"Aquello que queda cuando el fuego lo ha consumido todo"

¿Por qué un Miércoles? ¿Por qué la ceniza?

"La ceniza es fuerza, espíritu, vida, proyecto, síntesis y realidad de futuro. Es esperanza. Y resurrección"

¿Por qué un Miércoles? ¿Por qué la ceniza?
El Papa impone la ceniza a una señora

Con cenizas, como otros tantos signos de destrucción y de muerte, no se construye la Iglesia, y menos a tan solo seis semanas de la Pascua

(Antonio Aradillas).- La reflexión sobre los signos, símbolos, sacramentos y sacramentales «religiosos», además de imprescindible para la educación- reeducación de la fe, facilita caminar por sus «misteriosos» senderos con el pleno y audaz convencimiento de que todas las creencias tienen su manadero en idénticas o parecidas fuentes. Todos -y todos- el mundo es religioso, aunque con la sana, sabia y santa alegría de haber bebido, y beber, de las mismas aguas.

En vísperas litúrgicas del «Miércoles de Ceniza», referencia cultural realmente universal, a título de ejemplo, le dedico aquí y ahora, tiempo y atención que puedan avalar, en cierto sentido y ponderación, el citado aserto. Es consoladoramente posible que a no pocos lectores les resulten extrañas estas consideraciones, sempiternamente deformadas sus conciencias con los miedos, temores y sensaciones angustiosas, frutos absurdos e interesados de «enseñanzas» supuestamente cristianas, con el marchamo seudo dogmático de una imagen divinal policíaca, castigadora y represora, es decir, radicalmente «desdiosada».

¿Por qué precisamente un MIÉRCOLES?. Se trata del tercer día de la semana, denominación precedente del «dies Mercurii», del idioma del Lacio -región central italiana-, con literarios recuerdos y agradecimientos piadosos al «dios Mercurio -«Hermes» en griego- , figura simbólica de la prosperidad, del «buen viaje» de los difuntos hacia el » más allá» y personificación del bíblico pastor bueno, cuidadoso y amable.

 

 

Las ideas de tan decisiva influencia en las relaciones humanas, sobre fundamentos de la convivencia y la ciudadanía, les fueron encomendadas culturalmente al dios Mercurio, atribuyéndosele elocuencia, versatilidad, expresividad, destreza y amistad. El aditamento, tan valioso como decisivo, de representarlo con alas en sus pies, hacerlo inventor de la lira, promotor del comercio y de la comunicación, colocan a su día predilecto -el «miércoles»- en centro y eje de creencias y actividades francamente humanas y, por tanto, sacralizables de por sí, ante Dios y ante el prójimo.

El misterio -la fe- del dio Mercurio lo acrecienta el dato de que el planeta que porta su nombre es difícil de ser observado en Europa – de doce a dieciocho horas al año- , su atrevida cercanía del sol, su fugacidad y la condición ambigua de su color azul-celeste.

Respecto a la CENIZA que apoda y apodera nuestro «Miércoles» cuaresmal, y que en la actualidad se coloca en la cabeza de los hombres y en la frente de las mujeres, se hacen indispensables algunas correcciones ascéticas acerca de la interpretación catequística de signo tan sagrado. Es imprescindible y urgente advertir que, además de signo perecedero de toda forma terrestre, la ceniza –«aquello que queda cuando el fuego lo ha consumido todo»-, según muchas culturas venerables antiguas, es y contiene en forma concentrada todas las fuerzas de cuanto fuera quemado.

 

 

Por tanto, en cristiano, la ceniza es fuerza, espíritu, vida, proyecto, síntesis y realidad de futuro. Es esperanza. Y resurrección. Renovación y conversión propia y ajena. De todo lo nuestro y de lo de los demás. Es comunión. Renacimiento. La ceniza es purificación. Posee virtudes detergentes y purificadoras. Sentarse sobre la ceniza y revolcarse en ella, también fue, y es, expresión de duelo, en no pocas culturas.

Por tanto, quede meridianamente claro que a los ojos de la Iglesia, la ceniza no es un símbolo de humildad – -«andar en saco y ceniza»- duelo y arrepentimiento, sino también, y sobre todo, la ceniza es, por la conversión que entraña, esperanza de una vida nueva. El Fénix –«Ave del Paraíso»-, que recolecta hierbas y muere encima del altar de Helióñpolis, resucita tres días después, de sus propias cenizas, con plumaje dorado o m multicolor, por lo que con razón los mismos santos Padres de la Iglesia consideraron esta ave como símbolo del alma inmortal y de la resurrección de Cristo.. Algo similar pensó la piedad popular acerca de las golondrinas, elaboradoras de sus nidos precisamente con los elementos procedentes de las cenizas…

La sagrada Cuaresma, a la que se entra por las puertas del misterio del Miércoles de Ceniza, no habrá de definirse litúrgicamente, ni en exclusiva ni fundamentalmente, por las ideas de la aflicción y de la penitencia, que ya entre los judíos y los paganos se expresan cubriéndose la cabeza de ceniza y el áspero paño llamado cilicio, en conformidad con la fórmula «in cínere et cilicio»

Urge trabar por la renovación de la liturgia y por la correspondiente reeducación de sus símbolos, obra pendiente en la tarea que afronta el papa Francisco. Con cenizas, como otros tantos signos de destrucción y de muerte, no se construye la Iglesia, y menos a tan solo seis semanas de la Pascua.

Si ellas -las cenizas- fueran comprendidas. y administradas como fuerzas y gérmenes de resurrección y de vida, el futuro de la Iglesia estaría evangélicamente asegurado. Será cuestión de estudio, de atención y respeto a las exigencias de los tiempos nuevos, sin enervante ritualismos ni hábitos rudimentarios, contando siempre y activamente, con la gracia de Dios.

 

Autor

Jesús Bastante

Escritor, periodista y maratoniano. Es subdirector de Religión Digital.

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