las Bienaventuranzas.

 

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Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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