CON LA IGLESIA HEMOS TOPADO

Víctimas del terrorismo recriminan a la Iglesia vasca su ‘cobardía’ frente a los asesinos etarras

Víctimas del terrorismo recriminan a la Iglesia vasca su 'cobardía' frente a los asesinos etarras
El siniestro obispo Setién y un guardia civil y su hija, víctimas de un atentado de ETA. EP

Hay pocas expresiones tan españolas como esa de «con la iglesia hemos topado«. Procede de un pasaje de Don Quijote de la Mancha y se usa para expresar lo inconveniente de que en los asuntos propios se mezclen los obispos o los curas y por extensión, de cualquier autoridad ‘incompetente‘ (Que marque la ‘X’ de la Iglesia en la declaración de la Renta el obispo de Gerona).

Con la Iglesia topamos los españoles en el País Vasco, cuando monseñor Setién, afortunadamente ya en el infierno, y muchos de su cuerda, apoyaban el crimen, la extorsión y el espanto de ETA (Alfonso Ussía incendia la COPE por el trato piadoso hacia el fallecido monseñor Setién, el amigo de los etarras).

Y con la Iglesia estamos topando en Cataluña, con el obispo de Solsona y muchos xenófobos y sectarios como él. Tanto, que desde estas páginas hemos propuesto que la cruz para la Iglesia que aparece en la declaración de la renta, la marquen a partir de ahora Anna Gabriel, Willy Toledo, Gabriell Rufián y Arnaldo Otegi y otros zarrapastrosos (Marhuenda arremete contra el obispo golpista de Solsona: «Que la iglesia catalana la financien Anna Gabriel y la CUP»).

Viene esto a propósito de lo ocurrido, el pasado 13 de marzo de 2019, en las jornadas «La Iglesia ante la violencia de ETA» organizadas en Vitoria por la pastoral universitaria en colaboración con la UPV/EHU (El obispo emérito de San Sebastián se olvida del miserable Setién: «La condena de la Iglesia a ETA fue excesivamente escueta» ).

Allí, Maite Fuertes y Pilar Aramburo, cofundadoras de las asociaciones Gesto por la Paz y ¡Libertad Ya!, recriminaron en voz alta a la jerarquía de la Iglesia vasca su «cobardía» frente a ETA y su desapego hacia las víctimas del terrorismo:

«Ha sido muy fría e ignorante con el sufrimiento».

En un coloquio en el que también intervinieron los sacerdotes y teólogos Félix Placer y Ángel María Unzueta, Fuertes lamentó que ante ETA «la sociedad vasca fue en su mayoría cobarde», pero más aún lo fue la jerarquía de una Iglesia a la que bajo su punto de vista le faltó «valentía».

Recordó que, cuando los siete miembros fundadores de Gesto por la Paz fueron a pedir ayuda al obispo de Bilbao Luis María Larrea para la primera manifestación de este colectivo en 1988 obtuvieron «tres noes».

Denunció que ninguna de las víctimas con las que se entrevistó dijo haber recibido apoyo alguno de la «Iglesia-jerarquía», que bajo su parecer brindó una ayuda «escasa» a los que padecieron la violencia de ETA.

Entre otros, Fuertes hizo mención a la «indiferencia» del obispo emérito de San Sebastián José María Setién ante los concentrados que pedían la libertad del empresario José María Aldaya, secuestrado por la banda. También recordó la mínima contribución de la Iglesia ante las amenazas que recibió un sacerdote de Maruri.

«La Iglesia vasca ha sido cobarde a la hora de estar con la víctimas de ETA, pero esto a mí me hizo reafirmar mi fe en Cristo que siempre nos dice que estemos con quienes sufren».

En la misma línea, la confundadora de ¡Libertad Ya!, Pilar Aramburo, incidió en que jamás tuvo duda de estar con las víctimas en los años de plomo.

«Mataron a muchos vecinos míos y no se puede cobijar desde ningún marcó -manifestó-. La enfermedad se inyectó en la sociedad y sigue aún vigente».

Aramburo destacó a su vez que ETA ha sido «tan cruel» que no tiene ninguna justificación, de forma que no se puede «cobijar» en la reivindicación de Euskal Herria.

 «Una ensoñación bonita pero que no existe ni ha existido».

Paz sin violencia

Algo menos contundente se mostró el sacerdote Félix Placer, miembro de Herria 2000, que aseveró que la Iglesia vasca ha apoyado la importancia de los «derechos colectivos de Euskal Herria, su autodeterminación y territorialidad» como la «mejor respuesta» a la violencia etarra y al «conflicto en general».

A su juicio, el colectivo «ejerció, practicó y promovió todo un proceso muy interesante de respuesta» a la actuación de ETA con el objetivo de «buscar una paz sin violencia».

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