III Conversaciones PPC sobre 'Sueño una Iglesia joven y para los jóvenes'

Osoro: «La sociedad ha cambiado y el que no lo entienda no tiene los instrumentos necesarios para acercarse a los jóvenes»

Juan María González-Anleo: "Desde hace 20 años, la Iglesia es la institución que menos confianza despierta entre los jóvenes"

Osoro: "La sociedad ha cambiado y el que no lo entienda no tiene los instrumentos necesarios para acercarse a los jóvenes"
Pedro Miguel García, Cardenal Osoro y Antonio Ávila

Antonio Ávila: "Tengo miedo a que intentemos acallar el Espíritu, que está abriendo caminos de renovación y de revolución en la Iglesia"

(José M. Vidal).- Sin jóvenes, las instituciones mueren, aunque tengan más de dos mil años. La Iglesia católica sabe que se ha quedado sin relevo en sus cuadros clericales y con cabezas plateadas en sus parroquias. Toca rejuvenecerse o morir. El Papa ha lanzado la voz de alarma desde Roma, convocando a un Sínodo, porque «sueña con una Iglesia joven y para los jóvenes». El problema, para apoyarlo en su revolución, es que muchos clérigos no han cambiado de chip y que los jóvenes millennials no están ni se les esperan en las parroquias católicas.

Con el objetivo de ahondar en la problemática relación eclesial con las nuevas generaciones, la Editorial PPC y el Instituto Superior de Pastoral de Madrid convocaron a unas 250 personas en las III Conversaciones PPC, que se celebraron en la Institución Teresiana, bajo el título ‘Sueño con una Iglesia joven y para los jóvenes. ¿Crisis en la transmisión de la fe?’.

En la mesa inaugural, el cardenal Osoro, arzobispo de Madrid, el director de PPC-España, Pedro Miguel García, y el director del Instituto Superior de Pastoral, Antonio Ávila, que, tras las palabras de agradecimiento y bienvenida del director de la editorial religiosa, recordó que su Instituto nació en la estela de la recepción del Concilio y a ella se mantuvo siempre fiel, «con momentos fáciles y otros, difíciles».

Y en la misma senda continúa. Porque, según Antonio Ávila, «estamos, ahora mismo, en la tercera recepción del Vaticano II de la mano del Papa Francisco y del Sínodo de los jóvenes». Un sínodo que le da un poco de miedo al profesor, «porque en él nos jugamos el futuro de la Iglesia», dado que tendrá que responder a esta cuestión fundamental: «¿Está o no está roto el hilo de la transmisión de la fe?».

Según el director del ISP, «llevamos años soñando con una Iglesia rejuvenecida, libre y abierta», pero «partimos de una Iglesia clerical, envejecida y agarrada a una institución que se desmorona». Hay que «atraverse no sólo a soñar, sino a poner en marcha la Iglesia joven y para los jóvenes, que quiere el Papa». Y de ahí el miedo del teólogo a que «intentemos acallar el Espíritu, que está abriendo caminos de renovación y de revolución e la Iglesia».

Experto en pastoral juvenil, el cardenal Osoro se mostró preocupado, pero un poco más optimista que Antonio Ávila, en su diagnóstico sobre la situación de la juventud en la Iglesia. La juventud fue una de sus grandes preocupaciones vitales, desde que comenzó a ocuparse de los jóvenes en Torrelavega, con la famosa asociación juvenil ‘La Pajarera’. Ya entonces, Osoro «notaba que se estaba rompiendo la transmisión de la fe».

Por eso, convenció a su obispo, monseñor Del Val, a que se reuniese con los jóvenes una vez al mes» y, luego, ya de obispo, lo comenzó a hacer él. Primero en Orense, después, en Oviedo, a continuación en Valencia y, ahora, en Madrid. En la capital, lidera dos iniciativas juveniles: la vigilia mensual con los jóvenes los primeros viernes de cada mes y el Parlamento de la Juventud.

«Los Parlamentos de la juventud han sido un éxito de participación, de reflexión y de conclusiones». Tanto es así que, como miembro que es del Secretariado del Sínodo, Osoro lo comentará en la reunión que se va a celebrar en Roma los próximos días 6 y 7 de mayo.

El cardenal contará en Roma, porque está convencido de ello, que «hay que escuchar a los jóvenes de verdad, en todos los caminos, para saber qué quieren y qué sienten». Y escucharlos con corazón, porque «nuestro corazón es como un brújula, que busca donde orientarse y se orienta siempre hacia lo que ama».

Conectar con los jóvenes desde el corazón y saliendo a su encuentro, asumiendo los riesgos que eso conlleva. Porque «el que se asoma a la ventana y la abre corre el riesgo de que le dé un aire, pero hay que ser valientes y hacerlo». Y es que la Iglesia «tiene que servir a todos los hombres, sin excepción, a los que creen, a los que no y a los que están dudando», en una especie de «ejercicio de gimnasio del diálogo».

Se trata, según Osoro, de plasmar en la pastoral juvenil las tres tareas esenciales que el ISP viene haciendo desde hace mucho tiempo: «Dar conocimientos, entregar modos de hacer y de vivir y mostrar valores universales capaces de construir un mundo de hermanos».

Para el cardenal, «los jóvenes necesitan maestros, pero maestros que no impongan, sino que den la mano y libertad para caminar». Y también necesitan «artistas de la comunicación, que no buscan ideologizar sino cuestionar y dejarse cuestionar». O dicho de otro modo, «los jóvenes necesitan maestros fiables, con paciencia, humildad, ternura y con el método socrático del diálogo y de las preguntas y respuestas».

Por eso, el arzobispo d Madrid terminaba su saludo, preguntándose: «¿Crisis en la transmisión de la fe o crisis de maestros sabios, en este momento de cambio de época?». Porque, a su juicio, «estamos ante un cambio de época y el que no lo entienda no tiene los instrumentos necesarios para acercarse a los jóvenes».

La generación del banco vacío

El sociólogo Juan María González-Anleo, hijo del también añorado sociólogo Juan González-Anleo, puso datos, caras y carne al tema, en un análisis de la realidad brillante, profundo y pedagógico. Con estilo, con soltura, sin medias palabras y con absoluto conocimiento de causa, no en vano, se dedica a la sociología de los jóvenes desde hace ya años.

El sociólogo, coautor del informe de la Fundación SM ‘Jóvenes españoles entre dos siglos (1984-2017’, comenzó su disertación preguntándose si «hay crisis de valores en los jóvenes». Una pregunta a la que, a su juicio, hay que responder desde «el descalabro de las grandes utopías (comunismo y fascismo), el modelo desacralizador y el relativismo cultural».

A su juicio, sin embargo, «hay sed de valores en los jóvenes», una sed que no recibe respuesta por parte de los adultos, pero ellos los buscan sobre todo en la libertad-autonomía, en la rebeldía, en el pragmatismo y en la amistad. O en las «religiones de sustitución», como el consumo o la salud.

Otra característica de la juventud, según González-Anleo, es la «deserción social». Por eso, Spielberg los llama «la generación de los desaparecidos» o de los turistas sociales, como dice Bauman. Y la ‘generación del banco vacío’.

En la cima de sus valores, los jóvenes sitúan a la familia, con la que ya no hay ruptura, como en los años 80, sino que consideran que son familias democráticas, en las que «se hace todo lo que sea necesario para no discutir con los jóvenes». O lo que otros llaman «hotel mamá: sábans limpias, ttrs comidas, cariño y postre». Pero, aún así, «la familia es lo único por los que los jóvenes darían la vida».

Apasionados de su libertad y de su autonomía, los jóvenes, sobre todo en España, lo que más desean es comprar un coche, porque «es el primer apartamento, su espacio vital fundamental», al igual que los tatuajes con los que «marcan su propio cuerpo como propiedad privada». De ahí el lema «curas y jueces fuera de mi cuerpo». Es decir, «su cuerpo es su capital social, en el que ni los padres se meten».

Jóvenes, según el sociólogo, rebeldes de boquilla, porque «la norma hoy en día es estar fuera de la norma», pero la verdad es que «no se rebelan ni en casa ni en la calle, aunque les estén robando su futuro».

Jóvenes pragmáticos, convencidos de que «de nada sirve creer en cosas que no te resuelven problemas concretos». Y, por supuesto, jóvenes en estampida institucional, que desconfían de las instituciones, especialmente de la Iglesia católica.

«Desde hace 20 años, la Iglesia es la institución que menos confianza despierta entre los jóvenes», explica Juan María y dice que, cuando se lo comentó a su padre, se le saltaron las lágrimas.

Desconfían de las instituciones y se desenganchan de la política, quizás porque «sienten que las sociedades europeas les están abandonando». «¿Qué institución se ha partido la cara por los jóvenes durante esta crisis?», se preguntó el sociólogo.

Parece evidente que la Iglesia no lo hizo y, además, si realmente, ahora, quiere ponerse a la escucha de los jóvenes, tiene que hacerlo de verdad. «No vale decir, que vengan los jóvenes, nos cuenten y, a los treinta segundos, ya les estamos dando respuestas, consejos y pautas de actuación».

Para González-Anleo, las instituciones no sólo tienen que escuchar, sino también educar en valores, algo que, en estos momentos nadie hace. «Porque la política le pasa la pelota a la familia, ésta a los profesores y éstos a lo medios. ¿Quiénes están educando? Los ‘realinfluencers’. El Rubius es el que está educando a nuestros jóvenes». Y las nuevas tecnologías digitales, que «son las nuevas drogas».

En cuanto a la religión católica, si quiere conectar con los jóvenes de le ‘generación clic’, tiene que «desprenderse de su mensaje opaco, que no llega» y «lanzar mensajes de sentido y de salvación», concluyó González-Anleo.

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Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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