El arzobispo de Santiago advierte de "la descristianización y el deterioro moral"

Julián Barrio: «La Iglesia no puede replegarse frente a quienes solo ven confusión, peligros o amenazas»

El prelado denuncia los "ideologismos gastados y las agresiones irresponsables" en el Día de Santiago

Julián Barrio: "La Iglesia no puede replegarse frente a quienes solo ven confusión, peligros o amenazas"
El arzobispo de Santiago advierte de “la descristianización y el deterioro moral” en la fiesta de Santiago Efe

La camisa de fuerza de nuestros prejuicios impide reconocer a Dios, que cuida de sus criatura y hace salir el sol para todos, buenos y malos

(Jesús Bastante).- «La Iglesia no puede replegarse frente a quienes solo ven confusión, peligros o amenazas, o de quienes pretenden cubrir la variedad y complejidad de situaciones con una capa de ideologismos gastados o de agresiones irresponsables«. El arzobispo de Compostela, Julián Barrio, presidió esta mañana la tradicional fiesta del Apóstol Santiago.

La catedral de Santiago vestía sus mejores galas, con un Pórtico de Gloria, en todo su esplendor después de una década de restauración, que acogía la entrada procesional de la Misa Mayor. La belleza del atrio creado por el Maestro Mateo se acrecentaba por las policromías, la limpieza de sus imágenes y la fachada de la plaza del Obradoiro, también restaurada.

Barrio estuvo flanqueado por el cardenal Rodríguez Maradiaga, así como por una docena de obispos. Estaba prevista la asistencia del cardenal Rouco, quien finalmente no pudo asistir.

El presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, acompañó al presidente del Parlamento de Galicia, Miguel Ángel Santaelices, responsable de la Ofrenda Nacional. Como viene siendo habitual, el alcalde Martiño Noriega (En Marea) no asistió a la ceremonia al entender que se trataba de un acto exclusivamente religioso. Una tradición que se celebra desde 1643.

En su invocación a Santiago, Santaelices recordó la restauración del Pórtico, «la Capilla Sixtina de Galicia» y abogó po una España donde «la diversidad ideológica, cultural, religiosa o de género sean siempre factores de encuentro y no de enfrentamiento», y una «España en la que todos tengamos los mismos derechos».

 

 

Julián Barrio, junto al delegado regio

En su respuesta, Julián Barrio recalcó que «el amor de Cristo nos urge a transmitir la alegría del Evangelio, que llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con él», como se contempla en la cara sonriente del Apóstol, que acoge a los peregrinos desde el recién restaurado Pórtico.

«La vocación del ser humano a la esperanza no es absurda sino razonable y realizable», destacó el arzobispo, quien insistió en que «Jesucristo resucitado es la razón de nuestra esperanza, realizable por el poder y la gracia de Dios».

El arzobispo defendió la «osadía» de la fe en mitad de «un mundo que parece ser todo obra humana, y no nos deja ver la presencia de Dios creador y padre». Así, advirtió que «la descristianización y el deterioro moral están generando un cambio cultural, en el que nos vemos invadidos por un modo de vida en el que la referencia a Dios es considerada como una deficiencia en la madurez intelectual y en el pleno ejercicio de la libertad».

Por ello, añadió, «hay que obedecer a Dios antes que los hombres«. «Los católicos debemos vivir la misión de anunciar el nombre y las promesas de Dios como fuentes de vida y salvación, convencidos de que a pesar de nuestras propias debilidades, la propuesta cristiana nunca envejece, y no es un espectáculo, sino entrega en la vida en la cruz».

Porque «la cruz forma parte de nuestra vida», la Iglesia «no puede replegarse frente a quienes solo ven confusión, peligros o amenazas, o de quienes pretenden cubrir la variedad y complejidad de situaciones con una capa de ideologismos gastados o de agresiones irresponsables. Las fuerzas vienen de Dios, no de las vasijas de barro, que somos nosotros».

De este modo, Barrio aludió a la necesidad de «manifestar nuestra identidad cristiana, con coherencia y responsabilidad. Estamos necesitados de verdad y de libertad».

Al tiempo, el arzobispo compostelano recordó que «nuestra sociedad es muestra de la fecundidad cultural y social de cristianismo, que ha favorecido la paz, la concordia, la justicia y la caridad», aunque «la camisa de fuerza de nuestros prejuicios impida reconocer a Dios, que cuida de sus criatura y hace salir el sol para todos, buenos y malos».

Aludiendo, sin citarla, a la eutanasia, Barrio, subrayó «el valor inmenso de la persona enferma», que «ha de encontrar una respuesta hecha de respeto, comprensión y ternura. El valor sagrado de la vida del enfermo no se oscurece nunca, sino que brilla con más esplendor en su sufrimiento».

«La esperanza cristiana no favorece un falso espiritualismo, ni nos lleva a menospreciar las cosas de la Tierra», concluyó el prelado, insistiendo en que «el cristiano está en condiciones de ser dueño, y no esclavo, de las cosas de este mundo, adquiriendo una libertad nueva para el amor y la fraternidad».

Finalmente, Barrio pidió al Apóstol por el Papa y la Iglesia española, los distintos pueblos de nuestro país y, especialmente, por los fallecidos, ahora hace cinco años, en la tragedia de Angrois.

 


Autor

Jesús Bastante

Escritor, periodista y maratoniano. Es subdirector de Religión Digital.

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