El último santo español

Manuel González descansará en la catedral de Palencia

El bienaventurado que combatió el abandono de los sagrarios

Manuel González descansará en la catedral de Palencia
Manuel González García

Declarado Santo por el Papa Francisco, pasó sus últimos cinco años de vida como prelado palentino entregado a los niños, como era su costumbre y a los sagrarios abandonados

Manuel González, el que fuera Obispo de Palencia entre 1935 y 1940, y ahora declarado Santo por el Papa Francisco, pasó sus últimos cinco años de vida como prelado palentino entregado a los niños, como era su costumbre y a los sagrarios abandonados.

Fue un 12 de octubre 1935 cuando llegó a la capital palentina después de 6 días de ejercicios en la Trapa, tras pedir al Nuncio que le llevara a Palencia, acompañado de una gran procesión de coches y personas, «por lo que la acogida no pudo ser más numerosa, fervorosa y entusiasta», según refleja un escrito del administrador Diocesano de la Diócesis palentina, Antonio Gómez Cantero.

Y ya desde entonces, tal como hacía otra Santa, Santa Teresa de Jesús, Manuel González García, nacido en Sevilla y que también fue obispo de Málaga, hablaba de los palentinos como «gente de buena masa», además de que consideraba que «Castilla, es como la simiente, por fuera no aparenta nada, y sin embargo por dentro está llena de vida».

Ya en Palencia no sólo se ocupaba de lo económico, ya que, además, se encargaba de resolver los problemas de la Diócesis y de tratar con los curas que necesitaban su ayuda y asesoramiento para el desempeño de su trabajo.

Asimismo, le gustaba conversar con los niños y escuchar «su pronunciación tan correcta», además de qie trataba de imitarles «lo más castellano que podía» porque Palencia le llegó al corazón. De hecho, fue en Palencia donde creó su última publicación, la revista infantil ‘Reine’.

El Santo encontró en Palencia no sólo una gran acogida, también le sorprendió la Guerra Civil ya que mientras se encontraban celebrando la Santa Misa en la capilla del obispado, el 19 de julio de 1936, una serie de detonaciones provocó «consternación en el pueblo palentino» además de que con la contienda bélica llegó «el mayor número de sagrarios profanados, en toda la historia de España», según el mismo dijo.

Pero no le mató la guerra, falleció en el Sanatorio del Rosario, en Madrid, el 4 de enero de 1940 y fue sepultado en la Catedral de Palencia en la capilla del Santísimo, bajo la inscripción sepulcral que él mismo dictó: «Pido ser enterrado junto a un Sagrario, para que mis huesos después de muerto, como mi lengua y mi pluma en vida, estén siempre diciendo a los que pasen ‘¡Ahí está Jesús!, ¡Ahí está!, ¡No lo dejéis abandonado!».

El santo que combatió el abandono de los sagrarios y que fue promotor de la devoción a la Eucaristía encontró su descanso eterno en Palencia.

(RD/EP)

Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído