Antonio Aradillas

¿Murió Franco?

Aquel día el cardenal Tarancón dirigió a "todos los españoles de buena voluntad" un llamaiento a la reflexión

¿Murió Franco?
Antonio Aradillas

Tarancón: ...España es hoy un país joven moderno y lleno de vida, profundamente impregnado de ideales de igualdad civil y de justicia social en el que siguen sustancialmente presentes los valores de nuestra concepción cristiana...

(Antonio Aradillas).- «Al llegar para mí la hora de rendir la vida ante el Altísimo y comparecer ante su inapelable juicio, pido a Dios que me acoja benigno en su presencia, pues quise vivir y morir como católico. En el nombre de Cristo, me honro y ha sido mi voluntad constante, ser hijo fiel de la Iglesia y en su seno voy a morir…Quisiera, en mi último momento, unir los nombres de Dios y de España y abrazaros a todos…». Estas palabras son del último mensaje de Franco a los españoles, escrito personalmente por él en los primeros días de la enfermedad que lo llevó a la tumba.

Entre unas cosas y otras, «por fas o por nefas», se está dando la impresión informativa de que Franco-Franco no murió del todo o ha resucitado. Los textos siguientes contribuirán a centrar mejor el tema en el contexto de la historia, y a la luz de la eclesiología jerárquica del Nacional Catolicismo imperante.

En la madrugada del 20 de noviembre del año del Señor 1974, murió Franco «después de una larga y dolorosa enfermedad, soportada con altas calidades de dignidad humana y de resignación cristiana», según las publicaciones más cercanas a la jerarquía eclesiástica, como la revista «Ecclesia».

Toda la prensa divulgó en grandes titulares los textos de los telegramas. Su Santidad Pablo VI, expresó así su condolencia a don Alejandro Rodríguez de Valcárcel, presidente del Consejo de Regencia, uno de cuyos miembros era el arzobispo de Zaragoza, Mons. Cantero Cuadrado: «En el momento en el que el Generalísimo Francisco Franco Bahamonde es llamado a la eternidad, queremos expresar al Consejo del Reino y al pueblo español, nuestros sentimientos de profunda congoja, mientras ofrecemos fervientes sufragios por el eterno descanso de su alma e invocamos sobre esa amada nación copiosas bendiciones divinas en señal de concordia y de progreso cristianos».

El Episcopado español envió el siguiente telegrama a S.A.R. el Príncipe de España: «La Comisión Permanente del Episcopado reunida hoy, expresa a S.A. condolencia en muerte Jefe de Estado. Ofrece oraciones por su alma y para que el Señor ilumine S.A. en el cumplimiento altísima misión en el servicio de la patria» (Cardenal Tarancón, Presidente). El texto del enviado a la Excma. Señora doña Carmen Polo de Franco, es este: «Unidos a su dolor, los obispos de la Comisión Permanente exprésanle su condolencia y ofrecen oraciones por eterno descanso su querido esposo nuestro Jefe de Estado y para que el Señor ayude y conforte a vuestra Excelencia y familia, bendícela cardenal Tarancón, Presidente».

Poco después de conocerse la noticia de la muerte de Franco, el mismo Cardenal Tarancón, como Presidente de la Conferencia Episcopal, dirigió a «todos los españoles de buena voluntad», la nota siguiente: «En estos comentos históricos para nuestra patria creo servir mi deber pastoral convocando una vez más un múltiple esfuerzo cristiano de oración, reflexión y esperanza. «Oración» por quien durante tantos años ha regido los destinos de nuestro país y ha llegado hoy a las dulces manos de Dios. Que el Señor premie su total entrega al servicio de la patria y a nosotros nos conceda luz para reconocer, mejorar y hace fecundo cuanto de positivo se ha logrado durante estos años en nuestra querida España».

«Reflexión», porque la desaparición de nuestro Jefe de Estado nos apremia a la más clara afirmación de los lazos que deben unirnos a todos los españoles para superar, sobre todo en estas horas cualquier causa de discrepancia entre hermanos, en pos de armoniosa, libre y respetuosa convivencia».»Hacemos un llamamiento especial a todos los pueblos que más puedan hacer ahora por la paz: que quienes posean mayor poder, bienes económicos, prestigio social y cultural e influencia en la opinión pública pongan todos estos dones recibidos de Dios al servicio de la comunidad, y especialmente de aquellos que más carecen de estas mismas posibilidades».

«Esperanza» también como cristianos y como ciudadanos españoles, llenos de vida. Esperanza, porque España es hoy un país joven moderno y lleno de vida, profundamente impregnado de ideales de igualdad civil y de justicia social en el que siguen sustancialmente presentes los valores de nuestra concepción cristiana. El caudal que mueve esta esperanza es mucho más poderoso que la preocupación que puedan suscitarnos los problemas que hemos de afrontar en esta hora. A esta oración, reflexión y esperanza convoca la Iglesia de España, solidaria con los problemas de su patria e identificada con las inquietudes de cada uno de sus fieles».

Aún sin dejar de reconocer todos y cada uno de los «méritos» y «deméritos» expresados y cantados en el vulgar ripio -«palabra que se emplea en un verso para conseguir la rima»-, jamás fue, ni es, posible llegar a entender el sentido veraz del borreguil, masivo, sinuoso y forzado eslogan de «Tarancón al paredón».

Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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